El fracaso

El cuerpo carecía de alma, de vida. Transcurrían los minutos tras haber desechado inexplicablemente la oportunidad de viajar hacia un lugar mejor. Había visto desmoronarse los proyectos y sueños que le daban un propósito a su futuro a corto plazo, así como un castillo de naipes se derrumba por la fragilidad de su base. Se detuvo sin reconocer donde estaba ni qué sentido tenia seguir caminando hacia… ¿hacia dónde? Quiso rebobinar el flujo del tiempo, tratando de poner en orden cada uno de los instantes que parecían escaparse a la lógica humana. En un mundo de soberana incoherencia, la sinceridad se volvía una herramienta peligrosa se dijo a sí mismo. Una vez en las afueras del edificio, realizó que quedaba un vacío, un tremendo abismo que no sabía cómo colmar. Se rehusó a sentir emoción alguna: algún extraño sistema de autodefensa se había activado, privándolo de la capacidad de entender su propio cuerpo. Simplemente había dejado de ser dueño de sí mismo y había empezado a contemplar la ausencia del todo. Desde luego aborrecía ese lugar y aquel tipo que cuestionó algunos dilemas del pasado, barriendo en sus blandas palabras cualquier velo de credibilidad y coherencia.


De vuelta a casa fui reaccionando, aunque el apagón emotivo seguía intacto. Quería desechar ya cualquier enlace a aquellos terribles instantes, olvidar todo lo planeado para los siguientes meses y tratar de elaborar un plan B. Estaba seguro que ya no había tiempo para segunda chances, simplemente el viaje a Estados Unidos no existía, ni existió en algún momento. Mi mente me torturaba con su actitud autocritica de quien se culpa por lo ocurrido. No era culpa de nadie más, ni de la suerte ni del cónsul que cumplía con su deber. Tenía ganas de remediar, ¿pero cómo? ¿Qué hacer en estas vacaciones? Me siento responsable de este fracaso y no encontraré paz hasta equilibrar nuevamente la balanza del ego.

Giuegi

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