Rompiendo la asimetría de poder de información

Teoría de oferta y demanda aplicada a la información política.

El mercado

Existe un mercado de la información noticiosa. Este mercado es un espacio de intercambio del bien ¨información noticiosa¨ entre oferentes y demandantes. Del lado de los oferentes encontramos a todos los individuos y empresas dedicados a la búsqueda, registro, edición y distribución de las noticias. Estos incluyen a fotógrafos, reporteros, escritores, editores y publicadores de la información, sean grandes conglomerados de prensa o pequeños escritores de blogs. Del lado de los demandantes encontramos a cualquier persona interesada en obtener la información noticiosa que los oferentes producen.

Sin embargo, existe un problema de asimetría de información en el intercambio de bienes. Como contempla la teoría económica y la teoría de juegos, existe una imperfección en los mercados producto de que la mayoría de las veces, tanto oferentes como demandantes carecen de toda la información necesaria para tomar la mejor decisión. Siempre, al menos uno de los actores se encuentra en desventaja con respecto a la información que posee el otro. Carecer de información, tener mucha o inadecuada, produce una asimetría en el poder que esta brinda. Los oferentes de información noticiosa mantienen un poder por sobre los demandantes respecto a las características del producto que se transa. Y no precisamente por tener información, sino que por carecer de ella. Hay una parte de la información que el oferente de este mercado debería tener sobre el demandante, pero que simplemente no está disponible. Ante esta asimetría la decisión sobre qué características tendrá el producto a transar en el mercado de la información, recae mayoritariamente en el productor de la noticia. El poder de decisión sobre las características del producto las tiene el oferente en la medida que la información del demandante no es conocida. Cuando el editor de un periódico decide cuál será el titular o a qué tema se le dedican más recursos, fundamentalmente lo que hace es tener un poder de decisión mayor al de cualquier otro actor del mercado. Es el editor de un medio de comunicación el que caracteriza la información por los consumidores. No es que la información sea realmente inexistente, de hecho es bastante real, es simplemente la agregación de todas las demandas específicas de cada individuo. El problema se encuentra en la incapacidad técnica de adquirir la información de los demandantes y procesarla.

Asimetría de poder de información

Existe una información relacionada a ambos actores del mercado, oferentes y demandantes. Por un lado, la información de la oferta es una respuesta a la pregunta ¿qué ofrecen?, para este caso en particular las noticias que se ofrecen. Día a día ocurren eventos de toda índole. Estos eventos son numerosos y suceden en distintas locaciones. Si existiese la capacidad, podríamos hacer una descripción objetiva de cada uno de estos eventos y si recopilamos todas esas descripciones y las observamos en detalle, descubriremos elementos que generan una distinción entre el tipo de evento en ocurrencia. Por ejemplo, surgirán descripciones de eventos que involucran a un solo actor, a dos actores o a múltiples actores (dimensión de cantidad de actores), como también algunos que inciden sobre un menor o mayor número de personas. Surge entonces, de manera natural una distinción entre los eventos que se describen. Y luego de la distinción, surge una jerarquía, es decir, algunos son de mayor “importancia” que otros.

Destacamos que en el momento de publicación del contenido noticioso, le son asignadas fundamentalmente tres características. Para el caso de la información noticiosa esas características son:

  • Una determinada clasificación, en cuanto se decide bajo qué sección la noticia es puesta.
  • Una determinada regularidad de publicación, relativa a la continuidad con que se actualizan un mismo tema.
  • Una determinada relevancia, en cuanto una noticia es puesta como titular o como un pequeño párrafo en las últimas páginas del periódico.

Todas estas características son determinadas por el criterio del oferente, es decir, él decide bajo sus parámetros cómo produce y jerarquiza la información noticiosa. El editor asigna estos atributos al momento de publicar el contenido, que es el momento en que se materializan esas características.

