Venezuela. Manual para gobernar un país con la “esperanza”.


Luego del Run run de Nelson Bocaranda en la que se delata el plan del chavismo para enfrentar un posible revocatorio con resultado adverso: realizar convocatoria a revocatorio el próximo año, para en caso de ser revocado Nicolás, forzar la conducción del país al actual vicepresidente, quien naturalmente una vez asuma, deberá nombrar un nuevo vicepresidente, en el cual recaería nada mas y nada menos en las manos del mismo posible revocado, Nicolás. Posteriormente, renunciaría el nuevo presidente provisorio de Venezuela, y asumiría nuevamente el vicepresidente, Nicolás. Que dicha audacia es viable por el vacío legal producto de la falta de desarrollo legislativo de la constitución en deuda desde su entrada en vigencia, y en suma, a la ayuda de un TSJ nada independiente o muy coincidente con el poder ejecutivo. Ante tal maniobra, me revienta la pregunta sobre la utilidad una vez más de otra convocatoria opositora. Entonces, como de costumbre, mi mente torcida y especuladora a la que le encanta imaginar alianzas secretas y conspiraciones contra los más ingenuos de la vida, a través de la experiencia propia, intenta descifrar el actuar de dos bandos que ante las pantallas de la opinión publica se odian, pero en secreto, aparentemente se amigan. Y cómo ambos en un juego de odio y esperanza mantienen ocupados a un país, y ahora hasta el mundo, en una batalla de ingenuidad y poca utilidad.

A mi juicio especulador, este escenario dantesco de ingenuidad (o mucha maldad), empieza con el paro petrolero de 2002–2003, en el cual todos apostaron a la autodestrucción económica del país para forzar la caída de un régimen, pero declinado a última hora por alguna razón desconocida. Las razones y consecuencias no las discutiré. Solo los dos meses en la que expectante frente a un televisor yo creía inmovilizada junto con mis esperanzas que esta era la solución. Producto cultural creado o no, igual mis esperanzas se vieron diluidas totalmente con el fracaso de semejante empresa, pero, extrañamente volvieron una y otra vez ante un sinfín de elecciones en la cual con un “sí” o un “no” (revocatorio 2004; referéndum constitucional 2007, referéndum constitucional 2009), expresado a través de una boleta de votación, bastaban, según mis ingenuas esperanzas, para darle un parado al régimen. Pero esto tampoco funcionó, y luego de un periodo racional de desesperanza, de luto, de la noche a la mañana volvía al camino frustrado de creer en algún tipo de final. Entre estos procesos electorales se traspapela las elecciones del 2006, donde obviamente luego de un periodo animoso preelectoral, una vez más todo se derrumba con la pérdida del candidato opositor, quien seguía apostado a la esperanza, junto a la nada optimista solicitud en el 2009 de asilo político en el Perú.

“Yo me quedo en Venezuela porque yo soy optimista”. Una canción vieja, puesta de moda para propósitos “esperanzadores”. “Yo como que no soy muy optimista”. Expresaba en contraposición justo en la época en la que estudiaba Derecho (2006–2011), y llego a conocer de cerca el monstruo por dentro. Por cierto, la elección de dicha carrera también se debió a que “quería creer” en una mejor posibilidad y ser agente de cambio de alguna forma, pero hasta eso no se me dio, porque la desesperanza había irrumpido en mí. El contraste de la ley con la realidad, desentrañada a través de textos jurídicos impuestos por mis profesores y la curiosidad, me hizo creer en el gris como único “color esperanza”. Doy gracias a Dios infinitas de haber podido ir a la universidad y empañar mi vista con esta realidad grisácea lejos del fanatismo de la esperanza.

Mientras esto ocurría, mi entorno familiar seguía el libreto de la esperanza. Elecciones parlamentarias 2010, elecciones presidenciales 2012, pero aquí el quiebre y la frustración fue tal, que empecé a impulsar e imponer en mi familia un plan de huida. Abusando del sentimiento de la frustración del momento, ya que tal vez en algunos meses no lo percibirían, yo también creé mi propio manual de “cómo conseguir de mi familia lo que quiero usando la frustración del momento”. Seguí el libreto de la esperanza pero con otro sentimiento, y no desde la posición de títere sino de factor de poder. “Ambos bandos están jugando con nosotros”. Les decía. “Vayámonos”. Insistía. Pero mi plan se vio amenazado por la muerte del dictador, un hecho que sirvió de excusa para que algunos se emborracharan nuevamente de esperanza a raíz de las no previstas elecciones presidenciales de 2013. “O sea, en 14 años nada había funcionado por qué va a funcionar ahora”. Remarcaba. Tal cual como sospeché, no pasó nada. Pude ejecutar mi plan.

Ahora, desde la comodidad de la especulación y alejada de la realidad aquejosa de Venezuela, todavía no alcanzó a entender a qué juega estos dos bandos. El plan ya está dilucidado. Un verdadero plan, un plan ejecutable. Con revocatorio, sin revocatorio. Perpetuidad en el poder a como de lugar. Pero insisten en jugarle a la ingenuidad y en planes que de ante mano ya son fallidos, haciéndole creer al electorado siempre en un “tal vez”. Nunca he visto un proyecto de país, una propuesta fuera del simple combatir. Siempre planes entorno a unas elecciones, ¿y después?.

Para mi la oposición se conforma en ser la contra parte del gobierno, se conforma con existir, a través de estas convocatorias electorales, en la cual se requiere por conjuro de la democracia un ganador y un vencido. La existencia de ambos depende de estas convocatorias a la esperanza para vencer al mal, y del otro lado de no hacerlos pasar. Objetivos claros ejecutados, pero en este caso, con procedimientos ingenuos destinados al fracaso, o por lo menos de parte de un bando. No dudo de la capacidad de algunos dirigentes políticos opositores. Algunos. Solo pongo en duda su salud mental ante tanta ingenuidad manifiesta, o peor, pongo en duda su autoestima ante tanta conformidad. ¿Son parte del plan? ¿Peones sin saber? ¿Predestinados a dedo?. Es muy complejo, porque la sinceridad no existe en esto. Pero sin duda creo, es más cómodo ser poder no siéndolo, que no ser poder siéndolo.

En contra de este plan, a pesar de su deliberada creación, se presenta el fenómeno de la escasez de todos los rubros, y asimismo, de todos los problemas que le derivan. El mantener a las masas abocadas al quehacer de sobrevivir, es un cuchillo de doble filo, porque la imagen de los políticos desaparece en los nuevos desesperanzados. Entonces, siento que ingeniosamente dos bandos se han unido convenientemente o no. Llenemos esa gente de esperanza con un revocatorio fallido, ayudemos al régimen a aplacar las masas con la esperanza de una salida próxima y a la vez ayudemos a esta oposición falto de credibilidad a existir en la mente de quienes aun no entienden que no hay esperanza alguna. Cuando el plan fallido se ejecute, y los ingenuos se rompan las vestiduras por la frustración, recordémosles, que en 2018, vienen las elecciones de gobernadores y alcaldes, en la cual posiblemente se produzca al régimen algún daño con la esperanza de…de ¡no sé qué!, porque eso no cambia la escasez, la corrupción, la violencia, las leyes, la impunidad. En fin, extendamos la agonía, el final, la desaparición total, con la esperanza de que la negación no nos conduzca a la realidad inminente.

La esperanza te guía, no te desanima y hasta te construye una vida, ¿habrá otra salida? Yo te seguí. Nadie me obligó. Ya no. Desesperanza, mi color.