“OLDE WISKY’S ZAVRUZ”

A los pies del pantano. Mis pies hundidos en el lodo aguado y fresco. El sol me bautizaba la cortina espesa, o flequillo, y podía imaginar el brillo del reflejo en la superficie suave y negra, así era mi cabellera, porque mi madre siempre le dedicaba un tiempo irritante a que mis pelos queden lisos, brillantes y tan negros como la noche.

A los pies del pantano, yo vi al Viejo JackRoss sumergirse por última vez en las aguas verdosas. Me lanzo una última mirada. La última mirada, jamás. Y se hundió en cámara lenta. Su piel, vieja y arrugada, se humedecía con el pantano o el pantano se secaba con su piel. Jamás se volvió a ver al Antiguo JackRoss, era todo un criminal, decían y lo cazaban donde lo vieran. Algunos hombres justicieros, ellos dicen, acampaban en las entrañas del pantano aguardándolo, listos para dispararle con sus escopetas.

Algunos criminales, como él, también aguardaban para matarlo. Es la clase de popularidad mortal que te asegura ser leyenda. Porque aun cuando logren asesinarte siempre vas a estar vivo, merodeando en las lenguas y en los cráneos de los que te nombren y en los que te piensen.

Después de desaparecerse, yo soñé y hable mucho sobre el Antiguo JackRoss, recordando cuando mi padre me dejo solo a los pies del pantano, agitado y excitado por tener en sus manos el destino de aquel criminal, según decían: “JackRoss está herido, lento y viejo… Lo tenemos.” Mi padre me dejo allí y me puso en las manos un viejo revolver cargado. Lo vi alejarse, resbalar y alejarse. Yo era un chico, aún sigo siendo ese chico con los pies en el lodo, y me senté allí a disfrutar del sol en mi flequillo y el frio del barro a los pies del pantano.

JackRoss asesino a todo ese rebaño de idiotas que intentaron perseguirlo, a mano limpia, según tengo entendido, incluido mi padre. Esa mañana JackRoss había asaltado el viejo bar de Teresse y le había disparado, o atacado de alguna manera, a un policía de ciudad que investigaba unas serias violaciones en unos bosques vecinos. Todo fue balas, pólvora y sangre. Atroz. Volviendo a la persecución: Los mato a todos. Yo escuche el tronar rabioso de sus armas, si señor… Pero no me asuste, estaba acostumbrado a ir de caza con mi padre, pensé que habían matado a JackRoss, pero una vez más se había escabullido y no era secreto el hecho de que si nunca daban con él era porque su guarida estaba oculta dentro de los pantanos y yo era el único que sabía dónde estaba. Ahí donde me miro por última vez, ahí era su hogar y guarida. Yo y él lo sabíamos.

La muerte de mi padre me rescato de una vida aburrida y sin posibilidad de buenas raíces. Hui de casa cuando pude y estudie, estudie mucho. Se me dio por esto del arte y trate de escribir un cuento, luego otro… Luego otro más. La mayoría hablando de la vida en los pantanos, no me costaba, sencillamente hablaba de lo que ocurría ahí, de lo que había vivido. Adornaba mis recuerdos con algunas frases especiales y el resto eran ventas, boca en boca, congresos, fanáticos y algo parecido a la fama. Nunca se me tomó en serio en la industria literaria y no me importaba demasiado, porque en realidad nunca me sentí complemente cómodo en el arte masivo, expuesto: Desnudo. Yo escribía para mí, era terapéutico, desentrañaba recuerdos bloqueados, traumas escondidos. Recordar era doloroso, pero me servía para entender por qué era como soy y soy como fui. Lo seria más adelante era aterrador, a menos que entendiera todo el enigma que significaba mi pasado, que no siempre fue con el sol bañando mi cabellera, era más bien espeso y oscuro como el interior de los pantanos.

Y entonces empecé a escribir una novela, todo un arduo y doloroso camino hacia “un no sé qué caprichoso, egoísta y pretencioso”. Tomó forma bestial y fluida cuando se me ocurrió escribir todo lo que mi memoria me permitiera sobre se criminal mítico que había azotado los pantanos donde había crecido: JACKROSS, El Antiguo. Así todos comenzaron a girar la cabeza y admirar a ese joven escritor pobretón que se las daba de aspirante a Best Seller.

La bestialidad y el salvajismo de aquel criminal, de hecho, el asesino de mi padre, se transformó en la llave a un éxito que de pronto deseaba casi, obsesivamente y semejante anhelo, nefasto, requería de un combustible oscuro, espeso y rojizo, como el rastro que dejaba tras su paso, El Antiguo…

Fin, Primera Parte.

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