Sobre tasas de natalidad y esas decisiones…

Hace unos días estaba escuchando un podcast, This American Life y sacaron un reportaje que me llamó la atención. Trata acerca de un programa/sistema que se está llevando a cabo en algunas preparatorias de Estados Unidos que consiste en utilizar bebés robots en una clase, principalmente para concientizar a las adolescentes sobre su maternidad y la edad ideal para ser madres. De hecho, en México también se está implementando este programa en algunas regiones, aunque con ciertas variaciones.

Los muñecos en realidad son simuladores que pretenden actuar exactamente como lo haría un bebé, con las exigencias y requerimientos de un bebé real: llorar cuando tiene hambre, cuando tiene mojado el pañal, se siente incómodo, etc. Pero lo que está increíble es que tiene un sistema que registra todo lo que la persona a cargo hace: si lo atiende correctamente, si de alguna manera el bebé sufrió algún abuso, o si definitivamente no le hicieron caso a sus exigencias.

Obviamente, al ser una simulación de la realidad, las adolescentes tienen que levantarse por las noches para atender al “bebé” y en el día incluso llevarlos a todas sus clases. Esto hace que invariablemente se pongan a pensar en cómo su vida cambiaría si en ese momento tuvieran un bebé; cómo tal vez su popularidad disminuiría o cómo podría truncarles sus sueños. Al ser una clase y gracias al registro que hace el “bebé” de las acciones de la “madre”, la persona a cargo obtiene una calificación, lo cual les da una idea clara de su performance como madres.

En la historia del podcast documentan la experiencia de dos chicas de personalidades muy diferentes que tienen a su cuidado dos robots. Las dos tienen 17 años, pero con pensamientos muy distintos en cuanto al tema de maternidad. Una de ellas, Paige, es una chica cristiana que quiere permanecer virgen hasta el matrimonio y que quiere casarse a los 21 años con alguien que tenga sus mismas creencias religiosas para empezar a crecer su familia. La otra, Rachel, es un poco más rebelde, firme en el hecho de que no quiere tener hijos joven y que si los tuviera sería en sus treintas.

Durante el tiempo que están con los robots, Paige se estresa demasiado por las exigencias del bebé e incluso en algún momento colapsa llorando. Después de las 48 horas que tienen que estar con ellos, los resultados sorprenden bastante pues los papeles se intercambian. Paige, quien tenía el ideal de tener hijos joven piensa que tal vez sea mejor esperar pues para ella fue demasiado complicado estar a cargo de alguien más. Rachel en cambio, siente hasta cierto punto, apego por el bebé y llega a gustarle mucho la idea de ser mamá. El alcance de sus reflexiones va más allá de convertirse en madres adolescentes; les da una perspectiva efímera pero más real sobre sí mismas.


Como todos sabemos, las convicciones de cada mujer que será o no madre se van formando a lo largo de la vida. Muchas veces los ideales se imponen a través de imágenes mentales que se inculcan desde niñas en el entorno, gracias a los núcleos familiares, figuras paternas y hasta películas de princesas. Ya en la adolescencia nos re-cuestionamos eso que de niñas tal vez ya habíamos decidido y empezamos a formar un criterio de lo que idealizamos para nuestro futuro. A veces en ese momento nos dejamos llevar por otras situaciones familiares, la creciente tasa de divorcios, nuestro desarrollo profesional, la inclusión social que tengamos en ese momento, etc.

En la actualidad existen muchas más mujeres que eligen no tener hijos porque no va con su estilo de vida o no se sienten aptas para ello. En México se ha reducido el índice de natalidad desde el año 2000, de 23 nacimientos por cada 1000 habitantes a 19 en 2014.

Sea cual sea la decisión final, todas nos lo hemos preguntado en algún momento de nuestras vidas. Para algunas es más fácil decir que no y olvidarse del tema; para otras es una cuestión que está presente durante toda la vida pero algo hace que no se decidan y tal vez cuando se deciden ya es muy tarde o tienen más complicaciones. Muchas otras esperan hasta encontrar el momento perfecto… «cuando tengamos el dinero suficiente, la casa de nuestros sueños, el coche que siempre hemos querido… el momento perfecto en nuestra relación». Siempre está ese algo.

A veces pensamos que si tenemos hijos, no podremos hacer cosas, no podremos “ni siquiera viajar”. Como si los niños tuvieran alguna restricción para hacerlo o tuvieran que estar pegados a su madre el 100% del día. Es tan chistoso cómo al intentar no caer en el cliché de ser amas de casa o señoras con camionetas, nos convertimos en otro: el cliché de la mujer moderna que quiere ser exitosa o no traer hijos al mundo porque ya no es un buen lugar para vivir… y hacer nuestra esa razón para no tener hijos.

Nadie puede decirnos qué decisiones tomar, al igual que nadie debería basar sus decisiones en influencias del pasado o ejemplos a seguir. Cada quien debería de tener la oportunidad de mirar hacia dentro de sí misma y sin mentirse, desde el fondo del corazón hacer un diagnóstico de lo que es como ser humano, no la posición profesional que quiere tener; ni intentar cumplir con las expectativas de la sociedad. Seguramente si todos tuviéramos la oportunidad de revisar qué hay dentro de nosotros mismos en ese respecto por lo menos durante 48 horas, las estadísticas serían diferentes.