Destino: Uganda. Un matrimonio lleno de amor.

La ruptura de una relación es uno de los temas más enigmáticos dentro de la humanidad, donde los sentimientos salen a flote y estos llegan hasta un nivel catártico que deja agotados a los sujetos que participan en esta situación. Siempre hay preguntas en torno al tema: ¿qué hice mal?, ¿debería haber valorado más todo?, ¿habrá alguien más?… Cada una de las interrogantes que pasan por la mente, terminan con respuestas inciertas que no podrán ser contestadas y seguirán siendo meras conjeturas de lo que pudo haber sido o lo que se pudo mejorar; pero, como dicen comúnmente, no se puede valorar lo que se tiene hasta que se ha perdido.

Representar esto en escena, en la literatura o en cualquier tipo de arte, hace pensar en un tema que ha sido utilizado hasta caer en el cliché de un rompimiento por la falta de amor o el hartazgo de un sujeto al otro; como sucede en aquella famosa escena de Casa de muñecas de Henrik Ibsen. Curiosamente, eso no sucede en la puesta en escena Destino: Uganda de Eduardo Mateos, donde se construye una situación en la que el amor se convierte en el motivo de tener que dejar ir a un ser amado, donde el amor debe entenderse como el soporte y el apoyo que nos ayude a cumplir aquellos sueños anhelados, y donde ese amor no está destinado a sobrevivir por circunstancias que están muy por de fuera de nuestras manos.

Isa Amuchástegui y Jonathan Laredo

Mateos logra llevar a escena una historia con una simple representación escénica, que consta de dos actores, donde el amor no es la razón de la ruptura de un matrimonio. Desde el inicio se percibe aquella tensión y desbordamiento de emociones que está por venir mientras progresa la obra. Todo esto se da gracias a las actuaciones de Isa Amuchástegui y Jonathan Laredo, quienes dan vida a este matrimonio en una situación donde deben sobreponerse al amor que sienten el uno por el otro para poder satisfacer los deseos del otro.

De igual manera, la puesta en escena logra representar la complejidad de las relaciones actuales, donde ese individualismo está presente y donde aparece ese conflicto en donde una de las partes debe de ceder para complacer al otro, sin importar el sufrimiento que esto deba de otorgar. Una relación que demuestra que el amor es el acceder a dejar ir, donde se debe aprender a vivir por uno mismo porque la vida es tan efímera que no se puede comprender cuándo caerá la cortina que le ponga fin a todo por lo que se ha luchado.

Destino: Uganda debe ser aplaudida por su magnífico desarrollo narrativo, por las actuaciones que atrapan al espectador y por ese mensaje e interrogantes que surgen al dejar la butaca.

Si es de interés de los lectores poder disfrutar de buen teatro independiente, esta representación teatral seguirá en el Foro Shakespeare todos los martes de agosto, con dos funciones a las 7:30 p.m. y a las 9:00 p.m.