Mi última marcha opositora.

Mas acción que palabras. No bailoterapia.

Fue un 4 de Abril en la ciudad de Maracay del Estado Aragua, cuyo lugar de concentración se dio a dos cuadras del Centro Comercial Galería Plaza, sobre la Avenida Bolívar, a consecuencia de las imprevistas elecciones presidenciales de 2013. Los candidatos eran Capriles, por un lado, y Maduro por el otro. No iba a una marcha desde aquella consumada en el 2003 sobre la Avenida Bermúdez, frente al Centro Comercial Maracay Plaza, en la cual fuimos bombardeados con lacrimógenas lanzadas por partidarios del gobierno apostados en la Avenida Aragua, mientras la policía miraba con beneplácito. Ese día, con escasos 15 años entendí que la institución de la protesta fue rebalsada por el fenómeno de la anuencia gubernamental al traspaso del monopolio de la violencia a terceros, y por tanto dudaba de su utilidad. Sin embargo para esta nueva ocasión, dejé un lado las críticas y fui más acción que palabras.



Ese día organicé con mis hermanos, después de salir del trabajo, encontrarnos frente a la plaza Bicentenario, del cual partiríamos hasta el centro comercial referido. En el trabajo (Poder Judicial) pregunté si alguien más iría. Dos compañeros se sumaron. Para ellos, la excusa no era el acto en sí mismo, sino las chicas. Bromeaban que en los mítines políticos chavistas solo iban feas. Pensé que era una broma y les seguí la corriente. Una vez localizado a mis hermanos, mis compañeros abandonaron el plan y regresaron al lugar de trabajo en busca de sus autos e ir a sus casas.



Inmutados, seguimos nuestro camino por toda la Avenida Bolívar, nos topamos con un helicóptero que sobrevolaba, naturalmente multitudes, personas que nos incitaban a identificarnos con insignias partidarias, música y mucha, pero mucha cerveza a la venta. Pensaba que dicho escenario se desvanecería a medida que se llegara al acto en sí mismo. Pero no resultó así. Capriles tardó mucho en llegar, y mientras tanto, muchos se dedicaron a bailar y comprar grandes cantidades de cerveza. No entendía lo que presenciaba porque todas las marchas acudidas antes de ese 2003, se efectuaron entre llantos, dramas, gritos, serenidad, insultos, frustración, miedo, amargura, nunca con tanta “alegría”. No se si tenían que ser así, solo me parecía mas sensato que lo que presenciaba. A pesar de, mis hermanos intentaron seguir este nuevo ritmo de “alegría” con un vecino que hallaron, pero al rato se hartaron. “Esto tiene que ser una burla”. Mirábamos espantados. Llega Capriles. Antes de defraudarnos más, emprendimos la huida. Había que conformarse. “Peor son los chavistas”.

Al día siguiente, fue la convocatoria chavista. Mis dos compañeros también asistieron. Al regresar mi jefa los llamó. “Qué hacían en la marcha opositora” les recriminó. “Cómo lo supo”. Se formularon en sus cabezas. “¿y yo?”. Yo soy, una amarguita santurrona sin color que prefiere la elocuencia del dolor antes que la revolución de la alegría, a tal punto, que mis acciones pasaron (solo esa vez) inadvertidas por los propios chavistas. Por eso ante la convocatoria hecha de mañana 01 de Septiembre, frente a la embajada, yo quisiera de nuevo ser más acción que palabras, pero tengo miedo a encontrarme en una bailoterapia.