BU!

Por primera vez tuvimos debate presidencial. Por primera vez una mujer gobernará la mayor provincia argentina. Por primera vez un gobernador de Buenos Aires puede ser elegido presidente en la urnas. Por primera vez el candidato de un partido creado en el siglo 21 puede ser elegido presidente. Eso, cuando alguno de ellos gane el primer ballotage de la historia argentina. Probablemente este sea el proceso electoral con más novedades desde la recuperación de la democracia. No se a quién votaría Alfonsín hoy (tengo mis presunciones) pero seguramente estaría bastante feliz viendo la vitalidad de los hijos y nietos del 83. Desde esta perspectiva optimista, hasta la campaña negativa tiene algo de positivo: pondrá a prueba la capacidad de los electores de elegir su próximo presidente pensando en lo mejor y en lo peor de cada candidato. Campañas negativas son comunes en las democracias maduras. Y más comunes todavía cuando sólo dos candidatos pasan al ballotage, uno creciendo y otro cayendo. El candidato que crece naturalmente optará por una campaña positiva, propositiva, porque su objetivo es consolidar la confianza de los electores en su victoria. Por el contrario, el candidato que sabe va perdiendo, muy probablemente intentará mostrar los defectos y contradicciones de su adversario. Para qué? Para crear un duda en la cabeza de las personas y así retardar la decisión final del elector. En resumen, si un candidato no consigue crecer, va a intentar ganar tiempo estancando el crecimiento de su adversario. Para eso sirven las campañas negativas. Gusten o no, funcionen o no, este tipo de campaña es legítima en un proceso electoral. Es una decisión táctica y a veces se presenta como el único camino, pero es un camino peligroso, riesgoso, que puede terminar aumentando el rechazo al candidato que decide transitarlo. Es como esos equipos de fútbol que van perdiendo la final del campeonato y en los últimos minutos todos los jugadores, hasta el arquero, deciden ir al ataque. El riesgo de que te hagan un gol de contraataque aumenta. O peor, cuando van perdiendo y empiezan a las patadas. Ahí el riesgo es mucho mayor: perder y salir de la cancha silbado hasta por la propia hinchada. Esa es la diferencia entre una campaña negativa y una campaña sucia: una cosa es atacar dentro de las reglas y otra atacar rompiendo las reglas. Se puede y se debe criticar, cuestionar las ideas del adversario y demostrar, con argumentos, que las propias son mejores. Pero atenti: mentir es foul, chantajear con la pérdida de derechos adquiridos es jugada peligrosa. Amenazar con el cierre de centros de tratamiento de cáncer o presionar a empleados públicos es roja directa y deja a tu equipo con diez y más lejos de la victoria. Terminó el entretiempo. Los técnicos definieron la estrategia y los cambios. Los jugadores están en la cancha. Las hinchadas no paran de alentar. El segundo tiempo comenzó. Que gane el mejor.

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