5 películas que influyeron en The Hateful 8

Uno de los directores más versados en las tradiciones del cine de género, Quentin Tarantino suele construir sus trabajos a partir de referencias y homenajes a las películas que ama. Su último film no es una excepción. Desde lo argumental, lo formal y hasta en su vínculo con los actores, éstos son los títulos que más influyeron en la octava (¿la odiosa octava?) película del realizador de Pulp Fiction

El enigma de otro mundo (The thing, 1982).

Esta es una película de ciencia ficción, dirigida por John Carpenter y basada en un film homónimo de 1951, el debut en la dirección del montajista Christian Nyby (con una ayudita de Howard Hawks). Ambos films son extraordinarios, aunque el de Carpenter sigue teniendo un impacto similar al del momento de su estreno gracias a los espeluznantes efectos visuales creados por Rob Bottin (también existe una suerte de remake/precuela del 2013 que es perfectamente olvidable). Basados en un relato de John W. Campbell, estos films cuentan la odisea de un grupo de científicos aislados en una base antártica, que hallan una nave extraterrestre con un ocupante aparentemente muerto y preservado en el hielo. Como es esperable, el alien no está muerto y pronto se descubre que puede replicar la forma de cualquier ser vivo. ¿Qué tiene que ver esto con el western de Tarantino? No sólo comparten a Kurt Russell en el protagónico sino que su planteo es idéntico: un grupo de personajes en un lugar cerrado, en medio de un paisaje nevado y desértico, deben confrontar unos con otros sabiendo que varios de ellos podrían no ser lo que aparentan. En el caso de la película de Carpenter podrían ser replicas extraterrestres de humanos y en el caso del film de Tarantino, asesinos al servicio de Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), la mujer que John Rutt (Russell) conduce hacia el cadalso. Como en El enigma, aquí Russell también está seguro de que bajo los rostros amigables que lo rodean hay algunos enemigos mortales y debe decidir en quién confiar.

Eran diez indiecitos (And then there where none, 1945)

Este film, uno de los mejores del período norteamericano del gran realizador francés René Clair, fue la primera de las muchas versiones del texto homónimo de Agatha Christie (llamado Ten Little Niggers en su versión original, aunque el nombre luego se cambió por ofensivo). La novela es la más célebre de la extensa obra de la autora inglesa y su argumento fue usado tantas veces que ya se volvió un subgénero en sí mismo: un asesino oculto en un grupo de desconocidos los va liquidando de a uno. Esta progresión de muertes es toda la trama, que concluye con la revelación del homicida y la razón de los asesinatos. En la novela de Christie, diez personajes con un cadáver en el placard son llevados bajo diferentes pretextos a un isla alejada, donde todos encuentran su fin. Tarantino reveló en varias entrevistas que se había inspirado en esta novela para escribir el guión de Los 8 más odiados, al punto de que, según dijo quizá no muy en serio, el personaje de Samuel Jackson (“Marquis Warren”) llegó a llamarse “Hércules Negro” (Hércules Poirot es el detective que protagoniza muchas de las historias de la escritora, aunque no aparece en Diez indiecitos). En su film, Tarantino pretendió cruzar el spaghetti western con el misterio característico de las novelas de Christie. La película de René Clair es la mas lograda adaptación de ese clásico.

El bueno, el malo y el feo (The good, the bad and the ugly, 1966)

Recientemente Tarantino publicó una lista con sus spaghetti westerns favoritos. Previsiblemente, al tope estaba este film, una de las obras maestras de Sergio Leone y la entrega que concluye la trilogia empezada con Por un puñado de dólares (1964), que llevó a Clint Eastwood a la fama. Se puede objetar, con razón, que esta película es una influencia crucial en toda la obra de Tarantino y no apenas aquí. El spaghetti western es un western realizado fuera de Hollywood (la mayoría en España o Italia), con un cast de actores mayormente europeos, que funciona como una especie de concentrado del género: toma sólo lo esencial (la violencia, ante todo) y lo potencia casi al punto de la parodia. Para Por un puñado… Leone pidió “prestado” el argumento de Yojimbo, film de samurais de Akira Kurosawa, es decir que son muchos los intereses de Tarantino que pasan por estos films. En este nuevo trabajo, el director no sólo revisita a las convenciones de rubro (conflicto básico, villanos extravagantes, violencia total) sino que reproduce el estilo de Leone en una de las apuestas formales mas fuertes de la película: filmar en Panavisión (un formato apaisado, ideal para grandes exteriores) una historia que sucede casi enteramente en interiores. Tarantino, tal como Leone, usa el formato panorámico de modo que se extreme el contraste entre el plano general y el primerísmo primer plano de los protagonistas.

