Sin Luz…en el Horizonte

Una mirada a la crísis energética, política y ciudadana.


La ciudad está en llamas, y no sólo por la ola sofocante de calor que acosa a gran parte del país y especialmente a la Ciudad de Buenos Aires. Las altas temperaturas veraniegas no dan tregua y crispan aún más el estado emocional de la gente que ya ha colmado su paciencia por la apática desidia con la que nuestros supuestos representantes reaccionan y actúan ante esta crisis que desnuda décadas de abandono y olvido en materia de gestión.

Las postales de las calles porteñas, parecen inspiradas en películas que retratan la realidad imperante en los países centroamericanos allá por las décadas de los 70’/80’. Calles con barricadas hechas con contenedores de basura y neumáticos incendiados cortando el tránsito, son señales que muestran la impotencia e indignación de los ciudadanos que están cansados de excusas y justificaciones vacías.

El país está en llamas y ellos se llaman a silencio cual jugador de póker esperando el momento justo para jugar sus cartas ganadoras y salir airosos de esta “partida”. Atentos al movimiento del otro, esperan agazapados el error ajeno. Todos quieren ver las cartas del otro, para así salir airosos de culpa y cargo.

Genera una indignante impotencia ver este tiempo de espera, como primer round de pelea de boxeo donde los rivales tratan de evaluar las fortalezas y debilidades de su adversario. Y entonces, luego de días de silencio, algunos salen del ostracismo y declaran estados de emergencias y decretan acciones demagógicas. Rasgos austeros, caras que actúan cierta compunción se delatan al instante, cuando minutos después de sus pomposos anuncios, vuelven a partir rumbo a su vacaciones ante la paz de una conciencia limpia, y un lugar que no sabe de emergencias. Otros en cambio, mantienen el silencio esperando cual Moisés un milagro divino que provenga del cielo. En este caso la lluvia sería el maná para este pueblo que los ha elegido. Pero el “Dios es Argentino” es sólo un dicho y si lo fuera no intervendría para salvarle las papas a aquellos que no han hecho nada en materia de inversión energética en los últimos 40 años.

Obviamente que tenemos una clase gobernante insensible y que da claras muestras de que en el fondo de su ser nos desprecia y nos subestima, pero a su vez nosotros no mostramos signos de madurez democrática para exigirles que hagan el trabajo para el que los hemos elegido.
Como decía el célebre escritor y periodista italiano; Alberto Moravia: -“Curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado”.
Debemos asumir esa responsabilidad, y comenzar a exigirles y exigirnos.

A exigirles a ellos con maduros reclamos, y con una severidad extrema a la hora del voto, y a su vez exigirnos a nosotros mismos estar a la altura de las circunstancias como ciudadanos, y para ello es necesario comenzar a participar políticamente ya sea desde nuestras comunas, entidades de fomentos, o los estamentos políticos tradicionales.

No podemos seguir quedándonos con los brazos cruzados amparados en la frase hecha de que “la clase política es corrupta por naturaleza”. Nicolae Iorga decía de un modo viceral y directo que –“Dejar de luchar, por culpa de la corrupción que hay en tu alrededor, es como cortarte el cuello porque hay barro afuera”-. No podemos ni debemos claudicar ante estos erróneos paradigmas. No podemos seguir creyendo que no podemos.

Por eso, debemos participar para poder exigir, y debemos por sobre todo aprender a elegir y experimentar otros espacios políticos si es necesario. Es hora de que le demos la oportunidad a representantes que nos representen, sin importar las banderías políticas que traemos desde el seno de nuestra familiar. También podemos darnos una posibilidad a nosotros mismos, o mejor dicho asumir nosotros la posibilidad de representarnos.

Esta vez los megavatios fueron la excusa para desnudar nuestra inmadurez política y la irresponsable ineptitud de nuestra clase dirigente, pero ya es hora que comencemos a crecer.

Llevamos 30 años de democracia ininterrumpida, ya es tiempo que seamos adultos democráticamente hablando. 30 años; es hora de que nos pongamos los pantalones largos.
Lo hacemos ahora; o por muchos años más no habrá luz en el horizonte; y ya no por culpa de una ola de calor.

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