Berrinche De Un Pseudo-Déspota
Más de una vez hemos destinado una noche a pensar en lo que fuimos, en lo que somos y en lo que queremos ser. Día tras día nos decimos a nosotros mismos que todo va a mejorar y que solo es cuestión de tiempo, que tienes que trabajar duro para lograr tu cometido y que ese cometido será el punto de partida para comenzar a perseguir tu siguiente cometido, cuando a veces eso se resuma en tener que competir. Desde niños nos han enseñado que la competencia es primordial, que tienes que ser mejor que el resto y esa competencia se agranda mas con cada centímetro de altura que ganamos al punto de que al pisar una universidad te vuelves vulnerable y en gran manera dejas de creer en la honestidad plena, piensas estrategias como un director técnico y te imaginas que tu futuro puede ser mejor que la del resto de los que te rodean, porque eres joven y tonto y te dejas embargar por tu propio ego. Lo que no pensamos es que tarde o temprano cuando finalmente consigas el título mas preciado posiblemente terminarás siendo parte de esa población flotante y te medirán con la misma vara que aquellos que miraste por encima del hombro.
En ésta era hemos visto pasar frente a nuestros ojos la caducidad de lo tradicional y convencional. El pensamiento de los jóvenes se ha vuelto mas materialista y con un importante desafecto instantáneo a los problemas ajenos, es por ello que tal cual como una carta a San Nicolás, todos soñamos con tener esa gran casa, ese gran auto, ese buen trabajo del cual te sentirías muy a gusto de pertenecer, cobrar en dólares, el viajar alrededor del mundo, el no tener preocupaciones y así la lista continúa. En algún o varios momentos de nuestras vidas pensamos de manera egoísta que merecemos eso y más y que la vida en la que nos tocó estar se tiene que encausar para que se logre todo eso, miras a tu alrededor y piensas que no es allí en donde encajas y que puedes hacer mas, pero nunca nadie dijo vamos a quedarnos aquí parados y esperemos a que las cosas se vayan dando a nuestro favor.
Yo soy un estudiante, tan simple como eso. Un estudiante que pensó estúpidamente que el mundo exterior está en la obligación de proveerle un buen trabajo por el simple hecho de haberse matado estudiando, de sacrificar salidas y fines de semana, de obtener todas las unidades sin haber reprobado nunca una materia, haber gastado un dineral en guías, libros y pasajes pero allí mismo se encuentra la finísima hebra que separa la casualidad de la causalidad y de la realidad de la ficción ya que podríamos apostar, y por supuesto que ustedes me ganarían, que no soy el único que ha pasado por lo mismo. Posiblemente la gran parte del mundo entero se ha tenido que levantar de madrugada para esperar el bus camino a la universidad o el trabajo y que éste los haya dejado, pero en fin, cada quien piensa en sus males y sus logros de manera muy individualista y se enaltece de pensar que eso solo le está sucediendo a el, que tienes ya sea la peor suerte o la mejor buena suerte del mundo y con la que cualquiera de ambas te sentirías orgulloso porque siempre nos gusta tener pretextos y echarle la culpa de nuestros logros y fracasos a falsas deidades, porque casi nunca nos depositamos la suficiente confianza y responsabilidad para decir esto sucedió de esta manera porque así lo quise.
El haber tenido mas o menos “sacrificios” no es proporcional a la buena vida que te pueda deparar, no aprendí a vivir mi juventud a la par con mis estudios y aquello no termina siendo sano, yo pensé sobre esto un poco tarde y por el simple temor al fracaso, ese fracaso que te llevaría al bloqueo simultáneo y en el cual pensamos en ello con mucha antelación antes de llevar a cabo una jugada importante porque sabes que no podrías con las consecuencias, las burlas y desaprobación que solo resulte en alejarte mas de ese espejismo que nuestros ojos falibles ven como “éxito”, es por esto que procuramos tomar el camino recto, sin tantas curvas y baches.
Cada quién tiene una fórmula para el éxito y esa fórmula es única e irrepetible. Lo que te sirva a ti puede que no funcione conmigo, es por ello que ahora que soy un adulto trato de no seguir los pasos de nadie y hay que jugársela en cada tramo y regodearse de equivocaciones que sirvan de enseñanzas, de golpes que da la vida que son necesarias. Hoy por hoy seguimos esperando esa casa soñada en la playa, ese trabajo perfecto, el amor de nuestras vidas y ese boleto de primera clase pero no cuentes los días en los que pueda llegar, no ahorres ese dinero que hoy puedes usar, procura usar tu energía en lo que tienes ahora, tanto lo propio e impropio, que la competencia saca lo mejor y lo peor de nosotros y que tus acciones sean la causa a corto o largo plazo de ese correo o llamada que termine siendo el portal a las grandes cosas sin cerrarte a las nuevas experiencias que este mundo pone ante nosotros en forma de acertijos, solo es cuestión de decodificar.