Guerrero: El curioso caso del periodismo que se suicidó.

Guerrero, un estado del sur del país; que fue revolucionario y heroico históricamente. Ese Guerrero que hoy es atacado por su propia gente y por sus propios medios. El Guerrero en el que el periodismo serio, ético y profesional se ha suicidado. Y planteo ‘se ha suicidado’, porque por cuenta propia se ha perdido la credibilidad, siendo cómplices de la violencia al propagar eso que se denomina ‘narcoterrorismo’.

Al no existir filtros, han abusado de su derecho al discurso público, desplegando terror, porque si bien existe la violencia, se ha aumentado la paranoia al ver exactamente lo mismo en todos los medios existentes ¿Es acaso que en Guerrero no existen periodistas que logren informar con palabras contundentes e información veraz, pero sin sanguinarias fotografías o sin encabezados amarillistas y distorcionados?

Esta clase de noticias dan la impresión de que quienes ejercen esta labor, solamente lo hacen de forma posada. Les hace sentir que tienen en sus letras el poder de desacreditar a quien simplemente no les agrade, no les pague o pretenda ponerlos en su lugar. Así de serio es el periodismo en Guerrero. Más difícil aún, resulta analizar nuestro contexto cuando nos damos cuenta que lo que genera una nota no es un suceso, sino algo relatado en Twitter o Facebook. Incluso un video de Youtube se vuelve nota, no por el hecho en sí, sino por aquello de volverse viral. No perdamos de vista que no es lo mismo opinar que analizar; y mientras el público opte por informarse a través de medios digitales que no corroboran datos y solamente opinan desde una postura particular o de interés, estaremos cada vez más lejos de tomarnos en serio como sociedad.

Poco queda pues, del periodismo analítico que planteaba interrogantes al lector, de modo tal, que le hiciera formarse una opinión propia o indagar más acerca de lo que leía. Poca es ya, la gente que con criterio y objetividad lee prensa impresa o digital. Son espectadores visuales y no analíticos. La prensa ya no pretende informar sino alimentar el morbo que sólo logra saciar una fotografía explícita y un titular amarillista. El público se satura de información que fluye a raudales, perdiendo el rumbo y difuminando el contexto en el que acontece.

Escasos son los medios que ejercen un periodismo que corrobora y verifica, que contrasta, medios con creaciones auténticas, con palabras propias y no retomadas de algún medio nacional o internacional; ya no producen pues, sino que ‘reproducen’. Si nos pusiéramos estrictos, podríamos llamarle plagio.

Hoy día, la prensa guerrerense ha caído incluso, en ejercer otro modelo que bien podría llamarse deformativo en lugar de informativo: el periodismo difamatorio. Ese que ataca, que promueve la desinformación y no el análisis, ese que no informa sino que pretende imponer su visión de lo que particularmente consideran que es noticia, argumentando que son artículos de opinión. Cualquiera que sepa utilizar un teclado se autoproclama periodista y defensor de la verdad, pero ninguno reconoce que aquello a lo que llaman “verdad” es sólo la postura que basada en conveniencia a sus intereses.

Escudada en la frase “Por tu derecho a saber y por mi derecho a informar”, han banalizado la labor periodística. Haciendo de ella un circo que en lugar de animales, explota la memoria de las víctimas del crimen y la reputación de personas, convirtiéndolas en el espectáculo del día, un espectáculo por el que cobran porque no tienen otra cosa que ofertar.

La libertad de prensa es un derecho fundamental, pero también es una realidad que esa libertad de expresión incluye ahora insultos, ofensas, datos falsos, un implacable afán por vender a costa de lo que sea sin importar a quién utilicen para hacerlo. Si bien es cierto que están en pleno derecho de proporcionar información, a lo que no tienen derecho es a promover inclusive, el odio. Y quien se atreva o aventure a pretender regular la prensa, se expone al ataque abierto y público. No nos confundamos, no es censura, es mesura y sentido común. Una cosa es buscar un encabezado llamativo y otra atraer al público a través de encabezados que parecen sacados del guión de una película de Tarantino; llenos de sangre y en tono sarcástico.

La prensa en Guerrero se ha suicidado, ha llegado a su ocaso. No ha sido víctima del crimen organizado, al contrario, se han convertido en cómplices; mientras un bando extingue la vida de las personas, la prensa se encarga de hacer dinero a costa de su muerte. Y no se pretende que no se publique la nota roja, pero pudiera ser de carácter más profesional; convirtiendo la noticia en información y no en una fotografía que mañana será sustituida por otra, que en lo posible, será elegida por ser aún más sanguinaria y revictimizante. Porque no importa quién haya sido esa persona, sino cómo murió ¿fue torturada? ¿fue mutilada? ¿estaba en una bolsa o expuesta a la carroña? Y cuando se menciona a la carroña no se hace referencia a los animales, sino a la prensa amarillista; aunque ya es difícil distinguir entre una prensa seria y una que forma parte del montón, esa que no difumina imágenes sino que las resalta, pone más color y las coloca en primera plana. La plana en la que la prensa está acabando consigo misma.

A la prensa en Guerrero le hace falta profesionalismo y sentido humano, ese valor perdido llamado empatía. Recordemos que ser un medio legal, no es lo mismo que ser ‘ético’. Pero casi se nos olvida, que la ética no vende. El amarillismo sí.