Schörindger Ladrón/Obrero

Estoy viviendo en una Planta Baja, la entrada es una reja negra que va del piso al techo con unos paneles opacos sostenidos por tornillos, bien podría estar viviendo en una casa, porque esa entrada da directamente hacia el patio del edificio

Es un lunes a las 7.30am y yo estoy adelantando trabajo en la laptop dentro de uno de los cuartos, topless (yo, no el cuarto).

De repente escucho el ruido que escucharías si el frente de tu casa tuviese paneles de plástico pegado a metal y una horda de chavistas se entera de que hay pollo adentro. THATRSHASTAARRATAHKKKKKWGGAGAGATTTT.

Sí es letrado en el arte de leer onomatopeyas inventadas, entenderá el pánico que sentí en ese momento. Pensé que o alguien estaba intentando desmontar la reja para entrar o, en el mejor de los casos, primero estaba quitando el plástico, lo cual para ser el mejor no era un caso muy bueno.

Lo primero que hice fue cerrar la puerta con seguro, lo segundo fue escribirle a mis dos grupos de Whatsapp para informarles que estaba en pantaletas en la casa sola cuando alguien estaba intentando meterse, así que si moría me parecía especialmente importante que supieran que los clichés de películas de terror no son rebuscados.

Lo siguiente fue escribirle a mis tíos (el apartamento se lo alquilé a ellos), pidiéndoles el número del obrero que debió haber ido la semana pasada a arreglar una filtración en el techo (y no fue) a ver si por casualidad era él con una incontenible necesidad de desbaratar el frente de la casa (en retrospectiva tiene su chiste que de alguna manera un conocido con ese impulso se me antojaba preferible a un desconocido).

Luego, tuitié la importante información sobre la innegable realidad de los clichés en películas de terror en el área de que las mujeres solo andan semidesnudas cuando las atacan en su casa.

Eventualmente, el ruido cesó. Eran las 8am, esto me hizo pensar que ya el puesto de empanadas (solo 120bs) debía estar abierto, por lo que sería predecible que el Schörindger ladrón/obrero hubiera ido por unas. Al menos yo habría ido de ser cualquiera de los dos.

Mientras tanto, mis llamadas no salían. Otro cliché de película de terror que se materializaba en la realidad. Por otro lado, si tienes una emergencia en Venezuela, y te sale la llamada ¿De verdad estás en Venezuela?

Ah, en algún momento antes de, tal vez, salir a comer empanadas, alguien había movido el picaporte del cuarto pero no lo había forzado. Eso y la posibilidad de que se hubiera ido por empanadas, se inclinaba hacia el obrero.

Entiendo perfectamente que asociar minutos de silencio con ir específicamente ir a comer empanadas no se basaba en nada más allá de mi gusto por esas empanadas y que se podía deber a cualquier otra cosa. Por eso mismo, no salí a confirmar, por mucho que quisiera empanadas.

Un amigo insistía en llamar a la policía.

Pero como dije, mis llamadas no salían. Otra amiga decidió googlear y llamar ella a Polibaruta. Encontró 4 números, 3 no le contestaron, un cuarto amablemente devolvió la llamada pero aseguró no ser tal persona conocida como Polibaruta y trancó. El quinto resultó ser el número de Polibaruta.

A las 8.30am creo que escuchar el ruido ghsgshhhhhhh que caracterizan a las comunicaciones por radio, que a su vez caracterizan a las comunicaciones que suelen tener los policías, esto me llevó a la deducción que había llegado la policía. Que aunque mejor sostenida que la de la empanadas, la duda fue suficiente para no abrir la puerta aún.

Mi amiga me dijo que le dio mi número a los de Polibaruta que ya estaban en el edificio pero, por supuesto, las entradas no entraban.

Cuando el sonido de la radio fue indiscutible y provenía fuera de la puerta del cuarto, salí.

Obviamente, era el obrero.

Estaba detenido.

Obviamente, ya no me iba a dar empanadas.

Entiendo perfectamente que pensar que me iba a dar empanadas no se basaba en nada más allá de mi gusto por las empanadas.

Like what you read? Give Epiphany a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.