No es normal…

Imagen tomada de: https://i.guim.co.uk/img/static/sys-images/Guardian/About/General/2013/10/22/1382460038235/Sexual-Harassment-at-work-010.jpg?w=620&q=85&auto=format&sharp=10&s=ee73c09b06d6d305a23c571c99c69cc1

Hace unos días una amiga me preguntó si le estaba coqueteando. Fue una situación extraña. La verdad no me incomodó y creo que ella tampoco estaba expresando descontento. No estoy diciendo lo contrario (ej. que yo si le estaba coqueteando o que a ella le gustó sentir que le coqueteaba), ni tampoco busco satanizar el acto de coqueteo. Me hizo pensar mucho, eso sí, un correo electrónico que me envió algunas horas después; (parafraseo) “no estoy acostumbrada a que hombres me traten bien y me ayuden si no es porque me están coqueteando…”. Confirmé que en efecto le parecía extraño que un hombre le ayudara de manera desprevenida cuando, luego de costatarle que me había interpretado mal, ella me contestó: “bueno, independientemente si yo interpreto que es coqueteo o no, agradezco que me trates bien”.

Demos un poco de contexto a la conversación. Mi amiga, y compañera de trabajo, tenía una carga laboral importante. Además de sus obligaciones cotidianas se encontraba organizando un evento social de la empresa, y esto le implicaba hacer una serie de tareas técnicas y logísticas extraordinarias. Yo ya había trabajado en el mismo comité (de organización) en años anteriores y, por tanto, me pareció normal ofrecerle algo de apoyo. Para mi implicaría un poco de esfuerzo adicional, pensé, pero para ella podría significar un respiro en medio de toda la responsabilidad que había acumulado. En todo momento creí que ponía mi grano de arena en un esfuerzo grupal (a fin de cuentas se trata de evento que beneficiara el nombre de nuestra organización). Su mensaje fue, por tanto, algo más que inesperado, sobre todo porque a pesar que (aparentemente) nunca descartó la idea de que en efecto yo le coqueteé, me agradecía que fuese solidario.

Hoy me sigo preguntando sobre el significado de todo esto. Cuando leí el mensaje de mi amiga tuve sentimientos encontrados. Insisto, no me sentí ni juzgado, ni agredido, ni mucho menos culpable. Tampoco creo que tenga sentido justificarla (del todo) concluyendo que los hombres somos portadores de un gen machista, que somos una horda egocéntrica e interesada o que acostumbremos solo a acercarnos a las mujeres para tener sexo con ellas. Infortunadamente, debo decir, el caso completamente opuesto (que todos los hombres seamos un modelo a seguir) dista de describir la realidad. En parte la reacción (y la experiencia) de mi amiga demuestra que persisten asimetrías en las relaciones de género y que tal puede ser el grado de descarga de violencia física y simbólica que incluso una mujer pueda llegar a pensar que sea normal que un hombre solo la ayude a cambio de algo (en este caso con cierta connotación sexual). Ello también es muestra, de paso, de la existencia de prejuicios e imaginarios que, sean justificables o no, pueden generar desequilibrios sociales en contra de millones de hombres.

Hace algunos meses Pamela Clark publicó un artículo en donde propone 35 formas prácticas en la que los hombres pueden apoyar la equidad de género. Me parece relevante recordar parte de la número 4: “reconozca que [la sensación de inseguridad en espacios públicos donde hay hombres] no es un temor infundado en muchas mujeres, dado que muchas de [ellas han] experimentado acoso o abusos (…) [por ejemplo] si hay un asiento disponible en un transporte público junto a hombre, tome ese asiento en lugar de hacerlo junto a una mujer”. Alguien opinaba que esta podía ser una posición algo extrema, en tanto lo ideal sería que mi decisión sobre donde sentarme no dependiera del género de la persona que ocupara el lugar junto a mí, y mucho menos de una actitud condescendiente frente a la otra persona. Y la verdad concuerdo 100% con que esto sería lo ideal. Tristemente es una meta que aún dista de materializarse y, por tanto, si creo que necesitamos de estas pequeñas acciones (auto) afirmativas hasta que, como sociedad, logremos deshacernos de todo adefesio ideológico, heurístico o intelectual que vaya en contra del derecho a la igualdad y la dignidad entre hombres y mujeres. En últimas, tratando de ponerme un poco en la posición (y las prevenciones) de mi amiga, debe ser muy difícil vivir en un mundo donde sentimos que simplemente no podemos confiar en las buenas acciones de los demás.

Por: Juan David Parra

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