NO TODO ESTÁ PERDIDO

Por: Al Azif

Me enorgullezco de provenir de una familia con tradición educativa y tener grandes amigos, expertos en educación, con una amplia trayectoria nacional, verdaderos luchadores sociales, docentes comprometidos, servidores públicos valiosos, quienes me regalaron su luz y su experiencia través de los años.

Para iniciar quiero pedirles un gran favor: crean lo que les digo en las siguientes líneas. Conozco muy bien el estado de Guerrero y las condiciones en las que vive su gente. Créame que conozco todas las regiones y muchos pueblos y ciudades guerrerenses. Mi trabajo me dio la hermosa oportunidad de vivir casi tres años viajando por toda la geografía de la entidad, llevando servicios educativos a los puntos más alejados: largas horas de caminos de terracería, atravesar ríos, caminar por veredas; utilizar lanchas, cuatrimotos y lomo bestias para llegar al destino; polvo, hermosos paisajes, inolvidables amaneceres, gente excepcional; de todo vi y viví en esta experiencia de vida. Este ejercicio profesional también me permitió dar fe y cuenta de la pobreza, la marginación, la insalubridad, la improductividad, y la injusticia que impera en mi tierra.

Créame también que conozco de primera mano las condiciones en las que opera el sistema educativo guerrerense. Duele decirlo, pero triste realidad contemplaron mis ojos en muchas localidades y escuelas de todos los niveles educativos del estado, y en estas líneas hablaré de ello porque conozco bien el tema que me ocupa.

Sobra decir que la educación guerrerense está muerta, y no lo digo yo, lo demuestran las estadísticas, fríos números tal vez que a muchos no les gustan, pero retratan fehacientemente el abandono, la corrupción y la impunidad en el que subsiste uno de los basamentos de nuestra sociedad.

Y es que está de moda hablar de educación por las razones que le voy a comentar:

1. Porque hay maestros movilizados en una supuesta lucha social que, más que emancipar un movimiento que resultaría justo, lo hunden en el fango de la violación de los derechos de los demás ciudadanos y en el que se demuestra que poderoso caballero es don dinero. Por si fuera poco, tomaron un episodio doloroso de la historia nacional como bandera para reivindicar su movilización que solo busca intereses particulares.

2. Porque el que se dice presidente de la nación ha puesto como bandera de su gobierno, sospechosamente muy por encima de la reforma energética, a la mal llamada Reforma Educativa, que no es más que una reforma netamente laboral, y que supuestamente es una estrategia más para mover a México.

Seré claro: estoy de acuerdo en la urgencia de que se ponga en orden al sistema educativo; estoy completamente de acuerdo en eliminar el tráfico de plazas; en la eliminación de sindicatos que solo sangran al sistema y que se aprovechan de una supuesta defensa de los derechos de los trabajadores; estoy de acuerdo en la evaluación docente y en la profesionalización; en que se haga un examen para el ingreso y permanencia en el servicio. Estoy de acuerdo también con un reordenamiento de las oficinas centrales de la Secretaría de Educación Guerrero y sus ejércitos de comisionados que solo checan y se van o que van a la oficina a matar el tiempo. Estoy de acuerdo en descontar los días de salario a los maestros paristas y con faltas injustificadas porque es una falacia el hecho de que los maestros luchando también están enseñando; recuerden que por ley un determinado número de faltas injustificadas amerita un acta de abandono de empleo.

Este ejército improductivo de servidores públicos representa un verdadero lastre.

Y es que es simple estimados lectores, años y años, carretadas de dinero, personajes paladines de la educación y el progreso van y vienen, programas, promesas, demagogia y más demagogia, verborrea; y la educación en Guerrero sigue en los últimos lugares a nivel nacional en todos los aspectos.

Créame que no hay dinero o recurso que alcance para abatir los vicios arraigados. Maestros faltistas, funcionarios corruptos; directores, supervisores y jefes de sector complacientes e inoperantes, sindicatos podridos, gente sin escrúpulos y sociedad sin capacidad para participar de un cambio.

