Robots sexuales, género y ética

Hace algunos días circuló por la red un manifiesto en contra de los robots sexuales apoyado en un artículo científico el cual se opone al desarrollo de este tipo de robots porque contribuyen a la desigualdad de género en la sociedad. Esto ha propiciado una acalorada discusión en torno al tema ofreciendo posturas diversas en torno a un asunto que cada día se vuelve más cotidiano: la inclusión de robots en la sociedad para diversos fines.

La producción de robots se enmarca dentro de un sistema que privilegia la conciencia humana y el poder de la creatividad humana en el diseño, la fabricación de robots como un elogio a la tecnología y el progreso científico en el beneficio de una mejor sociedad para los humanos que interactúan y se interrelacionan en ella. Los robots son un producto resultado de conjunto de valores morales, políticos, económicos, religiosos, culturales y éticos de la sociedad que los fabrica y produce. Pensar que la inclusión de robots sólo debe responder a una serie de virtudes idealizadas de la sociedad resulta un tanto ingenuo porque no contempla una visión real de cómo se desenvuelven en la actualidad los grupos humanos organizados socialmente.

Postularse en contra de la producción de los robots sexuales no resuelve los problemas en torno a la desigualdad de género, la prostitución, la objetivación sexual, el abuso, etc. Pensar a los robots como productos tecnológicos que reflejan tanto los aspectos positivos como los negativos del sistema permitirá crearlos tomando en cuenta las dificultades reales que existen en las sociedades actuales. Aplicar la creatividad humana en la fabricación de robots sexuales debe atender y contemplar una visión que fomente una regeneración de la red social y una reconstitución de los humanos que la conforman.