LA CONFIANZA Y LA REGULACIÓN EN EL SISTEMA FINANCIERO

La acepción primera de la palabra “confianza”, según el diccionario de la Real Academia Española, es “esperanza firme que se tiene de alguien o algo”. Se dice que para el adecuado funcionamiento de los sistemas financieros y de los intermediarios financieros se requiere que los participantes y los usuarios tengan “confianza” en esos sistemas y en esos intermediarios.

Una de las funciones básicas de los sistemas y entidades financieras, es el proporcionar servicios de administración de riesgos, tanto a personas en lo individual, como a las compañías y organizaciones. Las entidades financieras facilitan la distribución o separación de los riesgos de distintas maneras. Una de esas maneras, por ejemplo, se da cuando actúan como contrapartes, asumiendo obligaciones de pago, en los mercados de derivados y en distintos contratos de seguros (realizan pagos en el supuesto de que se actualicen ciertos siniestros) o de garantías financieras (p.e., cuando fungen como avalistas). Las entidades financieras también generan productos de ahorro/inversión y servicios de pago. En todos los referidos productos y servicios financieros, la confianza en la capacidad de pago de la entidad financiera es esencial. Los clientes de las entidades financieras les compran sus productos y, por tanto, se convierten en sus acreedores, esperando que cumplan a cabalidad con sus obligaciones de pago.

Los clientes de las entidades financieras adquieren productos y servicios que para ellos desempeñan importantes funciones económicas. El cliente que contrata un seguro contra daños por incendio, paga por el derecho a recibir una determinada indemnización de todos los daños y pérdidas causados por incendio, explosión, fulminación o accidentes de naturaleza semejante. Asimismo, el cliente que deposita dinero en una institución bancaria como una forma de ahorro, está contratando el derecho a recibir la cantidad especificada en una fecha futura (cuando muy probablemente necesitará esos recursos). Por tanto, para las entidades financieras la confianza que en su capacidad de pago le tengan sus clientes, es de suma relevancia, por no decir crítica para su existencia y viabilidad de operación. Claramente, los clientes de las entidades financieras tienen una innegable preferencia por aquellas que conlleven el menor riesgo de incumplimiento posible.

Por diversas razones, incluyendo la complejidad de sus operaciones, en muchas ocasiones las entidades financieras enfrentan notorias dificultades en divulgar o transmitir a sus clientes, su grado o calidad de confiabilidad de pago. Sus operaciones y condición financiera son difíciles de monitorear o de observar; en cierta medida, las entidades financieras son opacas (hay quien las ha llegado a describir como cajas negras). Para crear o preservar su ventaja competitiva, cada entidad financiera debe cuidadosamente gestionar la cantidad y calidad de la información que divulgan a sus contrapartes y al público en general. Pero este tipo de gestión puede ser contrario al principio de mantener a los clientes y a las autoridades regulatorias completamente informadas sobre sus operaciones y condición financiera. Otro factor importante a considerar es que las entidades financieras pueden muy rápidamente modificar el tamaño y la estructura de su balance general. Esta flexibilidad contribuye al problema que enfrentan los clientes en monitorear las operaciones y condición financiera de las entidades financieras, incluyendo el grado de confiabilidad en el cumplimiento de sus obligaciones de pago.

Lo anterior resalta la importancia de la regulación en la operación de los sistemas y entidades financieras. Ya sea que la regulación tenga como objetivo la estabilidad del sistema financiero o la protección del usuario individual, la misma siempre apunta (aunque sea teóricamente) a preservar la confianza en los sistemas financieros y en las entidades que operan en los mismos. Un ejemplo de ello es que toda la regulación en materia de garantía a los depósitos bancarios, busca atender las preocupaciones que puedan surgir sobre la confiabilidad de pago de las entidades bancarias.

Por todo lo expuesto, las nuevas compañía FinTech que operen en ámbitos no regulados, deben encontrar formas de generar confianza en su capacidad de pago, entre los usuarios y el público en general, así como tener en cuenta que su viabilidad dependerá de qué tan capaces sean de preservar e incrementar esa confianza. Sin duda, la clave del éxito de esos nuevos negocios depende, en gran medida, de la palabra “confianza”.

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Gustavo Maza

Socio Maza & Rachadell Asociados, S.C.

(www.mazarachadell.com)

Fundador Acelerador Cognitivo, S.A.P.I. de C.V.

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