El odio , la nueva forma de poder

Lo que se quedaron/los que se fueron; pueblo/bachaquero; pueblo/golpistas y étc..

Desde el año 1998, por arte de magia aparentemente, la sociedad venezolana quedó expuesta luego de la celebración de las elecciones presidenciales respectivas, a una separación de la ciudadanía en dos bandos bien diferenciados: chavistas y no chavistas. El discurso del nuevo oficialismo siempre apuntó a la diferenciación, por un lado de la burguesía política y económica, por el otro “el pueblo”; o también pasado/presente. Tal diferenciación parecía absurda para los que vivíamos en una burbuja. “¿Hay burguesía en este país de pobres?” “¿Pueblo?, si todos aspiran a ser mayameros”. La vida era simple de generalizar con premisas tan burdas, porque la sociedad venezolana parecía homogénea. Capaz si existía la diferenciación, invisible por insignificante especulo, pero la idea era explotar la idea de una estratificación social diferenciada por exclusión. Esto escondía otro mal: el monstruo silencioso que aqueja culturalmente a parte de la clase marginada: el odio (con justa razón o no). Así el “pueblo” enseñó su instrumento a los “indiferentes”. Les enseñó su odio a través de un discurso popularizado por un mandatario con un fin personalista de concentración de poder, porque ni el mismo “pueblo” creía en el discurso del odio como herramienta de cambio de su situación, por eso, resignados tristemente a su condición, se conformaron con la retaliación económica o política que se pudiera propinar a aquellos “burgueses” o “indiferentes”. La venganza, se daba a través de la personificación del odio y a su vez constituía la nueva forma de poder.

El caso es que el discurso del odio como medio de concentración de poder debió mutar de acuerdo a las necesidades específicas de cada momento de tensión que sufrió la ciudadanía para apalear aquellos que pudieran dudar en algún momento de esta justificada carrera por la autodestrucción con el fin mayor de destruir al prójimo mas afortunado. Es decir debió crear nuevos sub-binomios diferenciadores:

-pueblo/golpistas; a raíz de los sucesos ocurridos del 2001, o eras pueblo o eras golpista.

-pueblo/acaparadores: la huelga general petrolera del 2002–2003, destruyó parte del aparato productivo del país, y empezaron las primeras oleadas de escasez de alimento que se extendieron hasta el presente. La escasez entonces era producto a según, de los empresarios por acaparadores y el pueblo la víctima.

-Pueblo/especuladores: parte del aparato productivo se encuentra en las manos del gobierno, pero la escasez sigue y la inflación no tiene aparente justificación. Entonces la culpa es del sector terciario que especula con los productos y sus precios a favor de golpistas y acaparadores en detrimento del pueblo y gobierno.

-pueblo/bachaquero: sigue la inflación, la escasez y la destrucción del aparato productivo que alcanza ya bastante al terciario, y en el cual el régimen también es propietario a estas alturas, entonces la culpa de todos estos males son los ciudadanos que compran productos de primera necesidad y revenden a altos precios y arruinan la estabilidad.

-pueblo/violentos: a estas alturas la tensión social es alta, y las protestas tienen tintes de violencia. La descalificación de la protestas en general bajo el argumento de la violencia no solo sirven a un discurso, también para condicionar futuras protestas con la amenaza de la prisión.

-y las última de las novedades y las más exitosa de todas: lo que se quedaron /los que se fueron.

A raíz de la gran e indiscutible crisis económica nunca antes vista en la historia de este país, el binomio mayor chavistas y no chavistas, parece desintegrase ante la magnitud del descontento para dar la bienvenida a un verdadero único grupo mayoritario homogéneo. Lamentablemente el motor del descontento, lógicamente, sigue siendo el odio, pero se trasladó hacia la dirigencia política oficial (y ni tan oficial también). Esto resulta peligroso para los políticos que viven de la división de sus ciudadanos (oficialismo y oposición). Necesitan que sus ciudadanos ocupen su ociosidad en odiarse entre ellos, y desdibujar de sus consientes a:

  • gobierno culpable, al que hay que exigir por lo menos lo constitucionalmente dispuesto.
  • dirigencia política oportunista: se venden por cualquier miserable cuota de poder. Siempre enfrían las protestas.
  • La sociedad: que no asume su parte en el problema, entre otros cosas, se ocupa demasiado en odiar y no dar soluciones.

