Enseñar

Este último ciclo universitario, recién culminado, me ha llevado a interpretar en ciertos casos el rol de profesor. Debido a mis buenas notas comencé a vender mi conocimiento y mis técnicas a otros compañeros que por falta de voluntad no se desempeñaban tan bien. Al comienzo fue un reto y simplemente lo hacía por el gusto de meter algún billete en el bolsillo. Luego comencé a apreciar el hecho que mis “alumnos” lograban mejorar sus notas, estaban satisfechos de lo que aprendían y comenzaban a tener confianza en mí. Obviamente esto engrandecía mi ego y comenzó a gustarme.

Fue algo complicado al comienzo tener que confrontar mi método de estudio con los demás. Sobre todo porque veía que cada uno de ellos tenía uno diferente y tenía que buscar métodos que resultaran eficientes para cada uno de ellos. Fue así que tuve que ingeniármela explicando a través de ejemplos, a veces era preferible un método más estructurado, o simplemente tenía que insistir en que cuestionen todo lo que escuchaban. Fue interesante apreciar que ser enseñante no te coloca automáticamente a un nivel superior, resaltando la distancia entre las dos partes como se suele pensar, más bien te coloca en el mismo nivel ya que en cualquier momento te puedes equivocar y es ahí donde el enseñante aprende del alumno. Enseñar es aprender dos veces, ahora me doy cuenta. Supongo que el problema surge cuando ya no trabajas con uno o dos personas, más bien con veinte, treinta o más como suele pasar en los colegios o en mi universidad. Es ahí donde se comienza a perder eficacia y solo se calcula el beneficio económico que se genera a través de este mecanismo.
Siguiendo con mi historia, comencé a trabajar con uno de mis puntos débiles: la paciencia. Para poder enseñar es necesario no carecer de esta virtud y sobre todo ser comprensible. Al fin y al cabo todo se volvía tan sencillo, repetía lo mismo, me enfrentaba a situaciones parecidas, y con el pasar del tiempo aprendí a manejar las cualidades de mis compañeros y ayudándoles a ganar confianza en ellos mismos.
Como profesor siempre me daba la culpa si es que mis compañeros no lograban llegar a su objetivo de aprobar sus exámenes, y trataba de ver en que fallaba. Fracase en dos situaciones y perdí por un buen tiempo mis clientes, y vi que eso no era tan bueno.

Resumiendo esta experiencia estoy satisfecho de haber podido posicionarme en la mente de los demás como alguien estudioso, responsable y maduro, es decir un pequeño nerd: solo los que me conocen de verdad saben que hay una realidad mucho más grande detrás de ese disfrace que utilicé este ciclo. Ahora que terminaron las clases regresare a mi mundo de ocio y jarana. Let’s start the summer!

Giuegi

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