Mujeres periodistas del siglo XIX

ENTRE LA SOCIEDAD PATRIARCAL Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Por: Gisselle Martín

Noviembre 24 de 2014 — Muchos hombres encontraron la posibilidad de manifestar públicamente sus apuestas políticas en la segunda década del siglo XIX. Para las mujeres, inmersas en un contexto patriarcal que les daba un único rol en la vida privada, era casi imposible hacer uso de aquella apertura en la libertad de expresión. Sin embargo, Josefa Acevedo de Gómez y Silveria Espinosa de Rendón lograron sentar un precedente para las generaciones colombianas literatas y periodistas, abriendo un primer camino para el desarrollo del oficio desde una visión femenina.

La ley sobre libertad de imprenta, promulgada en 1821, proliferó la publicación de periódicos y panfletos, abundantes en cantidad pero muy efímeros. Muchos derechos y libertades salieron a la luz tras la Ley Fundamental que creaba la Gran Colombia, como se le conoce históricamente para diferenciarla de la actual República de Colombia, uniendo los territorios actuales de nuestro país con Venezuela, Ecuador y Panamá.

Sin embargo, en 1828 tras la conspiración septembrina y la presunta participación del vicepresidente Francisco de Paula Santander, se establece la dictadura de Simón Bolívar, el Libertador. La tendencia conservadora retoma el poder, por lo que fueron anuladas las reformas educativas, se restituyeron los privilegios de la Iglesia Católica y la autoridad patriarcal se reafirma en la familia y la sociedad en general, de acuerdo con Carlos Vidales, escritor y periodista colombiano.

Legalmente, las mujeres no eran reconocidas como ciudadanas de la República. Además, la influencia de la religión las sometía a dedicarse incondicionalmente a un matrimonio eterno y a la crianza de los hijos que, en el caso de las familias adineradas, recibirían en un futuro la herencia.

Trabajar en el arte de las letras o la preparación intelectual no eran opciones posibles. La educación para las mujeres se popularizó hasta 1870, mientras en 1833, según las cifras del DANE, del total de educandos solo el 10,8% eran mujeres. La capacidad para leer y escribir estaba restringida para una pequeña élite.

La muerte del Libertador, dos años después de la de iniciada su dictadura, desató violencia y enfrentamientos regionales entre sus seguidores y detractores. Las publicaciones periódicas surgidas estaban completamente parcializadas por los bandos de las diferentes guerras civiles.

En estas condiciones, según Vidales, “habrá poco espacio político para la expresión de literatura femenina y periodismo de mujeres. Las escritoras formadas y crecidas en aquella época se van a expresar entonces en la poesía mística o en narraciones costumbristas y sus producciones serán publicadas en los períodos subsiguientes”.

Pero estos impedimentos no desanimaron los esfuerzos de Josefa Acevedo de Gómez, hija del prócer de la independencia José Acevedo y Gómez, el “Tribuno del Pueblo”. Se convirtió en la primera escritora y periodista colombiana, pionera en la publicación de textos en periódicos y revistas. Su inclinación por la escritura se dio desde niña y era respaldada por su padre.

“Desconfiaba tanto de mi capacidad, a pesar de mis buenas intenciones, que dudé largo tiempo si debía dar a luz mi trabajo y […] no pude resolverme a estampar mi nombre, porque una invencible timidez me lo impidió” escribió Acevedo en una carta.

Como defensa contra los señalamientos de la sociedad, las mujeres usaban un seudónimo que ocultara su oficio como escritoras, para proteger su honor. Alrededor del mundo hay diferentes casos, como el de Jane Austen, y en nuestro país otros posteriores, como Soledad Acosta de Samper. Josefa por su parte, optó por usar sus iniciales, firmando como “J.A. de G.” o dejando en blanco.

Si bien era clara su devoción católica y respeto por la institucionalidad del matrimonio, escribió sobre diversos temas poco comunes en su época. La situación de los casados y la condición de las mujeres en la sociedad, se hallan en sus publicaciones más importantes como un “Ensayo sobre los deberes de los casados”, un tratado de “Economía Doméstica” y un “Catecismo Republicano”.

Incluso atacaba el fanatismo religioso, cuidando su lugar como creyente, asegurando que “ciega la mente, impide el uso de la razón y origina injusticia y crueldad en los hombres, a las mujeres también las embrutece y hace que abandonen sus deberes domésticos por asistir al culto, varias veces al día o en la semana” de acuerdo a la reflexión de Rocío Serrano, en el libro que lleva el nombre de la escritora. Acevedo invita a una actitud racional sin llegar al punto de abandonar la religión.

De sus publicaciones en los periódicos no hay una recopilación ni se conocen con claridad. En 1860 es publicado su poema “En el lecho del dolor” en El Catolicismo, posiblemente su último escrito antes de morir.