“lo que se quedaron /los que se fueron”, a diferencia de otros binomios diferenciadores, este atrajo a nuevos adeptos ajenos hasta ese entonces a la dinámica delineada.

¿Caerían los “indiferente” en la trampa del odio? Solo de una forma. Haciéndola “pueblo”.

Ahora las matrices de opiniones se dispersan a la velocidad de la luz y aquellos con complejo de loro, repiten estén o no, de acuerdo con lo que se debate, facilitándola. Todo gracias a las redes sociales. No está mal, es parte del derecho a la libertad de expresión. El problema es para qué usamos la libertad de expresión. Si uso mi libertad de expresión para odiar, el discurso diferenciado producto de ello, lejos de ser una exposición de libertad de expresión, facilita otro fin nada democrático, o peor, el fin de alguien mas.

Las matrices que calan en el contexto venezolano “todos se están yendo, yo me tengo que ir también”,“Preso o huir”, “morir o vivir”, el problema estriba…para algunos ya es muy tarde para decidir. Por no decir imposible. Esa frustración se evidencia en las redes, y como sucedió en el pasado, parece que solo queda la resignación. Entonces algunos de los que se quedaron odian a los que se fueron por buscar en el extranjero lo vetado hasta ahora, lo consideran una salida fácil al problema. Otros al querer pero no poder salir odian al que salió y no les ayuda a salir. También está el que odia al que salió porque se queja y compara todo desde afuera en detrimento de la imagen de Venezuela. Del otro lado, los que se fueron, odian a los que se quedaron por ingenuos y a su vez por odiarlos. También por no entender lo que ellos pueden ver y los otros no. Así, el internet se convirtió en el nuevo “espacio geográfico” de un montón de personas esparcidas en el mundo, donde ambos bandos ejercen sus derechos y obligaciones, siempre a través del odio, y determinan quién tiene el poder, la ciudadanía, etc. Resultado: los que se quedaron, compuestos por todas las clases sociales, se convierte en el nuevo “pueblo” único y homogéneo, o así se lo atribuyen. Desciudadanizando con el odio a sus pares exiliados, diferentes, sin derechos.

Reconozco que con el odio se ha democratizado la libertad de expresión, y no es un buen producto.

Obviamente toda generalización comporta algún que otra excepción. No todos están en esta dinámica. Tampoco importa cuánto y quiénes. Es mas todo este análisis me temo no ayuda al mensaje mayor. El verdadero problema: NOSOTROS. Solo estamos pendientes de odiar al prójimo, es mas fácil que asumir y vivir la vida propia. Es mas fácil odiar que levantar el culo para ser un mejor ciudadano, porque la culpa de tu desgracia se traslada siempre a un tercero. La carrera de la autodestrucción llegó a su fin, o eso creo. Ya todo está destruido. La situación es reversible pero en muchísimos años, ni cambiando el gobierno, pero no parece que no lo entienden. Empecemos por algo fácil y ejecutable: al menos erradiquemos el odio al prójimo. Y si no puedes resistirte a odiar, al menos ódiate a ti mismo en todo caso. Por permitir que te enfrenten. Por justificar lo injustificable. Porque de alguna u otra manera fuiste factor y producto de la destrucción. Porque eres tremendo ingenuo y títere de aquellos que te usan como telefonito para trasmitir una idea que no has procesado previamente en tu cerebro antes de juzgar a priori. Porque demandas de aquellos lo que no estas dispuesto a dar. Porque no respetas las señales de tránsito. Porque te coleas en todas las colas. Porque dices que das todo por tu país con un cinismo tal…y puedo seguir.

Espero que la decisión de quien lee no sea odiarme (o a otros que piense igual) porque yo no pienso hacer lo mismo. Ya tengo demasiado odiándome a mi misma y lamentando el tener que escribir esta porquería.

PD: dedicado a la familia Vera, que está en estos días mas ocupado de chatear por teléfono su odio a la sobrina que se fue, cuando debería soltar el teléfono y salir a machar, o mejor, apoyarla con mensajes de amor y éxito…no es muy difícil ser un buen ciudadano.

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