A dream come true

Ayer cumplí un sueño que tenia pendiente desde que era niño. Vi un partido del Liverpool en Anfield. Si, aunque parezca mentira, éste va a ser mi primer post sobre fútbol en mi blog, y hablaré de la ilusión de aquel mocoso que soñó durante 12 años en aquello que ayer hizo realidad.

Todo empezó el 25 de mayo de 2005. El Liverpool FC y el AC Milán disputaban en Estambul la final de la Champions League. A priori, una final normal y corriente, pero que tras los 90 minutos, la prórroga y los penaltis, pasó a ser la final más apasionante de la historia de la competición europea. Los italianos empezaron arrollando a los ingleses, pues en el descanso ganaban 0–3. Todo parecía perdido para los hombres de Rafa Benítez. Aún así, los reds sacaron a relucir su grandeza y en tan solo 13 minutos Gerrard, Smicer y Xabi Alonso empataron el partido. Final del partido 3–3. Y ahí estaba yo, en casa de mis abuelos, con los ojos como platos sin poder creerme lo que estaba viendo. La prórroga estuvo muy disputada, y Schevchenko tuvo la más clara para el Milan en la recta final. Inexplicablemente Dudek la paró. El portero se convertiria en el héroe de la final unos minutos después, parando el penalti decisivo, de nuevo al ucraniano, que le daba la quinta Champions al Liverpool. Con éste vídeo lo entenderéis mucho mejor.

La cuestión es que tras ser testigo de tal espectáculo deportivo, en mi corazón se abrió un pequeño cajón en el que habita hasta hoy el Liverpool FC. ¿Bonito verdad? Pues no os lo podéis ni imaginar. Durante los años posteriores a esta fecha, un compañero de trabajo de mi padre, que vivía en Anfield Rd. consiguió, en parte, mantener viva esta llama de pasión por el equipo inglés. Me traía camisetas, bufandas y todo tipo de merchandasing del club. Además, empezé a seguir los partidos por la mítica 2 de TVE. Jornada tras jornada crecía mi amor por el Liverpool, por su afición y por su grandeza.

Desde ese momento, cuando tan solo tenía 8 años, mi sueño fue ver un partido de los reds en Anfield. Y ayer fue ese día, el día que cumplí aquello que llevaba soñando durante 12 años. La verdad es que no me salen las palabras cuando intento explicar la sensación que viví. Un cúmulo de placeres se apoderaron de mi cuerpo y mi mente cuando todo el estadio se dispuso a cantar el You’ll Never Walk Alone, el himno del club, ¡y qué himno!

Muchos pensaréis que es una mera canción, un estadio corriente y un equipo como cualquier otro. Puede ser. Para mi, sin duda, fue la mejor noche de mi vida. Cumplí un sueño que llevaba años esperando y eso no tiene precio.

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