Por otro lado, está la información de la demanda que es una respuesta a la pregunta ¿qué se demanda?, para este caso en particular las noticias que se desea consumir. Esas noticias, al igual que las de los oferentes, tienen características como clasificación, regularidad y relevancia, siendo determinadas bajo el criterio del demandante, es decir, el consumidor de noticias decide bajo su criterio cómo organiza y jerarquiza sus preferencias sobre la información noticiosa. Es aquí donde se produce el problema. Debido a que los oferentes no tienen información de los demandantes (y a su vez no conocen el criterio del demandante), los consumidores tienen que aceptar el producto creado bajo el criterio del oferente en detrimento del criterio del demandante. Es decir, los parámetros de los consumidores no son considerados en el proceso de producción. Entonces, a falta de conocimiento de las preferencias de los consumidores, los oferentes tienen mayor poder de decisión sobre aquello que se produce. Pueden decidir qué temas se publican con mayor regularidad, qué noticia ocupa portada y qué noticia estará escondida en un pequeño párrafo en la penúltima página. En pocas palabras, los productores deciden qué ofrecer sin el criterio de los demandantes. Esa asimetría en el poder de caracterizar un contenido noticioso desciende de una falta de información entre los actores del mercado y es por eso que lo denominamos asimetría de poder de información. En una situación ideal, ambos actores conocerían la información de la contraparte, sin embargo, estas situaciones distan de ser reales. De existir la información, ambos actores participarían con igual poder de decisión sobre el contenido que finalmente se transa en el mercado.

Asimetría involuntaria

La asimetría de información que se da en el mercado de la información noticiosa desciende principalmente de un problema logístico y no de una intención de causar disparidad. Es una distorsión del mercado producto de una imposibilidad física. Cuando se crean los primeros medios de comunicación masivos, la tarea de sondear las preferencias de todos los posibles consumidores de la información noticiosa hubiese requerido de enormes cantidades de recursos. Tan solo imaginemos lo que hubiese significado para un periódico del año 1920 sondear las preferencias de cada uno de sus consumidores. Aunque hubiesen podido imprimir una encuesta en una página del periódico consultando sobre lo que cada persona desearía consumir, tabular los resultados y responder con inmediates hubiese sido una tarea altamente costosa y probablemente improductiva. Por ello, nuestros antecesores concedieron la tarea de selección a los editores de los medios de comunicación, legitimando su cargo en base al expertise que brinda el estudio sistemático del periodismo, aunque a sabiendas que los productores de la información noticiosa se reservaban un derecho a seleccionar bajo su criterio qué es lo que constituye una noticia relevante, ya que simplemente no tenían otra opción.

Por tanto comprendemos que si existe disparidad en el mercado, no es producto de una premeditada intención de ocultar información al oferente. Es que simplemente los medios para agrupar esa información, analizarla y ejecutar conforme dicten los resultados de ese análisis no estaban disponibles, o más bien, no existían. Más adelante hablaremos de cómo la evolución, no solo de la tecnología, sino que de las ciencias estadísticas nos dan la posibilidad de romper o aminorar esa asiemtría.

Deseamos atender este problema no sólo desde una perspectiva teórica, sino que intentar dilucidar soluciones y aplicarlas correctamente. Ese ejercicio nos lleva a conceptualizar las dinámicas en curso, crear un marco teórico propio y utilizar la creatividad para brindar soluciones que sean empíricamente observables. El problema de la asimetría de poder de decisión bien pudo haber surgido de forma natural o inintencionada, pero al observar en detalle el problema en curso, podemos brindar soluciones derivandolos a una ciencia distinta de la política y la comunicación, la de la tecnología. En la siguiente sección hablaremos de las posibilidades que encontramos en la tecnología para reparar el problema de la asimetría.

Solución en las TIC

Redes sociales

En la actualidad, existen los medios para revertir esa asimetría. Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) permiten que la información de ambos, oferentes y demandantes, esté disponible. Tanto computadores personales como teléfonos inteligentes, nos permiten estar constantemente conectados e informados. Las capacidades del hardware ya están disponibles, tanto en términos de conectividad como de accesibilidad. Las rutas de fibra óptica, satélites, antenas de transmisión de internet de alta velocidad y principalmente el hardware en las manos del usuario son realidades que se expanden día tras día. No es difícil concebir un mundo en donde la conectividad sea universal, es decir, un mundo en el que cada individuo en el planeta cuente con alguna forma de conectarse al ciberespacio. Basta ver cualquier informe sobre la penetración de internet y el aumento del consumo de hardware incluso en los países más pobres para visualizar lo que viene. Y para el futuro sólo podemos esperar mejoras. La calidad del hardware aumenta mientras que sus precios disminuyen.

