Juan Gabriel, el divo transgresor que domesticó al macho mexicano

“Juan Gabriel logró ser nuestro pastor sentimental, no sólo eso, logró transformar la manera en que amamos.”
Por A. Lotha

No hay manera de exagerar lo de Juan Gabriel. Se ha ido el más grande. Juan Gabriel logró ser nuestro pastor sentimental, no sólo eso, logró transformar la manera en que amamos. Carlos Monsiváis, dijo que se trataba de una institución nacional (yo pienso que ya quisiera una sola de nuestras pinches instituciones tener esa fuerza y genialidad). No solo fue el más grande compositor sino un poeta en toda su dimensión, descansa allí con Sor Juana. Verbalizó e inventó nuestra manera de sentir, como dice Víctor Altamirano, “en medio del desamor, el yo lírico de las canciones de Juan Gabriel no es desafiante, no condena, sino que, por el contrario, sufre y se resigna”.

En Escenas de pudor y liviandad, Monsivaís lo comparó con Novo: “A los dos, una sociedad los eligió para encumbrarlos a través del linchamiento verbal y la admiración. Las víctimas consagradas. Los marginados en el centro.”

Los suyos no eran simples conciertos, eran experiencias religiosas, místicas, comunitarias; sus letras no eran canciones sino himnos. El público se rendía a sus pies para inmolarse frente al ídolo. Esta loca descomunal, fabulosa, llevó a cuestas el imaginario popular de un pueblo de machos y los domesticó. Será complicado reconocernos sin él, aún con sus excéntricos covers y jingles políticos, era nuestro espejo. Sus letras crearon estrellas que jamás hubiesen brillado con ese lustre. Inspiró a músicos, escritores y cineastas; sobre todo nos inspiró en la vida diaria y nos curó el desamor, cosa no menor en esta patria desahuciada.

Lo que uno termina amando inexorablemente de Juan Gabriel es lo transgresivo. Transgrede el sistema de clases, la moda, la estética, la mediocridad en el arte de cantautores sobrevalorados y melosos; al macho mexicano. Trasvistió el orden y nuestro mundo por completo.

Venció a Lecumberri, a Hacienda; nos venció a todos y ganó nuestros corazones sin renunciar a lo que era. 
Solo faltó que transgrediera la gravedad, y que cuando caía del escenario en ese paso fallido flotara sobre todos y se encumbrara como el Divo que fue. Hoy lo logró, también venció a la muerte.

“Amor eterno e inolvidable…”