2015. Porqué me retiré del rescate animal

Hace meses abrí esta app y supuse bien que a finales de 2015 iba a tener de qué hablar. Qué año tan loco y raro y doloroso y a la vez tan feliz y de crecimiento y cambio de hábitos y en muchos sentidos de superación. Me di cuenta de lo fuerte que puedo ser y por primera vez llevé al límite mi cuerpo y mente al aprender a hacer uso correcto de la bici urbana.

Siempre he tenido obsesión con las barajas que me encuentro tiradas en la calle, las guardo y luego busco qué significan. Me gusta el pensamiento mágico, quizá por eso de niña era encabronadamente miedosa, era muy fantasiosa y veía mil cosas, yo quería verlas y me moría de miedo siempre.

Un día de febrero me encontré una baraja, que creo era un 3 rojo y la guardé, y pasaron 2 días. Esa mañana tenía que ir al centro, caminando con mi perra, y por alguna razón sentí muchas muchas ganas de pasar por el altar a la santa muerte que hay en la M Diéguez. Siempre me muero de ganas de tomarle fotos, pero como ya dije, soy muy pinche fantasiosa y me gana el miedo. Ese día por alguna razón me senté un poquito en la banqueta frente a ella y la miré un rato. Pensé en la muerte y me sentía rara porque realmente no sabía por qué estaba ahí, ¿algo me llamó? ¿qué hago aquí?, pensaba, pero como soy tan fantasiosa nunca me hago mucho caso. Me pregunté también si los cholos le pedían que curara a sus pitbull roñosos XD y nada me pareció más apropiado que pedir por ellos a ella. Luego de un rato me levanté y me fui caminando con mi pitbull roñoso.

Esa noche nos acostamos temprano y yo estaba realmente muy dormida, casi no escucho el celular, pero me desperté y vi que era mi prima Karla, y casi no le respondo porque tiene la costumbre de llamar desde la peda para cotorrear, pero contesté y me dijo llorando: “Prima, es que pasó algo horrible. Tu papá tuvo un accidente”. Y pasamos el peor 14 de febrero de nuestras vidas y durante las próximas semanas todo fue un caos. Curiosamente, muchas de las cosas que pensé frente al altar de la M Diéguez me ayudaron en esos momentos: que quien muere ya la hizo y quien sufre es quien se queda. Luego el padre en la misa dijo algo muy parecido, en un sermón cuya premisa era la de Entrevista con el vampiro: lo horrorosa que sería la vida eterna.

Decidí entonces que iba a tener un luto, pero que sufrir era opcional. Hubo muchos sentimientos, algunos positivos algunos negativos, algunos momentos de mucho coraje por la forma en que algunas personas se tomaron la muerte de mi padre, monopolizando el dolor, llevando el luto a lo tragicómico y ya mejor me callo. Considero un momento que me sigue haciendo crecer, porque todos los días surgen sentimientos qué trabajar.

Días después del funeral y ya con todo más en orden, se me ocurrió buscar la baraja que había encontrado y buscar qué significaba. “Recibirás una herencia”, decía.

El dolor del duelo es una cosa bien tangible, es real, y es muy raro poder decir que de repente lo conoces tan bien, lo identificas y es como si algo se activara dentro de ti y se volviera una pieza más de tu rompecabezas.

Cuando conocí a Elba acababa de decidir que sí quería un perro. En las caminatas y algunos eventos conocí a los perros del club y me encantó saber que un perro puede ser más que un pseudoniño odioso; los vi entrenados, haciendo deporte y decidí que yo quería eso. Después de 29 años ODIÁNDOLOS.

i’ve been downhearted baby ever since the day we met…

En eso se convirtió la vida desde que Elba llegó hasta que Elba se fue. Su llegada fue parte de una cadena de coincidencias. Un día se me pegó la locura de querer cocinar pechugas rellenas de uvas y queso crema, empanizadas con coco. Recorrí las tiendas a la redonda buscando uvas, hasta que una morra me dijo que a unas cuadras se ponía un tianguis y que ahí seguro vendían. Fui y en el camino vi una perra flaca y maltratada que me estrujó todo y al otro día regresé a buscarla. Resulta que sus amos estaban muy enfermos y ya no podían tenerla. “Rogaba a Dios que alguien viniera a pedírmela”, me dijo ella.

