Queremos leer
Queremos leer hasta que dejemos de ser nosotros mismos. Llegar al punto en que las palabras del autor se confundan con las nuestras y poder olvidarnos del tráfico que hay afuera.
Que nuestra vida solo fluya a través de líneas e imágenes mentales, sucesos repetibles, diálogos precisos.
La cotidianidad nos tiene apabullados y necesitamos leer qué somos. Página tras página entendemos al fin nuestro dolor, nuestra lujuria, nuestra soledad. Un libro escrito de un modo y leído por nosotros de mil maneras distintas, para entender a través del autor lo que no entendemos de nosotros mismos.
Por más prolijo que sea el escritor, no tardará en omitir una parte de nosotros. No lo culpemos, somos complejos y cambiantes. Por más práctica que tenga aquél ganador de nobel, pudo haberse equivocado escribiendo nuestro final. Lo que más nos molesta de nuestros libros favoritos, también nos molesta de nuestra vida (¿real?).
Entonces llegará el día, al fin. Todas esas aventuras y romances, nuestros viajes en el tiempo y nuestros amigos fallecidos nos harán olvidarnos de quién éramos antes de abrir un libro. Ese nuevo ser, que viajó al centro de la tierra, al infierno, a través del espejo y hasta a Liberia, ya no tendrá solo con leer. Y empezará a escribir.