El ciclo 1880–1913, visto en clave industrial

Entre 1880 y 1913, etapa de fuerte expansión para nuestro país, la industria manufacturera vivió un período de crecimiento casi sin paralelo que merece un mayor grado de atención y que éste escape a los debates ideológicos que, en cierta medida, tiñeron tan importante objeto de estudio. Y a veces -para lograr tal proeza- no hay más que ir a las fuentes en apariencia más básicas.

Y esa fuente de base, en este caso, no es otra que el Censo de 1914 y su comparación con los resultados arrojados por el anterior Censo, de 1895.

Observar la evolución industrial argentina en ese largo período de casi cuatro décadas, en ese sentido, aporta nuevas claves y abre múltiples aristas.

Quizá la parte más ilustrativa de ese progreso reside en el número de establecimientos encuadrados dentro del sector industrial a grandes rasgos. En el país había nada menos que 48.779 entre pequeños, medianos y grandes en 1913 contra un total de 22.204 de 1895, representando un salto de casi el 120% en apenas 19 años.

El conjunto de establecimientos industriales empleaban a 145.650 personas, con el sector textil a la cabeza entre las distintas ramas, mientras que en 1913 ese número ascendía a 410.201 trabajadores, prueba de un crecimiento incluso mayor que el registrado en la cantidad de emprendimientos: si el número de asentamientos industriales progresó en 120% durante esas casi dos décadas, el personal subió en 182%.

En otras palabras, la cantidad de trabajadores pasó de 6,5 por establecimiento a 8,4 entre 1895 y 1913.

Como es de esperarse, el avance del capital invertido, por su parte, resultó todavía más espectacular entre ambas fechas. Éste trepaba a $284 millones m/n en 1895 pero, casi dos décadas más tarde, superaba los $1.787 millones m/n o -dicho de otro modo- unas 6 veces más, otra prueba de la expansión lograda en esos años.

Cabe señalar que en la última década del siglo XIX, el país todavía estaba saliendo de la crisis financiera desatada en 1891 y cierto clima de inestabilidad política que dificultó su normalización, con la cuestión monetaria y cambiaria entre las principales preocupaciones macroeconómicas. La parte más virtuosa de este ciclo altamente favorable vendría, propiamente dicha, con el comienzo del nuevo siglo.

Usando números de la CEPAL en Análisis y Proyecciones del Desarrollo Económico (tomo 5), surge que la inversión bruta fija en el sector industrial creció a una tasa del 16% anual, a precios constantes de 1950, liderado por privados, cuya expansión fue de 23% y con el agregado de que las inversiones de capitales nacionales evolucionaron más que las extranjeras (24,6% contra 21,1% respectivamente). Y más remarcable aun es que la industria progresó al 7% anual entre 1900 y 1913 aunque el Producto Bruto Interno total registró una tasa promedio del 6,4%.

Ese último es un dato contundente. La industria conseguía una expansión superior a casi todos los demás sectores de la economía, era una de las actividades más dinámica del país y no la actividad agropecuaria como acostumbramos a leer, a pesar que esta última, por supuesto, explicaba no solamente casi la totalidad de las exportaciones sino también la mayor parte del empleo en las provincias y territorios del interior.

Cada uno de esos guarismos, asimismo, merece un acercamiento más detallado para entender lo que estaba en juego durante esos años. Así como el progreso fue sorprendente, también es cierto que la industria argentina de gran escala recién daba sus primeros pasos y había algunos problemas de competitividad por solucionar en los años previos a la Primera Guerra Mundial, además de ciertas vulnerabilidades externas que, finalmente, ocurrieron con la conflagración.

Lo importante es señalar, con los números presentados arriba, que la industria nacional ya era uno de los sectores con mayor dinamismo antes de 1945 e incluso 1930, a contramano de cierta literatura que sugiere a ambas fechas como claves. Por el contrario, puede que el período de entreguerras o las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial hayan generado cambios en la composición sectorial en la industria o demandado políticas más activas que antes. Pero la realidad marca que Argentina, por suerte, tenía un creciente entramado industrial con anterioridad.

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