De los hijos de las empresas familiares

Estar en una empresa familiar está muy cabrón cuando eres empleado, pero más, cuando eres familia.

La verdad es que muchas veces estas empresas te dan oportunidades, te disparan a avanzar, te vuelven comprometido y trabajas con una pasión y una adherencia que no se ve en un trabajador o empleado cualquiera. La bronca está cuando papi no está de acuerdo o al tío le caes naturalmente en los huevos por que eres güero y sus hijos no, o por que tu tía tuvo puras hijas y tu eres hombre.

La cosa es que las empresas familiares es un oasis de emociones, experiencias, pendejadas y todas están ligadas tanto a la familia como al negocio. A huevo los empleados se dan cuenta inmediato de que el patrón viene enojado por que le gritó a su hijo (cosa que “supuestamente” no haría a los demás trabajadores, pero como tiene la “confianza”, el hijo tiene que aguantar).

El objeto de que yo venga aquí a escribir de esto no es para demostrar que soy un hater de las empresas familiares, al contrario, nací en una y pienso morir en una (Felíz, rico, teniendo significado y siendo auténticamente chingón). El objetivo es que los papás, abuelos y chavos o chavorucos que trabajen en estas empresas, tanto como trabajadores o como familia, vean esas ventajas o problemitas y puedan aprender de experiencias mías y de otros para cagarla menos.

Hemos escuchado mil veces la mamada esa de que “en México las empresas familiares son el 96% de las empresas” pues si, pero solo sobreviven como el 3% los primeros 10 años y la mayoría de las razones es que hay alguien que se cree más chingón que los demás y deja de escuchar, aprender y se olvida de la razón que lo puso ahí, además de otras cosas simples como la contabilidad, sistemas y esas pendejadas que se necesitan para que funcionen las empresas.

Prepárense para un montón de verdades, curas, sentimientos encontrados y todo eso que muchos quieren y otros no, escuchar acerca de los lugares donde trabajan.

Gus!