Paciencia

Un, dos, tres…respira. Crecí auto convenciéndome que la paciencia y yo nunca íbamos a ser buenos amigos. Este prejuicio hizo que nunca intentara cambiar mi impulsividad a la hora de actuar, de hablar o incluso de pensar. No sabría explicarme como es que improvisamente me volví más analítico y como fui acostumbrándome a observar atentamente todos los factores ante cualquier situación.
Se siente bien ya no tener que reaccionar con ímpeto por las primeras (muchas veces erróneas) impresiones que se crean en la mente. Ahora me doy el tiempo de relacionar las palabras con su significado, el contexto y la intención. Esto es importante para una buena comunicación, para poder recibir el mensaje sin distorsiones interpretativas, evitando que los prejuicios alteren el contenido.

A veces la paciencia puede hundirse al ver que no llegan resultados, al dejarse llevar por algunas negatividades. Es ahí donde el equilibrio interior tiene que complementar esa flaqueza. Me detengo, dejo de hacer cualquier cosa y trato de sonreír: la solución está al alcance, no puedo desgastar energías involucrándome en emociones asesinas. Los resultados pueden llegar más tarde o incluso no llegar, por algo ocurre todo. Lo que cuenta es ser perseverantes y no salir derrotados.

En estos días mi paciencia pasó por una crisis al enfrentarse con problemas de salud. Creía haber sanado de una infección en una herida, al parecer las bacterias siguen paseando por mi cuerpo. Un dolor bárbaro me llevo a acudir a la clínica, me prescribieron de nuevo antibióticos. Insatisfecho del veredicto busqué saber más al respecto en internet acabando asustado por los resultados. Peor fueron las sentencias pronunciadas por los que saben igual que yo de medicina. Tras la incapacidad de caminar mezclada al tormento que de alguna manera me hizo volver al pasado cuando me fracturé la pierna, exploté en lágrimas dejando que la paciencia se haga añicos. Tiempo al tiempo, esperando que la química haga su deber y cure el problema.

It just takes time.

Giuegi

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