¿Un hombre feminista?… bueno ¿pero y eso cómo se come?

Imagen tomada de: http://3.bp.blogspot.com/-gDfyFtZH6Zg/U5nxfva-_DI/AAAAAAAAI-o/IOT-d9cnZBk/s1600/confused-smiley.png

Desde hace casi dos años me identifico política y teóricamente como feminista. Es un asunto debatido, pero creo que es posible ser un hombre feminista (quizás pueda abordar esto en otro momento). Pero mi preocupación aquí es otra, más vital: ¿concretamente, qué supone ser un hombre feminista? ¿Eso cómo se come?

Hace dos semanas, en el marco de un proyecto estudiantil que estoy liderando, y del cual hacen parte seis compañeras/os más de la facultad de derecho en la cual estudio, introduje una regla acerca de la obligación de que haya paridad entre hombres y mujeres. Lo hice basado en mis creencias feministas. Aunque no sea un asunto consciente, en muchos ámbitos de la vida social tiende a haber más hombres que mujeres y no es casualidad. Esto es fruto de una división social de poder que no podemos evadir aunque queramos ser “neutrales”. Es necesario afrontarla. Por eso introduje dicha regla.

En la reunión con los/as demás integrantes del proyecto una compañera dijo que no estaba de acuerdo. Sostuvo que dicha regla parecía dar a entender que las mujeres no debían cumplir las mismas condiciones que los hombres para participar en el proyecto. Esta intervención generó alguna discusión entre los/as participantes. Yo expliqué mi punto de vista. Otro de los participantes, también hombre, se adhirió a mi posición, al mismo tiempo que otra participante, mujer, se adhirió a la posición contraria.

¿Qué debe hacer un hombre feminista en casos como este?

Discutimos el asunto abiertamente y llegamos a una fórmula consensuada. Pero quedé con un sinsabor: ¿será que ese “consenso” fue impuesto”? Quiero creer que no y me esforcé para que no lo fuera. Pero la división de poder que subyace a las relaciones entre hombres y mujeres no es tan maleable y supera nuestra intencionalidad. Tampoco creo que un diálogo “abierto” se de tan fácilmente, si es del todo posible.

Mi inquietud acerca de estos “casos difíciles” no es ajena al feminismo. Es reconocido que no todas las mujeres son feministas y que no todas las feministas están de acuerdo acerca de lo que esto significa. Esto genera ciertas dificultades dentro de la teoría feminista, pero el que yo sea un hombre lo complejiza aún más. No he tenido la misma experiencia vital que las mujeres y no puedo reclamar mi interpretación basándome en una experiencia compartida de subordinación, como hacen algunas feministas.

Pero tampoco creo que el hecho de ser hombre me aleje del todo de la experiencia “femenina” de la sexualidad. Algunas feministas reconocerían esto. No todos los hombres viven la masculinidad de la misma manera y algunos han sido perjudicados a través de la sexualidad. También hay una jerarquía entre los hombres en función de factores como la raza, la etnicidad y la orientación sexual. Pero se trata de un asunto espinoso y sería de mala fe e ingenuo apoyar mi posición diciendo que, a pesar de ser hombre, también puedo estar subordinado por razones de sexo y que esto me sitúa en una posición menos difícil en casos como el que relaté arriba.

Ahora, ¿debería creer y obedecer sin discusión lo que dice una mujer en estos casos? Una parte de mi se inclina por esta posición. Quizás mi lado facilista: estaría evitando el asunto que requiere de consideración. Además, aunque en el caso que les conté no ocurrió, puede haber desacuerdos entre las mujeres: ¿cuál posición elijo? Tampoco tiene sentido adoptar la posición de cualquier mujer biológica por el hecho de serla, como si la biología excediera las construcciones sociales masculinas y las mujeres compartieran una esencia. Pero si debe haber un diálogo, ¿cómo zanjarlo? Tampoco tiene sentido radicar la autoridad en la lectura de teoría feminista o en el hecho de actuar de “buena fe”.

Volvamos al caso al que vengo aludiendo. Entiendo la posición de mis compañeras. La regla que introduje podría leerse como una excepción condescendiente a la regla general para hacer parte del proyecto. Pero también sigo pensando que mi posición es sostenible. A pesar de que simbólicamente pueda tener un efecto paternalista, también podría leerse como un reconocimiento de una injusticia que contribuye a remediar en el acto mismo de nombrarla. Y, más allá de lo simbólico, materialmente garantiza cierta representación. Finalmente, el consenso al cual llegamos fue mantener la regla que propuse, pero redactándola de tal manera que quede claro que no deroga los requisitos generales para hacer parte del proyecto.

Pero la pregunta persiste. ¿Qué debería haber hecho? Es un asunto difícil y no quiero cerrarlo artificialmente como si no estuviera escindido. Tener preguntas de este tipo es importante y no deberíamos afanarnos a despolitizar el asunto con respuestas que oculten el conflicto.

Por: Emilio Lehoucq

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