El treinta aniversario del cosmos.

En este mes Saint Seiya cumple treinta años de vida y deseo aprovechar este momento para decir unas cuantas cosas. Si hay algo que deben saber acerca de mí es mi infinito amor y cariño hacia este anime/manga. Yo era un niño cuando Saint Seiya, traducido como Caballeros del Zodiaco, llegó a Latinoamérica y se convirtió en uno de nuestros referentes generacionales.

Recuerdo que cada fin de semana ansiaba ver nuevos capítulos con la inocencia y anticipación que le provoca a un niño observar su cosa favorita en el mundo. Mi hermano mayor y yo no nos movíamos hasta que terminaba un episodio y detestábamos que nuestra madre nos pidiera hacer algo que nos distrajera. El que más recuerdo es ese que titularon “Shaka abre los ojos”, en el cual el santo dorado Shaka de Virgo abre los ojos y utiliza su técnica más poderosa contra Ikki de Fénix, desintegrando su armadura al instante. Para mí no existe una mejor batalla en toda la serie, ni siquiera aquellas en las que participan los dioses.

Saint Seiya es la razón por la cual aprendí a dibujar, recuerdo que citaban a mi madre en la escuela, no porque fuera mal en clases, sino porque terminaba mis actividades antes que todos mis compañeros y comenzaba a dibujar los personajes que más me gustaban sin prestar atención a algo más, realizando primero incipientes trazos pero que con la práctica logré mejorar, hasta el punto en que me sentía orgulloso por aquello que dibujaba. Y sé muy bien cuál fue el primer dibujo que hice en mi vida: el santo de bronce Ikki de Fénix.

Hablando de él, no sólo es mi personaje favorito de Saint Seiya, también es mi personaje ficticio favorito sin rival alguno, pues es todo aquello con lo que me identifico en una obra: es agresivo, es poderoso, es frío y adamantino, es un lobo solitario y profundamente testarudo; pero a pesar de todo esto no duda en arriesgarse por aquellos a quienes ama y posee convicción y lealtad inquebrantable.

Saint Seiya también despertó mi interés por la mitología griega, y posteriormente por otras mitologías europeas y asiáticas, lo cual me llevo a leer mi primer libro en inglés a los diez años: La Divina Comedia, pues mi dios predilecto es Hades, señor del Inframundo y regente de los muertos, y quería conocer más acerca de él y de otros mitos relacionados con su culto en Grecia. De igual forma disparó mi curiosidad por el universo y todo lo que existe más allá de nuestro planeta a través de la astronomía.

En fin, qué más puedo decir: le debo tanto a esta obra que por más que escriba me quedaría corto y falto de anécdotas; me acercó a muchas de las cosas que amo desde la infancia y que me convirtieron en quien soy. Feliz treinta aniversario, chulada japonesa.

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