Lo mejor fue escribirte frente al mar

Embriágame con tu espuma sabor a sal. Relájame, relájate e imprégname de tu salvaje belleza natural. Ese majestuoso azul que te hace sentir libre por primera vez.
Por: Lola Soledad.

Embriágame con tu espuma sabor a sal. Relájame, relájate e imprégname de tu salvaje belleza natural. Ese majestuoso azul que te hace sentir libre por primera vez. Llévame a nadar al fondo de un riachuelo primordial, donde ya no quiera regresar a la ciudad. Cógeme entre tu oleaje sereno y enjuágame en tu embalaje de marea cálida.

Melodía sureña que irradias al estallar tus brocas con la arena y el mar. Viento susurrando al atardecer: quédate, quédate en mí, levantándome con tu humedad hilarante.

Pequeños huecos y saliendo cangrejos, despojados de preocupaciones y a la vez temerosos de ser atrapados, caminan repentinamente hacia atrás. A lo lejos se ven tus llanuras en curva, con el vértigo recorrido hasta que se te gaste el alma y se te empapen de agua los pies.

Sobresaltar el corazón del mar, en el fondo del océano, en la claridad tan ambigua, sentirlo muy adentro, como si se estuviera consumiendo con sus aguas al ocultarse el sol. Veo mis pies tambaleándose frente a ti, cuando se entierran tus andares celestiales y llenos de arenas, con colitas felices e inquietas, incesantes también de amar.

Caribeña de pies a cabeza, sureña en tu contraste y ese brillo lunar que desprendiste al pasar por la orilla de tu destino. Ángeles sobre tus ojos furiosos, alardeas a cuanto desdén de pongan en frente. Deberíamos temerte pero es todo lo contrario. Con tus olas podemos elevarnos a grandes alturas inimaginables y sentirnos parte de ti, parte de tu ser a todas horas y en cualquier día. Eres como el Amazonas sin rumbo ni credulidad, cambias de parecer cada que se te da la gana y con ello podemos observar lo grande que eres y las grandezas que con ello nos das.