El último round.

Me voy a perder el debate presidencial entre Macri y Scioli. Saqué pasajes antes que fijaran la fecha, así que mientras ellos estén “al aire”, yo estaré “en el aire”. Qué bronca. El debate es el momento más temido y esperado de una campaña electoral. Temido por los candidatos que quedarán frente a frente, cara a cara, como en un duelo del viejo oeste, jugándose su destino. Y esperado por todos nosotros, los electores, que finalmente veremos a los contendientes en el centro del ring sin la intermediación de la propaganda. El debate es una confrontación de habilidades en tiempo real. Gana el que desenfunda más rápido, el que estudió mejor a su adversario, el que conoce mejor las debilidades ajenas y principalmente las propias, el que pega más fuerte como Monzón (https://www.youtube.com/watch?v=-VJ...) y el que es capaz de esquivar hasta lo que no vio como el gran Nicolino Loche (https://www.youtube.com/watch?v=-vR...). Debate, amigos y amigas, no es un concurso de conocimiento tipo Odol Pregunta. Debate es principalmente un show, un teatro. Les parece que no? Bueno, los desafío con una pregunta: qué recuerdan del debate anterior? Las cifras de desnutrición infantil, la discusión sobre el tipo de cambio o los treinta segundos de silencio que pidió Massa para destacar la ausencia de Daniel Scioli? Vieron, el debate anterior no lo ganó el candidato que más habló, sino aquel que tuvo la astucia de cederle su lugar al silencio. El debate tiene mucho de teatral, pero definitivamente no es una farsa. Y por eso los candidatos se preparan tanto. Hacen bien. Debatir en televisión es muy difícil porque la cámara no parpadea, capta y retransmite todo lo que un candidato, no apenas dice, sino todo lo que ese candidato es. Hasta el más mínimo gesto, la sonrisa sobradora, la mirada esquiva, el titubeo al responder, la forma en que mira, el tono con que habla. Jorge Lanata dijo que un político que precisa prepararse tanto para un debate debería dedicarse a otra cosa. Se equivoca. Messi es el mejor del mundo en lo suyo y lo sabe, pero aún así no falta a un solo entrenamiento. Para mi, la mejor forma de ver el debate es sacando el sonido del televisor. Hacé la prueba y te vas a dar cuenta que no precisás oír lo que dicen para saber cuál es el candidato más simpático, el más verdadero, el más seguro, el que pasa más confianza, el que habla con el corazón o el que simplemente repite un guión. La imagen habla por si misma, así como el silencio de Massa habló por Scioli. Yo los envidio. Ustedes serán testigos de ese momento histórico de nuestra democracia donde dos argentinos darán lo mejor de si para convencerlos de que son los más indicados para conducir el país hacia un futuro mejor. Un privilegio que nuestros padres y abuelos hasta ahora no tuvieron. Así que, mis amigos macristas, sciolistas e indecisos, el domingo que viene no hay escusas, hay debate. En un rincón, el candidato que viene ganando por puntos. En el otro rincón, el candidato que precisa un nocaut salvador. Emoción no va a faltar. Como decía Tato, vermut con papas fritas y good show.

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