22 de Junio

2017
De día, el sol me recuerda que la noche no existe más allá de mi percepción. De noche, mi percepción se envuelve bajo la luz de la luna.

El día


¿cuál día?

recién despunta y mi cuerpo aletargado está.

Extrañándola.

Recuerdo continuamente el rostro de una Luna joven, vieja, nueva, recién nacida.

20 meses me separan de mi antigua vida.

¿Cuál vida?

La gente recorre mi casa como si de un cristal o de hielo se tratara. Nada ni nadie me exige detenerme, comenzar a escribir.

He dejado de lado la gran pena inmediata de saberme sobrio, cuerdo; ser el meta loco que describe la locura a través de la razon del otro, siempre del otro, el infierno es el otro, l’enfer c’est l’autre. Dejen ya a Sartre en paz.

Non, merci.

Así, me recuerdo como venado nacido en cuna de oro fundido, alejado del placer y del decoro por la vida de un ser distinto al mío.

Así, si he de ser yo quien lo viva, seré la espada enterrada sobre aquel ladrillo, el rey que lo decida todo, el viento en la cara del presidente elegido; seré tal vez el presidente mismo, seré agua y aceite o el calor en brazos cruzados de amigos, pero he de mantenme constante, siempre presto a recordar que he sido vencido, oculto: Soy el venado atrapado, envenenado y herido.

Yo soy Venado de Bergerac.

Non, merci.

No importa el tiempo, la gente, el significado o el día; no importa que escriba o que cante, o que ame que las canciones de antes me persigan al caminar por las calles que recorría junto a mi alma perdida.

No importa casi nada, salvo el recuerdo de la persona amada dentro del cimiento vacío de una futuro en construcción. El tiempo me atrapa, más dentro mí mismo estoy.

Soy un ser en el tiempo, buscando el bienestar de la luna.
Sweet child.