Desde ese día Elba se fue a vivir conmigo y (8) i’ve been downhearted baby ever since the day we met (8) porque siendo una perra de casi 11 años, recibirla y conocerla y amarla, era bajo la condición de que sería para dejarla ir. Elba fue para mí psicóloga, compañera y maestra. Me enseñó a ser perro. Siempre consideraré que es el amor de mi vida, y aprender a amarla y a dejarla ir, es lo más difícil y enriquecedor que me ha ocurrido en la vida. Estuvo poco más de 2 años conmigo, y la dejamos ir en mayo. Cuando la vi respirar por ùltima vez, ese dolor tan reciente volvió y lo reconocí. Es algo que te aprieta por dentro y te ahoga. Es real. Un día antes de dormirla la llevamos a visitar a su primera familia, quien no quedó muy convencida de que ya era hora. Lo confirmé el otro día que los vi en la calle y la señora me ignoró.

Mucha gente no entendió por qué pusimos a descansar a Elba si “no estaba mal”. Yo no quería esperar a que lo estuviera, había pasado por muchas cosas en el último mes y era obvio que todo en adelante sería así: deterioro y dolor. La naturaleza no es sabia, los animales no pelean por su vida, son sus cuerpos los que se resisten a morir, y muchas veces amarlos es dejarlos ir. “No podemos ser egoístas con ellos que nos dan tanto amor”, me dijo Agustín y sus palabras fueron bálsamo pa mi alma.

Con la partida de Elba, para mí la vida recuperó cierto color, debo decirlo, ya no había dolor, ni para ella ni para mí que vivía angustiada pensando en cuánta y qué tipo de vida le quedaba a mi perra.

Eso y otras cosas me dejaron un poco desgastada emocionalmente del rescate animal. Además, en tanto me adentraba en el conocimientos y reflexión de los problemas que aquejan a las personas, que me aquejan a mí como mujer, me di cuenta que pelear por los animales es justo pero no prioritario. Por lo menos no como una causa independiente, sino desde la intersección con otras. El problema es que las personas que apoyan esa causa son demasiado fantasiosas, y yo mejor que nadie sé que la fantasía no ayuda mucho. Quieren que alguien se ocupe de crear un marco legal que proteja a los animales, pero no quieren hacer uso de él, prefieren organizar linchamientos virtuales en fb o simplemente “decretar” dolor para los malosos. Tampoco comprenden que no puedes proteger al perro del niño, si el niño y su mamá viven violencia, y que no puedes enseñar a la gente a cuidar a los animales cuando nadie los cuida a ellos.

También acercarme al mundo tan disciplinado de los pitbull de game me hizo darme cuenta que rescate animal y tenencia responsable son dos cosas muy distintas y a veces contrapuestas.

En junio más o menos recibí mi bicicleta y mi vida dio un giro muy cabrón. Dejé de depender de que David me llevara a ciertos lugares, de que el camión pasara y de apurarme horrores en la chamba para alcanzar la última ruta y no pagar taxi. Dejé de tener que soportar acoso callejero y en el transporte público y hasta de preocuparme por la ropa que me pongo. Recuperé mucho de mi guardaropa y de la seguridad perdida debido a la violencia que las mujeres sufrimos en la calle. Por primera vez en la vida descubrí lo positivo y exorcizante que resulta el ejercicio y lo bien que se siente cuidar tu cuerpo genuinamente, sin matarte de hambre o hacer dietas estúpidas.

Lo que más le agradezco a 2015 es mi comprensión y asimilación del feminismo, es algo que cambió por completo mi comprensión del mundo y la forma en que me relaciono con él. También me ha dado la oportunidad de reconocerme como mujer y quererme como tal. Me ha liberado de la necesidad de aprobación masculina, del eterno suplicio de ser o no ser sexy, de gustar o no gustar. Me ha liberado por completo.

Es por eso que dejé de lado el rescate animal, porque entendí que había mucho que trabajar EN MÍ, y PARA MÍ, que dedicar todo tu tiempo a la causa de los animales sólo significa dos cosas: o que eres muy privilegiado para darte el lujo de ocuparte en eso o que eres una persona muy corta de reflexión para entender que hasta no resolver los problemas de las personas, las acciones que se hacen en favor de los animales son simples paliativos.

Entre más me adentraba en el feminismo más pensaba que la causa de los animales distrae en gran medida de la causa de las mujeres. Basta ver lo que se está haciendo en el Estado de México, donde incluso en Valle de Bravo los perros se considerarán personas no humanas. ¿No es una pinche burla considerando que Edomex es el lugar más jodido e infernal para ser persona? Ahora no puedo dejar de pensar que preocuparse exclusivamente por los animales no hace más que distraer al oprimido para ayudar al amo, pues vuelvo a lo mismo: ¿qué vida tan privilegiada debes tener, siendo una persona que se ocupa, para vivir en un entorno en que la gente no necesita nada y te puedes ocupar de los animales?

En fin.

Ya de salida de 2015, lo recordaré siempre como el año más importante de mi vida, sin duda. Tanto aprendí…

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