Tecnología y el retorno a la naturaleza

A pesar de todas las proyecciones, la tecnología no busca saturar cada espacio de nuestras vidas, de hecho, será el instrumento que nos llevará de vuelta a la naturaleza.

Los adelantos tecnológicos de nuestra era nos han llevado a pensar sobre la excesiva predominancia de los aparatos. Se ha vuelto natural caminar por las calles y observar a gente pegada a su smartphone. Las personas, aparentemente, nos hemos convertido en adictos a la tecnología y hemos dejado de lado prácticas cotidianas como la conversación cara a cara, contemplar nuestro entorno o fijar nuestra atención por más de cinco minutos en algo que no aparezca en una pantalla.

Son múltiples los críticos de tal situación. Desde los primeros grandes críticos al desarrollo tecnológico a finales del siglo 19 hasta los actuales columnistas de blogs (la ironía de la vida) han mencionado su malestar ante el incremento frenético de las invenciones humanas. Recientemente, Cristian Warnken, escritor y columnista de El Mercurio, escribió una columna en donde menciona el embobamiento de nuestros más jóvenes con los aparatos tecnológicos, reclamando una falta de reflectividad de parte de los padres quienes privilegian la calma que brinda el interactuar con una pantalla táctil, por sobre contemplar y disfrutar de la naturaleza.

Si bien tales críticas tienen un muy buen punto sobre el uso actual de la tecnología, existe una reflexión que es necesaria tomar en cuenta para hacer justicia al producto del ingenio humano.

La tecnología no es un fin en si mismo. Ella es un medio para superar, tanto una condición de la naturaleza — la escasez — , como para desarrollar nuestro intelecto — crear y compartir contenido — . Desde que dejamos de ser animales funcionando por instinto, los hombres hemos querido materializar aquello que concibe la mente humana, al mismo tiempo que nuestras necesidades más básicas — seguridad y alimento — son satisfechas por nuestras propias invenciones. Y así nacen las armas y la agricultura, la división del trabajo y las máquinas que incrementan exponencialmente nuestras capacidades naturales. No creamos estos instrumentos para gozar de ellos, los creamos para superar una situación que nos parece indeseable, lo que comunmente llamamos “la ley de la selva”.

Los críticos a la actual relación de los hombres con la tecnología, cometen el error de pensar que el desarrollo tecnológico es lineal. De esta forma, pensamos que toda invención, en cualquier ámbito, busca inmiscuirse en nuestras vidas en la medida que pensamos — falsamente — que son necesarias. Una imagen recurrente es pensar que el desarrollo teconlógico llevará a todas las naciones del mundo a asimilarse a Tokio, en donde los destellos del LED y el circuitaje eléctrico lo saturan todo. Del mismo modo, la proyección lineal nos lleva a pensar que la vida humana será similar a lo expuesto en la película Wall-E, en donde los humanos vivimos echados en un sillón, satisfaciendo absolutamente todos nuestros deseos presionando botones. Bajo el prisma lineal, el mundo será una comunidad alejada de la naturaleza y estrechamente atada a los aparatos tecnológicos.

Los humanos del futuro según Pixar.

No obstante, el desarrollo tecnológico no es lineal. La constante renovación de aparatos — Apple saca un nuevo iPhone todos los años — no obedece a una necesidad de acumular tecnología. Nuestra vida no se hace mejor porque tenemos más aparatos. De hecho, puede argumentarse que la dinámica es diametralmente opuesta. El iPhone se hace cada vez más liviano, eficiente y bello, con el único propósito de satisfacer la necesidad esencial que encontramos al usar el aparato, a saber, comunicar e informar de la manera más eficiente y estéticamente apreciable posible. Recordemos que hace 20 años las oficinas se saturaban de faxes y fotocopiadoras. Hoy en día los archivos ya casi no se imprimen y el fax ha pasado a los confines de la historia. Las mismas tareas que antes hacíamos con aparatos gigantes y toscos, hoy se hacen en aparatos pequeños y bellos. El volumen de la tecnología se ha reducido enormemente.