Sepa usted que un altísimo porcentaje de escuelas de Guerrero no cuentan con las condiciones básicas para prestar un servicio educativo. Muchas están dañadas por sismos y representan un alto riesgo; no han recibido mantenimiento en años, ni un foco ni una cubeta de pintura; las escuelas no cuentan con servicios sanitarios dignos, y muchas otras no tienen aulas ni mobiliario. El dinero simplemente no alcanza.

Sepa usted también que nuestras escuelas no tienen los insumos básicos para funcionar, las secundarias no tienen reactivos y material para sus laboratorios y talleres, los jardines de niños no tienen material didáctico, muchos docentes son analfabetas funcionales; y lo peor de todo es que un alto número de guerrerenses no tienen acceso a los servicios educativos, ya sea por vivir en comunidades alejadas y marginadas, porque no tienen recursos para alimentarse, o porque muchos otros prefieren enviar a los hijos a las faenas del campo en donde les pueden redituar unos cuantos pesos más para medio vivir, que mandarlos a la escuela.

Es importante agregar que hay maestros que no acuden a sus localidades, los factores son muchos: ya sea por la lejanía, porque no hay las condiciones para su desempeño, porque reina la inseguridad y los grupos criminales, o de plano porque eligieron la carrera de la docencia sin tener la vocación, sólo porque el papá o la mamá eran maestros y lo más que les pudieron heredar fueron sus plazas. Obvio es que los centros con mayor población están repletos de docentes y las comunidades marginadas carecen de ellos.

Es evidente que en el sur del país, los programas compensatorios y de apoyo a la educación han sido un verdadero fracaso. El invertir el 95% del presupuesto en salarios de los trabajadores administrativos y docentes, ha sido un sonoro, estrepitoso e histórico fracaso. Los gobiernos en turno nunca se preocuparon de evaluar realmente el impacto de los programas para que se pudiera corregir el camino, nunca existieron mecanismos fuertes para sacar del foso al sistema. Siempre lo he dicho: el problema de los buenos programas es la manera de ejecutarlos y quien los ejecuta.

Y ojalá pudiera usted darse una vuelta a las instituciones formadoras de docentes para que se dé cuenta del origen de uno más de los males del sector educativo: maestros pésimamente formados mismos que están a cargo de la educación de sus hijos. Desgraciadamente las camarillas que defienden supuestos derechos sindicales han invadidos a las instituciones, es realmente increíble el nivel de desgaste de las relaciones entre los maestros por luchas internas. Las sociedades estudiantiles se han apoderado también del control de las escuelas, manejados por quien sabe qué organización social y desconocen completamente a las autoridades escolares. Hasta la elección de un director genera paros, toma de edificios y protestas. Ojalá usted se pudiera dar cuenta de las carretadas de dinero que llegan a las normales, no sólo en programas, también en sueldos: estímulos, estímulos y más estímulos en donde no hay investigación, en donde los aportes son escasos o de poco valor. No es posible que un docente se pueda llevar más de trescientos mil pesos al año como un estímulo al desempeño docente, del cual no se ve ningún resultado real y satisfactorio, no hay impacto, y mucho menos una hay una forma de medirlo. Pero lo peor es que los resultados de la aplicación de exámenes para el ingreso al servicio docente demuestran que, del 100% de los alumnos egresados de las normales del estado, solo el 20% es apto para impartir clases. Ahí está también el resultado de las alumnocracias reinantes en las escuelas.

Obviamente que no todo es malo y que hay verdaderos maestros comprometidos y valiosos en estas instituciones.

Y hay muchos factores más estimado lector, pero la peor de las desgracias que le pudo ocurrir a la noble tarea de educar es que se haya contaminado de los virus del SNTE y la CETEG, su poder político solo ha causado daños irreparables carcomiendo las estructuras, obviamente en comparsa perfecta con autoridades blandengues y poco comprometidas. No es casualidad que las entidades en donde estos gérmenes se reproducen son los que peores indicadores educativos presentan. Mucho se les debe en la pérdida de respeto, credibilidad y honorabilidad del maestro.

Pero no voy a dejar de lado el aspecto de la “autoridad”. Obvio es que también, sin querer queriendo, se le ha olvidado al gobierno dotar de las herramientas básicas a las docentes e instituciones para el desarrollo de sus tareas: la pertinencia, oportunidad, calidad y equidad han sido olvidadas por los gobiernos en turno.