En el ámbito de la opinión, la aparición del periódico “El Alacrán” es considerada por Acevedo como un mal que desmoralizará la sociedad, lo que la motiva a escribir “Cuadros de la vida privada de algunos Granadinos, para instrucción i divertimiento de los curiosos”, publicada póstumamente.

“Doña Josefa se propone hacer justicia y escribir sobre las cosas buenas que sabe de las gentes, “formar una interesante i verídica relación de hechos honrosos i nobles que hicieran conocer que nuestra sociedad no está esclusivamente plagada de vívoras i “Alacranes” Explica la autora, en la introducción de su libro.

“Pero, ¿Qué es lo que digo? ¿soy mujer I a hablar asi de mi pasión me atrevo? […]Mas, la decencia prohibe…si, amor mío. Yo no hablaré a los hombres de mi afecto, Mas, la naturaleza toda entera, Será depositaria del secreto” expresa Acevedo en uno de sus poemas. A pesar de conocer las limitaciones de su tiempo, en escritos como este hace rupturas que empiezan a dar cabida a las mujeres en el derecho a la libre expresión.

Josefa Acevedo también se vio influenciada en la política, dando opinión en un tema que de ninguna manera competía a las mujeres de principios de siglo XIX. Se identificó con el título de “Granadina”, lo que significaba una resistencia a Bolívar y su proyecto de unificación con la Gran Colombia. Estuvo siempre movida por ideales liberales, como su padre, y convencida que las mujeres debían hacer un aporte patrio desde el hogar.

“Allá donde la guerra i los partidos, Se fomentan con varias convulsiones; Donde los ciudadanos divididos, Se pierden en diversas opiniones, I que jefes serviles i atrevidos Mantienen el desorden i facciones, Tranquilo y satisfecho yo me hallaba, Confiando en el amigo que me guiaba (…)” Afirmó Acevedo en 1830, como si fuera un recuerdo de su padre a su tío el Coronel Pedro Acevedo. Ante la imposibilidad de participar en la vida pública, pone sus opiniones en voces de terceros, recurso que le permite publicar su posición política.

A pesar de lo anterior, también existen contradicciones entre su literatura y sus acciones. “Os quieren ilustradas, pero no literatas. La mujer que se ocupa en escribir libros deja presumir que descuida sus diarios, minuciosos y sagrados deberes, y todos la censuran, con rigor, porque se dice que intentó salir de su esfera.” Asegura Acevedo, dando consejos a sus contemporáneas en su “Ensayo sobre los deberes de los casados”.

“No hay desgracia que compararse pueda a la de un matrimonio desavenido y las consecuencias de la separación de dos casados, sobre todo si tienen familia, son inmensas y funestas y solo dejan en el corazón un germen amargo de eternos remordimientos. Yo le he probado” expresa Josefa Acevedo a su hija y yerno. La escritora tomó la decisión de separarse de uno de los juristas más importantes de la Nueva Granada, Diego Fernando Gómez, y aunque nunca se conocieron las razones, parece un poco ambigua su posición frente a la separación de los esposos.

Manteniendo su postura como señora de sociedad, Josefa Acevedo de Gómez logró destacarse en el mundo literario y periodístico de su época, abriendo caminos para futuras generaciones. Si bien no hizo una apuesta radical, consiguió un lugar en un oficio reservado sólo para los hombres y en ocasiones hacer algunas críticas que sin duda fueron un hito para el posterior desarrollo intelectual de las colombianas.

Por su parte, Silveria Espinosa de Rendón, hija del impresor Bruno Espinosa de los Monteros es conocida por sus publicaciones en El Conservador, El Catolicismo, El Parnaso granadino, La Guirnalda, El Álbum, La Esperanza y El Porvenir periódicos neogranadinos y fue la primera poeta colombiana en ser publicada y reconocida en Europa. En uno de sus escritos famosos como “Lágrimas y recuerdos” de 1850, motivado por la expulsión de los Jesuitas, deja ver su gran devoción a la Iglesia en quien suele inspirarse para sus escritos.

Sin embargo, en su momento también defendió la libertad de las mujeres para ser escritoras: “(…) en vez de zurcir calzones, están escribiendo dramas. Y al entenderlo El Heraldo, va dando la voz de alerta, repitiendo en cada puerta: ¡No habrá quien cosa las medias!, ¡No habrá quien nos guise un caldo, si hacen las damas comedias (…)” expresaba irónicamente en uno de sus poemas, como respuesta a la burla que hizo Manuel Breton de Herreros a las españolas que componían comedias.

Se hace evidente la diferencia entre las posiciones y estilo de escritura entre Josefa Acevedo y Silveria Espinosa. A pesar de habitar una sociedad con sesgos machistas, sin pretender negar las contradicciones y sus afiliaciones tradicionalistas, estas dos damas de la Nueva Granada consiguieron abrirse paso entre las imprentas, un primer paso en las reivindicaciones de libertad de expresión para las mujeres.