Dibujo Nama Cega

De la escritura no pude safarme

No tengo una obra y, seguramente, no la tendré. Esto que parece un lamento no lo es. Por el contrario, me he liberado de aquella idea que exige intentar lo imposible. Me he quedado con lo que esto sea.

Una insistencia, tal vez el nimio intento de lo que se quiso ser y se dio por vencido. Ah, se siente tan bien el lugar del vencido. Detenerse y sentarse en una piedra, levantar la cabeza y observar. Sin distancia.

Yo, que he renunciado a todo y lo he disfrutado, nunca creí que reunciaría también a esto. A la idea de tener una escritura que diera cuenta, por fin, de la sensación de quien no se olvida, de quien al estar atento está en otra parte, en la infinitud de un constante estar afuera.

Así que, a pesar de que el soltarla siempre fue mi primera opción, no pude safarme de la escritura. No sé quién no soltó a quién. Y esta salida, que no es más que un rincón en la misma sala, ahora es mi tangente. La carta de la no-escritura que no sabía que tenía y que ahora uso sin ambigüedad.

Por: L. C.

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