Debemos refinar el software para romper con la asimetría de poder de información. El software debe ser capaz de brindar a los oferentes la información de la demanda. Esto significa crear un mecanismo por el cual el programa permita explicitar el criterio del demandante de forma pública para que los oferentes se dediquen a satisfacer esas demandas. Si una persona considera que sólo desea consumir noticias relacionadas a un tema específico, los oferentes debiesen ser capaces de conocer esa preferencia para satisfacerla. Si el oferente tuviese conocimiento preciso sobre las noticias que mayoritariamente se demandan o aquellas que requieren de una mayor regularidad en su producción, este volcará sus esfuerzos en satisfacer ese nicho porque quiere estar presente como el medio de comunicación que satisface la demanda de los consumidores. El software entonces funcionaría como un generador de información de la demanda en cuanto permite a los usuarios generarlas basadas en su propio criterio, es decir, el criterio del demandante.

Sobre el criterio del oferente

Ya hemos visto a lo que nos referimos cuando hablamos de criterio del oferente. Es el juicio que determina las características del producto que se transará en el mercado. Es decir, las características del contenido en términos de clasificación, regularidad y relevancia de la información que se produce. En los párrafos anteriores señalamos como ejemplo el cargo de un editor de un periódico o canal de televisión. En el editor recae la responsabilidad de clasificar la información, indexarla en los folios correspondientes (clasificar), como también de asignar recursos para mantener una cierta continuidad (regularidad) y también la importancia de una noticia (relevancia), decidir por ejemplo cuándo la enfermedad de un político es de suma relevancia y cuándo no lo es.

Debido a las limitantes tecnológicas existentes en épocas anteriores a la aparición de las TIC, la responsabilidad de decidir sobre las características del producto se consensuó como “perfecta” con el modelo del editor. Operábamos bajo el supuesto de que, en el rubro de la producción de información noticiosa, existen especialistas capaces de decidir las características del producto, clasificación, regularidad y relevancia, mejor de lo que lo podemos hacer nosotros, depositando confianza en su expertise y criterio profesional. Y por tanto, de la totalidad de eventos ocurridos en un día cualquiera, confiamos en el criterio de un editor para seleccionar de entre todos ellos, cuáles correspondían a temas políticos, económicos, nacionales e internacionales. Confiamos en él para sistematizar y seguir de cerca la información de un determinado tema. Creímos ciegamente en el criterio del editor para convertir un evento cualquiera en un titular de prensa o en un pequeño párrafo oculto.

Las críticas que puedan surgir ante este modelo del editor son necesarias pero no deben ser exageradas. Utilizando nuestro máximo potencial tecnológico, sólo pudimos crear un sistema como ese y por tanto no es del todo correcto responsabilizar a los oferentes sobre aquella disparidad. Esa asimetría de poder de información se dio de manera natural en cuanto la tecnología para manejar tal flujo de información no existía. Cuando millones de personas no podían emitir la información relativa a sus preferencias (criterio de la demanda), estos sólo podían aceptar el producto que el oferente diseñara bajo su criterio. Entonces, es incorrecto asignar responsabilidad en esta asimetría de poder de información a un agente del mercado en particular, sea demandante u oferente, ya que el desequilibrio se produce de manera natural (en favor del oferente) en cuanto muchos demandantes no pueden hacer público sus propios criterios.

