¿Por qué escogí ser una mamá de casa en vez de ser exitosa en el mundo corporativo?


Hoy tener hijos y quedarte en casa a cuidarlos es más que nunca una razón para que la gente te vea como algo inferior. Esa perspectiva que existe está ampliamente relacionada con la mentalidad de la mujer independiente, que tiene derechos y posibilidades igual que el hombre. Todo ese tema feminista es completamente aceptable pues no en vano hubo muchas mujeres que lucharon para llegar hasta este momento, pero ninguna mujer que trabaja es mejor que otra que se queda en casa con sus hijos.

Tal vez no hay nada escrito, pero está implícito en el mensaje que se transmite. Está escrito en cada reacción de amigos o ex-compañeros cuando dices que te quedas en casa; implícito en la cara de la familia que tal vez no te lo dice pero piensa “¿y todo el dinero invertido en tu educación?”; implícito también en las burlas de la gente cuando llama ciertas carreras “Mientras me caso”. En fin, trabajar para alguien a quien realmente no le importas, que se hagan millonarios y te tengan en otra razón social para no compartir siquiera las utilidades de tu esfuerzo; sacrificarte por dejar a tus hijos y que realmente no sea valorado (al final todos somos reemplazables), hacer lo mismo que un hombre y no tener igualdad en remuneración económica (real, si pasa en Hollywood, que no pase en México? aquí la estadística) ¡ah! y no dejemos a un lado por favor la hipocresía, egocentrismo y envidia “oficinil”… ¿hay más?

Cuando uno se gradúa, normalmente no se detiene a pensar en lo que quiere de la vida. Lo único que está en la cabeza de todos es tener algún cargo importante rápido y toda esa basura empresarial que te meten en algunas universidades. Mi caso no fue la excepción. A mí no me importaba realmente el lugar en el que estaba trabajando, ni las horas que estaba dedicando a estar físicamente ahí, sino crecer en la empresa y ganar dinero pronto. Fue hasta que me embaracé que me empecé a cuestionar por qué estaba en un lugar así.

Tuve un embarazo un tanto difícil. Afortunadamente no tuve ninguna complicación en temas de salud, pero fue muy difícil por muchas razones. Fue un embarazo no planeado, de hecho lo que estaba planeando en ese momento era mi boda, pero confirmé que a veces la vida juega un poco con nosotros. Me dieron síndromes de abstinencia de cigarro y de café. Todos los achaques posibles del embarazo: náuseas, sueño, hambre, mareos, no poder respirar, agruras, se me hincharon los pies, estrías, blablabla; y el trabajo sólo lo empeoraba al no poder hacer ejercicio y mudarme del nomadismo al sedentarismo. Se notó en esos 20 kilos que subí a lo Kardashian. Lo único que pensaba era “cuando nazca mi bebé sólo lo voy a poder ver dormido” boom, depresión; problemas familiares y en el trabajo… más depresión y obviamente el clásico “soy una vaca asquerosa”… ya ¡punto de quiebre!

Finalmente, se presentó la oportunidad de trabajar en el negocio de mi papá y así poder manejar un poco más los tiempos para poder ver a mi hijo. En realidad no me dio depresión post-parto gracias a eso. Pasó el tiempo, y por razones múltiples tuve que dejar de trabajar ahí para reincorporarme al “mundo corporativo” 6 meses después de que nació mi segunda bebé. Es, sin lugar a dudas, una de las cosas más difíciles que tenemos que hacer las mujeres y aún más cuando estás lactando… las que han pasado por eso me darán la razón. Todo el tema de sacarte la leche y sentir que en cualquier momento puedes explotar o que te dé fiebre por exceso de leche es bastante incómodo, pero lo peor es cuando nadie de los que está ahí te entiende porque no han pasado por eso. El no entender permite a los compañeros de trabajo (e incluso jefes) no ser empáticos y generar juicios erróneos acerca del trabajo que estás realizando, porque obvio, si te vas a tu hora exacta de salida está mal… seguramente no tienes tanto trabajo como el resto (que se la pasa viendo Facebook o en Skype).

Desafortunadamente, en México la mayoría de las empresas no tienen esa mentalidad de maternidad y de importancia de la familia, o de tener un balance, tener una vida realmente. De ahí que prefieran contratar a un hombre que jamás va a parir o a algún recién graduado que va a hacer el trabajo y en el que no tienen que invertir mucho para que se quede hasta el día siguiente si es necesario o se aviente turnos de más de 14 horas sin pedir nada extra. El trabajo, es el trabajo.