Igual que Bergman, estos dos directores usan los encuadres muy cerrados sobre el rostro para encender los momentos de mayor tensión. El magistral tratamiento del espacio en ese interior hace que uno olvide que casi todo el film sucede en una sola locación. La banda sonora de Ennio Morricone (el score que compuso para El Bueno… es quizás el más reconocible de la historia del cine), con quien Tarantino viene trabajando desde hace más de diez años, sella el vínculo con este subgénero.

La diligencia (Stagecoach, 1939)

John Ford llevaría el western a su cumbre con Más Corazón que odio (1956) y El hombre que mato a Liberty Valance (1962) pero este film suele ser reconocido como su primera obra maestra. Si bien los personajes son clichés (la prostituta con el corazón de oro, el médico borrachín) y la pretensión de mostrar al grupo variopinto que viaja en la diligencia como una metáfora del tramado social hoy resulta básica e inocente, desde el aspecto formal la película es asombrosamente moderna. La permanente amenaza del ataque de los indios hace que el piso de tensión sea altísimo y que el film sea casi todo climax. Si bien Tarantino declaró que odiaba a John Ford por el (discutible) racismo de sus films, lo cierto es que el primer acto de Los 8 más odiados es una clara referencia a esta gran obra del director de Las viñas de la ira, no sólo por la diligencia que atraviesa un territorio hostil tomando nuevos pasajeros en el camino sino porque, aunque aquí no hay indios, todo el tiempo hay riesgo y un ambiente ominoso debido a que cualquiera de los extraños podría ser un enemigo.

Los pájaros (The Birds, 1963)

En este caso, la relación entre ambos films es muy oblicua, hasta se podría argumentar que no hay ninguna evidente, más allá de que cualquiera de los trabajos importantes de Hitchcock es una lección de cine para todo realizador. El vínculo, en realidad, no está en las películas, sino en la relación del director con su estrella femenina. El gran chismógrafo de Hollywood Kenneth Anger y también varios biógrafos revelaron que Hitchcock solía entablar relaciones perversas con sus estrellas, al punto de llegar al sadismo con Tippi Hedren durante el rodaje de este film. Hitchcock no sólo acosó sexualmente a la actriz sino que, ante el rechazo a sus avances, solía someterla a sesiones de rodaje maratónicas en las que la Hedren sufría crisis de nervios y hasta heridas debido a que Hitch insistía en usar pajaros auténticos para que la atacaran en las escenas de acción. Además, es un hecho documentado que envió a la entonces pequeña hija su protagonista, la futura estrella Melanie Griffith, un ataud con una figura de su madre muerta, vestida con las mismas ropas que usaba en el film. Tarantino nunca llegó a ese nivel de hostigamiento, aunque durante años circularon rumores acerca de una supuesta obsesión con Uma Thurman e historias curiosas, como que el realizador insistió en desplazar al actor Christoph Waltz y usar sus propias manos para el largo plano de Bastardos sin gloria en la que la actriz Diane Kruger es estrangulada. Nada de esto pasa del nivel de la anécdota, aunque no es muy difícil imaginar a Tarantino como un perverso (“Es el protagonista de todas mis pesadillas sexuales”, bromeó Tina Fey en un monólogo). Pensando exclusivamente en su obra, no debería ser acusado de sexista ya que en casi todos sus films desde Pulp Fiction las mujeres tienen un rol fundamental, pero también es cierto que todas son golpeadas, torturadas o abusadas en la ficción. Tarantino es un provocador y es probable que ese tratamiento de sus personajes femeninos sea una forma de apartarse de la corrección política dominante. Su argumento es que mostrar violencia contra las mujeres no es una forma de condonarla sino dar cuenta de algo que sucede en el mundo real. En este film, las acusaciones de misoginia no se hicieron esperar debido a que el personaje de Jennifer Jason Leigh recibe un tratamiento brutal a lo largo de toda la trama y, más importante aun, y en este caso la defensa de Tarantino no se aplica, su personaje no tiene la complejidad de sus contrapartes masculinas: no tiene voz interior, no tiene un pasado ni una historia, parece estar ahi sólo para ser golpeada y para dar pie a la acciones de los hombres. De todos modos, Daisy Domergue recibe cada golpe como una boxeadora, no como una víctima. En su martirio jamás muestra temor y jamás es doblegada por su torturador. La violencia es tan hiperbólica y las reacciones de Daisy tan impredecibles que despegan esos actos del realismo: esto es slapstick, sólo que sádico y brutal. De todos modos, es llamativo que la principal receptora de la violencia sea la única mujer, de modo tan gratuito y ensañado que más que un intento de épater le bourgeois parece un acto de placer. La actriz Jennifer Jason Leigh, de todo modos, jamás objetó nada (y tuvo que tolerar desde platos de comida hasta chorros de vomito proyectados contra su rostro) y, a diferencia de Hedren, lamentó no haber empezado antes a trabajar con su director.