Realidad, ficción y memoria.

Leer es una de las experiencias más gratas que uno puede tener como ser humano, puede servir de manera de escape o incluso, verlo como un simple pasatiempo. Pero, ¿qué sucede cuando la lectura te desestabiliza por completo al encontrarte con un autor experimentado que posiciona su perspectiva de lo que escribe ante la tuya?, es decir, ¿Qué pasa cuando empiezas a dudar de la veracidad de lo que lees? Esto sucede cuando hablamos de territorios narrativos escritos desde la memoria, o mejor dicho, testimoniales.

Desde la perspectiva de Beatriz Sarlo, la memoria juega un papel importante, ya que construye una realidad del pasado en el presente, lo que la vuelve subjetiva y sujeta a interpretación o a desconfianza. Existen varios casos en el cono sur del continente Americano, en específico, en la literatura argentina, chilena y uruguaya. Por ejemplo, el uruguayo Mario Levrero logra en sus diarios desestabilizar al lector al utilizar juegos de la imaginación que llegan a parecer parte de su realidad cotidiana que narra durante varios años de su vida.

Ahora bien, el mayor ejemplo de este caso es la novela de Javier Cercas Los soldados de Salamina. Aquí se reconstruye una historia periodística donde se entrevista a un soldado, pero todo se complica cuando el narrador termina por desconfiar de la memoria del entrevistado. Este tipo de relatos juegan con el lenguaje, difuminan la línea entre realidad y ficción hasta que la duda aparece acerca de lo que se narra. El lector sigue el juego de manera ingenua, pero cuando el texto suelta una pregunta como: ¿qué tan cierto puede ser lo que escribo?; todo cambia para esos ojos puestos en este territorio. Aparece la duda y se incita a que aparezca una reflexión que sigue siendo guiada de manera sutil por el narrador.

La novela de Cercas logra eso en su relato, pero no fue la razón por la que logró vender muchos ejemplares. Esto ocurrió porque logró re-configurar la manera en que se narran las novela históricas en España, donde el mercado de este género literario es muy grande. El texto logra utilizar la realidad para convertirla en ficción, si se piensa desde las complejidades de la memoria, pero sin dejar de lado un estilo testimonial que ha caracterizado las primeras décadas del siglo XXI.

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