Proyecciones y metonimia

Las primeras noches de renuncia fui a la cama deseando que mi decisión hubiera sido un sueño; despertar con él acompañándome en la almohada, extendido en el colchón.

En realidad me gustaba, formaba parte de mi personalidad, iba implícito en cada descripción que hacía para referenciarme. Era el mayor significante de mi feminidad.

Me desesperaba amarlo, que formara parte de mi identidad. Y algunas veces pensé que mi existencia se fundía en la suya; que yo desaparecía con su crecimiento.

De verdad lo quería, por eso tuve que cortarlo. Guardar un poquito lo mujer.