El desarrollo tecnológico parecía un proceso lineal, no obstante, se asemeja más a una curva gaussiana. Desde nuestro estado más natural — pensemos en el mundo antes de la revolución industrial — en donde la naturaleza era el escenario principal, hasta el Tokio o New York de los 90', el incremento de aparatos tecnológicos se encontraban al alza (el lado izquierdo de la curva de gauss). El mundo rural, los campos y las praderas, iban en dirección a convertirse en la Metropolis de Fritz Lang o en los Tiempos Modernos de Chaplin. No obstante, llegamos a un punto peak de tal evolución. Paulatina y tímidamente comenzamos el tramo descendente del desarrollo tecnológico. En la medida que nos saturamos de aparatos y satisfacemos nuestras necesidades, el hombre comienza un proceso reflexivo sobre el sentido de la tecnología. Y cada vez, los aparatos se hacen más pequeños, menos intrusivos, más bellos y funcionales a la tarea de superar la escasez del mundo natural.

Curva de Gauss

Eventualmente, podremos convenir, que el desarrollo tecnológico nos llevará a una emancipación del trabajo como tradicionalmente lo conocemos. Es imposible no reflexionar sobre los efectos que tendrá la automatización y la inteligencia artificial sobre la producción de recursos necesarios para la subsistencia humana. La producción de comida, vivienda, captura de energía e incluso salud, serán tareas delegadas completamente a máquinas, liberando al hombre de ese tipo de trabajo y permitiéndole desarrollar partes más esenciales de su psicología — la cultura, las ciencias y las artes — y biología — su capacidad y belleza física — .

Automatización de la agricultura.

Aquí volvemos a nuestra más pura esencia. Los humanos necesitamos, de manera natural, estar cerca de la naturaleza. En vez de estar postrados en un sillón viendo Netflix todo el día, deseamos practicar deportes — tan solo observemos el incremento en las suscripciones a gimnasios y prácticas deportivas — . El cuerpo reacciona positivamente hacia la actividad física. Desde la biología se comprueba que el deporte promueve estados de bienestar mediante la producción de neurotransmisores como endorfina, dopania y serotonina. Del mismo modo, cercanía a ambientes exteriores promueven estados similares. Queremos argumentar que existe, de algún modo, una predisposición natural hacia una vida estrechamente relacionada con la naturaleza.

De a poco nos damos cuenta que la tecnología ha sido un aliado en nuestra búsqueda de la buena vida, sólo en la medida que nos permite volver a ser seres más naturales. Ella tiene el potencial llevarnos de vuelta a contemplar y disfrutar de la naturaleza. A apreciar las relaciones sociales cara a cara, a perseguir y apreciar la resistencia que nos ofrecen los deportes. Esta vez, despojados de la necesidad de estar atados a superar las condiciones de escasez que existen en la naturaleza.

..existe, de algún modo, una predisposición natural hacia una vida estrechamente relacionada con la naturaleza. De a poco, nos damos cuenta que la tecnología ha sido un aliado en nuestra búsqueda de la buena vida, sólo en la medida que nos permite volver a ser seres más naturales.

Armonía entre naturaleza y tecnología.

Sin duda hay motivos para reprochar el uso excesivo que hoy en día la gente le da a la tecnología. No obstante, no podemos olvidar que toda nueva invención requiere de un tiempo de asimilación, de comprensión de las necesidades que, en esencia, satisface. El objetivo de un iPhone no es estar conectados a través de una pantalla con el mundo, sino que de satisfacer nuestra necesidad por acceso a información y conectividad tan solo cuando sea necesario. El resto del tiempo, los humanos deseamos desarrollar nuestro intelecto y nuestra capacidad física. Compartir ideas y llevar a cabo proyectos. Es parte de nuestra naturaleza. Paulatinamente la tecnología nos llevará a ser mejores artistas, mejores lectores y mejores deportistas. Pero este tramo descendiente del desarrollo tecnológico recién comienza. Las críticas a la situación actual deben tener siempre en mente que este proceso no es lineal y que nos encaminamos a una vida más cercana a la naturaleza.

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