Mentir

Todos hemos metido, para bien, para mal, para protegernos, para proteger a los que queremos.

Desde pequeños, nos han dicho:

Mentir es malo, no mientas, te crecerá la nariz como a Pinocho.

A medida que pasan lo años, olvidamos esas palabras que de pequeños nos inculcaron, empezamos a mentir más a menudo, hasta que quizá ya lo hacemos sin pensar. Donde vamos, con quien hemos estado, que hemos hecho…

¿De verdad es tan malo mentir?

Siempre he defendido que la ignorancia, te hace feliz, te permite vivir el mundo sin las preocupaciones de saber, una vez alguien me dijo:

Me gustaría ser creyente, creer en algo superior, sin las preocupaciones de que pasará después.

En ese momento, quizá por ser demasiado temprano, o por hablar de religión, no le di importancia a esas palabras. Con el tiempo, he visto que es aplicable a todas las disciplinas de tu vida, no solo creer.

Las mentiras no son malas, eso sí, depende de que sea la mentira, y quien la diga, pero, bajo mi punto de vista, esta se utiliza para proteger, para aislar a los que queremos de una verdad, que prefieres guardarte para ti, porque quizá no es el momento de decirlo.

Recordad niños: mentir es malo, no lo hagáis.

Hacía mucho que no escribía, y he perdido la práctica, que poco he escrito esta vez.

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