No olvidemos que los gobiernícolas han tenido también a los sindicatos como sus comparsas a la hora de las elecciones y para dar una cierta legitimidad a sus acciones. Estos organismos cobran muy bien los favores realizados. Por desgracia los trabajadores de la educación solo sirven de carne de cañón. Recuerden que es bueno para el poder mantener a un pueblo ignorante porque es maleable.

Por último, no creo que la evaluación docente propuesta por el que se dice presidente de los mexicanos, sea equitativa bajo las condiciones antes expuestas. No creo que sea justo evaluar en las mismas condiciones a un docente de Acapulco, con el 100% de sobresueldo, que a un docente que labora en el municipio de José Joaquín de Herrera, en una centro de trabajo sin infraestructura y que atiende a los seis grupos de primaria.

Estoy de acuerdo en la evaluación, pero que también sea para todos: para el diputado, el presidente municipal, el funcionario, el gobernador, el senador, el presidente, que sea evaluado y, si su rendimiento no es el óptimo, que deje su puesto y que se vaya a desempeñar otras funciones diferentes, que dé la oportunidad a personas con probidad intelectual, profesional y moral, con un compromiso real de servicio. Así como se evalúa el doctor, así como se evalúa en la empresa privada a sus contratados, todos aquellos que prestemos un servicio público, debemos de pasar por ese filtro para ver si somos o no aptos de desempeñar una labor por más pequeña que sea.

Para finalizar, quiero pedirle estimado lector que no se asuste ni se sienta aludido por lo que le voy a decir, pero de esta calamidad somos partícipes todos. Si mi estimado lector, aunque levante usted la ceja, “todos somos culpables”. Como dice el conocido refrán “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le amarra la pata”.

Es evidente que el sistema educativo tiene muchos culpables secundarios y pocos culpables primarios, pero la responsabilidad de educar también está en los padres, al interior de su casa. Si pensamos que la escuela tiene que devolvernos a nuestros hijos formados moralmente, está usted muy equivocado. Si no participa en la formación y educación de sus hijos usted también tiene su cuota de responsabilidad. Si usted no exige del maestro el cumplimiento del calendario escolar, de los programas de estudio, si no exige que se capacite y evalué, si no exige a las autoridades que se dote a la escuela de los recursos e insumos básicos, usted es cómplice en potencia. Si usted no asiste a las reuniones programadas, no asiste a la entrega de boletas, o las actividades de sus hijos o hijas; no se queje, usted tiene el sistema educativo que merece.

Si usted sigue eligiendo mediante sufragio a los mismos grupos de mercaderes del poder, si sólo se queja y ridiculiza en redes sociales a los gobernantes en curso, si no se pone a analizar un poco sobre lo que significa su voto o si simplemente lo vendió, si no inculca en sus hijos una cultura del trabajo y el esfuerzo, no se queje, usted tiene lo que merece.

Si usted cree que con darle un teléfono inteligente o un videojuego a su hijo y olvidarse de darle tiempo de calidad o de acompañamiento escolar, es cumplir con su deber de padre o madre, está completamente equivocado.

Preocupa que está comprobado que una familia pobre o sin educación tiene un alto porcentaje de posibilidades de repetir patrones en sus hijos, quienes estarán destinados a vivir en las mismas condiciones, mientras un pequeño grupo de mexicanos disfruta de las riquezas de esta tierra pródiga. Mi pregunta es: ¿estamos condenados a ese destino? Aterra el hecho de dejar el futuro de nuestras generaciones, lo más valioso que tenemos, en manos de intereses oscuros.

No hay más remedio a nuestros males que un pueblo educado, un pueblo instruido que sea capaz de no dejarse engañar ni pisotear. Es necesario leer, instruirse, enterarse de las miserias de México para poder solventarlas.

Pero no todo está perdido, créame, hay muchos maestros valiosos, de padres ejemplo, de jóvenes sobresalientes, de escuelas realmente de calidad, hay en Guerrero muchos casos que se deben de reconocer, hay investigadores, funcionarios probos, profesionistas decididos. ¿Qué hace falta? Yo diría que correspondencia, comunicación y colaboración entre los que estamos conscientes de lo que queremos ser como estado y nación.

Like what you read? Give Gazzetta Magazine a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.