Recuperemos la creatividad, pensemos como niňos.

La televisión y los juegos electrónicos se han convertido en un medio de adoctrinamiento masivo que nos complica ser creativos.

La creatividad, en su estado más puro se desarrolla en los niños quienes suelen deshacer y luego rehacer lo deshecho con nuevas connotaciones y sugerencias. Al tener el único propósito de jugar, divertirse y estar felices generan ríos continuos de creatividad y por ende de humanidad.

Los niños aprenden solo por aprender. Disfrutan lo que hacen, no piensan en cometer errores, no tienen miedo, no juzgan, tampoco temen al ridículo ya que no lo conocen. Ellos desarrollan su capacidad creativa a partir de la observación y su imaginación, saben jugar con la incertidumbre, privilegio que les otorga la posibilidad de improvisar y crear incesantemente nuevos ordenamientos de la realidad en la que se encuentran.

Sin embargo, al crecer, apetecemos la comodidad, el temor nos invade, la conveniencia surge, moldeamos la vida acorde a percepciones fabricadas por otros, transformándonos -en la mayoría de las ocasiones- en seres conformistas, mecánicos, con ansias de comprobar nuestra personal importancia, lo que socava drásticamente la creatividad que de origen teníamos.

Entonces volvamos a ser creativos como lo fuimos cuando alguna vez eramos niňos. Salgamos de la rutina diaria, rompamos con esa monotonía que nos conduce a la mediocridad.

Esto implica tomarle sabor y textura a la vida emprendiendo las cotidianas actividades “con nuevos ojos”. Hay que reaprender a fijarnos en la vida sin atajos.

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