A pesar de que sabemos sobre la disparidad natural que existe en la información que manejan oferentes y demandantes, este asunto abre un área de preocupación legítima para quienes estudian el efecto del contenido noticioso sobre la opinión pública. Grandes teorías explican la incidencia de los discursos que se repiten en los medios de comunicación masivos y de cómo estos llegan a condicionar la opinión pública y a producir un efecto alienador y normalizante sobre los individuos en sociedad. Si bien la tarea técnica de caracterizar el contenido de la información noticiosa cae sobre el editor, es importante señalar que la decisión última no necesariamente es la suya. Naturalmente, los grandes grupos económicos encuentran en la empresa de producción de información noticiosa una herramienta más para moldear a las masas y formular las condiciones que ellos decidan. Estos grupos buscarán ejercer algún tipo de influencia sobre la prensa para condicionar la opinión pública. Este hecho distorsiona aún más la relación entre información y democracia. La destruye porque la esencia de la información política es dar a conocer al ciudadano el correcto funcionamiento del sistema político de manera objetiva. Cualquier manipulación de esta información, sea bajándole el perfil a un evento contingente o popularizando eventos irrelevantes, genera una distorsión en la formación de la opinión pública. El ciudadano requiere un relato objetivo de los hechos y por sobre todo responder a sus propios criterios. Es por esto que la asimetría de poder de información y decisión sobre las características del contenido de la información noticiosa constituye un problema de importancia para el correcto desarrollo de una democracia o cualquier otro régimen que se muestre dispuesto a una amplia distribución de poder. El perpetuar la asimetría implica ampliar las probabilidades para ejercer control social por el grupo económico que utilice los medios más eficaces en la transmisión de información. Al haber asimetría, aumentan los incentivos por dominar la prensa y establecer discursos que condicionan el pensamiento de los ciudadanos. Si nuestra tarea es perfeccionar los sistemas democráticos que dependen en gran parte de la información objetiva que circula en la prensa, debemos atender este problema ya que genera todos los incentivos para que grandes grupos económicos ejerzan dominio en el área comunicacional y con esto rompiendo con el principio de información objetiva y pluralista que requiere la democracia.

Nos sostenemos ahora en la teoría sobre el poder de la información, aquella que sostiene que a mayor información, mayor poder. Esta tiene la capacidad de crear realidades. Basados en la información que recibimos somos capaces de crear clasificaciones y jerarquías sobre los eventos que acontecen a diario. Cuando un determinado tema se repite constantemente en los medios de comunicación masivos, este se convierte en el tema más relevante para una gran parte de la población que consume ese medio de comunicación. Los minutos y el énfasis destinado a transmitir un evento en particular, descienden del criterio del oferente, que es altamente susceptible de ser incorporados por el demandante. Podemos ver esta dinámica en desarrollo cuando observamos el cambio en la conducta de las personas en semejanza al horario de la programación de TV o radio. La gente se comporta de manera similar a lo que está en curso. La mayoría de la gente opta por adaptarse al contenido.

Sobre el criterio de la demanda

Es importante aclarar que en la asimetría de poder de información que se da en el mercado de la información noticiosa, el oferente no detenta un poder absoluto por sobre el demandante. El precio al que se transa el producto no es completamente inelástico. Es decir, el oferente no está en plena libertad de cambiar su producto y contar siempre con una demanda. En cuanto éste decida publicar sistemáticamente un tema sumamente impopular, es altamente probable que su demanda se reduzca considerablemente. Este es el fenómeno que regularmente vemos en la programación de canales de televisión. La clasificación, regularidad y relevancia del contenido que se produce está en parte determinado por la demanda observada sobre el producto. En cuanto más televidentes observan una determinada serie de televisión, más incentivo hay para los productores por satisfacer esa demanda y continuar produciendo más de aquel producto. En gran parte, el éxito de un canal de televisión (o de cualquier oferente) proviene del conocimiento que ellos tengan sobre las preferencias de la demanda. En cuanto conozcan cuál es el producto que más se requiere, más ofertas de ese producto habrán. Hay un proceso de feedback entre ambos actores. Y ese feedback se optimiza en cuanto la información disponible sobre los criterios de oferentes y demandantes son ampliamente conocidos por su contraparte. El oferente cuenta con la capacidad de dar a conocer las características de su producto (y el criterio de la oferta) en cuanto lo publica. Para el oferente basta posicionar su producto en un espacio público, sea en un quiosco, en un aeropuerto, plaza, etc, para que los consumidores conozcan cuál es el criterio de la oferta. En el proceso inverso, la información de la demanda no se da a conocer de igual forma. Los oferentes cuentan con algunas técnicas para generar esa información, y recurren por ejemplo al rating televisivo para contabilizar los espectadores de un show. En ocasiones se realizan focus groups para determinar las preferencias de los consumidores, pero todas ellas resultan complejas, poco representativas y costosas, razón por la cual el oferente aún conserva algún poder por sobre la demanda en cuanto sigue siendo su criterio el que determina las características del producto. Es más fácil expresar el criterio de un oferente, que el de millones de demandantes. La asimetría entonces, se da en la información disponible de ambos actores. Mientras los demandantes conocemos todas las características del producto en oferta (el criterio del oferente), los oferentes no conocen todas las características del producto en demanda (el criterio del demandante).