Es increíble también ver cómo hay muchas personas con cargos gerenciales que tienen miedo a contratar gente que los supere o gente que tenga conocimientos; gente que realmente pueda aportar algo a la empresa y hacer crecer el negocio. Definitivamente, tema de egos que destapa la calidad de raza humana que somos. Ese tema que existe en muchas partes de Latinoamérica y parte de la esencia del mexicano de evitar que el otro crezca para que uno mismo pueda brillar. Tan simple como ir a una tienda y preguntar dónde conseguir un artículo que ellos no tienen en existencia. Aunque sepan que su competencia de a lado lo vende, fingen demencia… no sea que ellos sí tengan éxito porque se los compres. Es triste ver que esa mentalidad está en la gran mayoría de la población, mentalidad que se refleja en el crecimiento de esta nación.


La ansiedad, mi gran amiga por mucho tiempo. Ser observante de todo el ambiente laboral me llenaba de frustración porque esa manera de pensar del mexicano lleva a la gente a actuar como raro. A valerse de tácticas para poder escalar en el mudo laboral, empezando por las “barbas”. Está el clásico adulador que tiene el lugar que tiene por su bluff que otros menos dotados se creen completamente; y bueno no hablemos de las mujeres que sabemos cómo aprovechan su… digamos… sonrisa. Tácticas que desde mi punto de vista son bajas y poco justas.

Tal vez sí, soy poco tolerante (súper hater más bien) y no que yo sea la persona más correcta del mundo, pero en definitiva creo que de eso no se trata la vida. No se trata de estar sentado mínimo 10 horas al día, teniendo afectaciones de salud por estrés, postura y sedentarismo. Mucho menos creo que se trate de estar sacrificando no nada más tu vida, sino una etapa muy importante de la de tus hijos por estar ahí.

Llegar a tu casa y ver cómo las cosas tal vez pudieron haber sido diferentes si tú hubieras estado. Los cuidados que tienen tus hijos seguramente son los mejores que les puedes dar pero la mayoría no tenemos la suerte de estar 100% satisfechos. Cuando los cuidan los abuelos, tendrán todo el amor del mundo, sin embargo, tal vez los están consintiendo demasiado y ¿qué tan contraproducente puede ser eso a la larga? Cuando los llevas a la guardería, ¡qué impersonal se siente! tal vez no le están dando nada de amor durante el día, al final, es un trabajo para las personas que están ahí. Si contratas a una nana que esté todo el día, siempre estará la duda del trato que realmente les da, al final, no hay nadie ahí que pueda constatarlo, además de que tendrás que acostumbrarte a que empiecen a conjugar en segunda persona con una “s” al final.

Pero creo que el peor de los sentimientos es dejar a tu hijo con fiebre e inmóvil en la cama. Llena de impotencia saber que no estarás ahí para cuidarlo y darle mil besitos para que se sienta mejor. Pocos podrán negar que es de las mejores sensaciones cuando recuerdan cómo los cuidaban sus padres en la enfermedad.

Todos esos textos nostálgicos circulando por ahí con los que los padres soltamos unas cuantas lágrimas al pensar en cuánto nos necesitan nuestros hijos cuando son pequeños; cómo somos las personas en las que más confían y a las que les cuentan todo, con las que quieren pasar su tiempo, a quienes admiran y ven como un ejemplo. Cómo eso, todo se esfuma en algún momento y no nos cuentan más lo que les pasa; no quieren más pasar tiempo con nosotros porque prefieren la compañía de otros y cómo nos convertimos en un blanco fácil para sus críticas. Sí, es un poco triste pero también es el rumbo a la independencia y debemos dejar que suceda. Por eso, no estoy dispuesta a dejar de pasar esos momentos con ellos. No estoy dispuesta a sacrificar esos instantes en los que me necesitan de verdad y sin saberlo. Después, ya veremos.

Es aquí donde viene el cuestionamiento sobre el desarrollo profesional de alguien que se “sacrifica” por estar en casa. Creo que el desarrollo de cada quien, no debe estar basado en estereotipos. El desarrollo más importante de alguien debe estar basado en el bienestar individual y en el de la gente que ama. Al final, uno siempre debe de buscar la manera de seguir creciendo internamente y un trabajo no siempre te hace crecer. Tener cosas materiales da esa felicidad efímera y placentera pero por lo menos yo no lo veo como un lujo. Siempre se puede tener más y por ende querer más. Alternativas hay muchas, sólo no creo que ese mundo sea una de ellas.

Así que frustración en realidad ya no forma parte de mi vocabulario desde que dejé de trabajar. Cuando vives más lentamente hasta tu salud mejora, es un hecho. En el aspecto personal, me he reencontrado con la persona que soy en esencia y he dejado atrás a la persona que los demás habían creado con sus expectativas. Pero nada, nada se compara con las risas, los momentos, las ideas, la creatividad, el amor, el aprendizaje y todo lo que engloba pasar tiempo de calidad con tus hijos, eso sí que es un lujo.