Incomprendidos
-“Quiero hablar, puedes?”
A pesar de la hora y el cansancio no te niego la llamada. Sabía la razón por la que llamabas, sabía que esta vez el que necesitaba ser escuchado eras tú. El profundo silencio de la noche me recuerda a esa vez que subí a uno de los últimos micros que recorren la ruta de la avenida España. Un aire paranormal envolvía a cada uno de los pasajeros del autobús, ausentes de la realidad, cada uno refugiado en su propio mundo. Nadie intercambiaba una mirada, nadie conversaba, absolutamente nadie. ¿En qué momento nos volvimos tan desconfiados? ¿Qué daño nos hicimos en un pasado no tan lejano que aun resentimos dicho dolor? No sé, me respondo. Hay preguntas que no tienen respuestas, pero también hay respuestas que surgen sin necesidad de una interrogante. Respuestas o quizás mensajes que llegan desde algún lugar misterioso alumbrando nuestra intuición, como te iba comentando por telefono. Así como cuando deduje a por que se debe la dirección hacia el norte de las corrientes marinas peruanas, simplemente sumergiéndome en las frescas aguas del océano y advirtiendo una extraña energía pronta a comunicarse conmigo. Me doy cuenta que mi sensibilidad ha ido agudizándose últimamente, a veces me preocupa porque implica vulnerabilidad pero a la vez es un don que me permite entender más allá de la superficie…
Tu ingenua risa indica alguna insólita sensación de asombro mixta a incredulidad. Me jacto porque esta vez fui yo a dirigir la conversación, sin quererlo en realidad. Y te digo algo que quizás pueda deslumbrarte y congelar las palabras por un instante: somos seres incomprendidos. Lo que me estás contando por telefono en realidad yo lo estoy entendiendo de una manera diferente a la que me relatas y siempre es y será así.
Específicamente no sé qué es lo que distorsiona un mensaje entre emisor y receptor pero algo me dice que la razón alberga en la mente. Todo está en la mente, así como me repetía como disco rayado durante la ceremonia de ayahuasca. A lo mejor la distorsión se relaciona con las experiencias vividas y el mecanismo de asociación que permite catalogar la información de manera más ágil. Asociamos el estímulo externo con algo ya vivido o vagamente similar et voilá, la distorsión ya comienza a tomar forma. Habrán más elementos distorsionadores por supuesto, pero hasta ahí llego mi análisis tras experimentar algunos videos con sonidos holofónicos junto a unos amigos. A pesar de que el sonido era igual para todos, la interpretación divergía en muchos casos llegando a conclusiones diferentes sobre lo que escuchábamos.
Volviendo a ese autobús, me pregunto si de alguna forma somos conscientes de que al ser muchas veces incomprendidos, nos cohibamos de tener iniciativas de comunicación y optaramos por el silencio o quizas la soledad. No sé si me explico bien, ojalá puedan comprender.
Giuegi