Mecanismos para generar información de la demanda

Mencionamos anteriormente que los mecanismo existentes para obtener esta información eran complejos, poco representativos y costosos y tan solo de acceso para los grandes de la industria noticiosa. Entre ellos se encontraba el rating, los focus groups y también las encuestas de opinión.

Existe una crítica adicional que realizar sobre estos mecanismos. Inclusive si, como oferentes, contásemos con los recursos para obtener la suma de los criterios de los demandantes, no podríamos fiarnos de las respuestas que se obtienen de una sola consulta. Cuando nos fiamos de las respuestas que las personas dan sobre un determinado tema, omitimos la probabilidad de que gran parte de esas respuestas surgen para adecuarse a lo políticamente correcto, es decir, nos fiamos de las respuestas sobre responsabilidad electoral incluso cuando llegada la hora de la elección en nada coinciden las respuestas con la realidad. La gente, cuando interrogada, siente de manera inconsciente la necesidad de responder un ideal en vez de una realidad. Si bien estos asunto corresponden al análisis de método, es importante considerar que lo mencionado es teóricamente posible de ocurrir.

Consideramos que como incentivo para aumentar la oferta de información noticiosa y romper con la asimetría de poder de información, es necesario encontrar un mecanismo para generar la información de la demanda. Más aún, la forma de agregar la demanda por información noticiosa y hacerla pública. De esta forma ahorramos a todos los potenciales productores de información noticiosa la tarea de agregar los temas que se demandan y de paso informar a los consumidores con las noticias que ellos realmente desean conocer.

Como mencionamos en el inicio, las capacidades técnicas existen y ya se encuentran masificándose y haciéndose disponibles cada minuto. En específico creemos que la solución al problema de la asimetría de poder de información está en la implementación de un software que otorgue la capacidad de:

  1. Ingresar las temáticas de interés del demandante y con esto dar a conocer su propio criterio.
  2. Agregar la suma de demandas. Esto implica realizar un trabajo sobre aquellas demandas para que sea información legible.
  3. Publicar esta agregación de demandas para que cualquier potencial productor de información noticiosa tenga conocimiento real de lo que se demanda.

Esos tres pasos deben cumplirse en la funcionalidad del software. Tomar información de los usuarios, en específico de sus demandas por información noticiosa y hacerla pública. Todos los pasos son relativamente fácil de programar y hacerlo accesible a todo público. La idea es mecanizar el proceso y permitir que los usuarios que utilicen el software para maximizar el tiempo que gastan informándose sobre temas que ya han seleccionado como relevantes, evitando asi que el criterio del oferente determine su propio consumo.

Conclusión

Habiendo revelado el problema existente en el mercado de la información noticiosa, nos hemos propuesto resolverlo utilizando tecnología. Consideramos que es necesario que la ciencia política expanda su conocimiento y se mezcle con otras disciplinas para producir soluciones a problemas que requieren ser abordados con creatividad. Las TIC proporcionan una excepcional instancia de experimentación para todas la áreas del conocimiento humano. Tanto el hardware como el software permiten la concepción de soluciones impensadas. Es de esperar que más propuestas en esta línea surjan de iniciativas privadas, universidades e incluso el sector público.

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