Autoporno: Matemáticas

Horacio
Horacio
Jul 25, 2017 · 2 min read

De nada a todo para después vaciarnos hasta la nada una vez más, ¿quedábamos en rojo o con saldo? Con ella tenía que ir haciendo cuentas. Ir sumando, sacar números para que la cosa cierre o -en todo caso- abra. Pero no eran números en un sentido abstractos, eran capaces de transformar la materia; al menos moldearla a la mutua necesidad. Se empezaba con nada, con menos que cero. Y entonces arrancaba la secuencia:
El primero era para profundizar la muesca, para que los párpados de su ojo ciego se espabilen un poco. Transformar un punto nulo ubicando la posibilidad de suma. Primero, lo primero: hundirse en un botón esperando la apertura.
El segundo, una modificación de signo, un cambio de perspectiva y de corriente: convertir lo hostil en amable, lo expulsivo en retentivo; que ante lo foráneo, hospede.
El tercero, para establecer el nuevo orden, que todo esté donde debe estar para asegurar lo siguiente. A partir de ahí ya todo era posible.
El cuarto, hay que confesar que era por gusto. Innecesario, pero a la vez inevitable. Yo no podía resistirme ante la intuición de que me acercaba a un verdad, pero ¿a qué verdad?.
El quinto era para tenerlo todo, el racimo completo, que no pueda recriminar que pude haberlo dado más. Yo quería todo y entonces todo le di. La quise así, todo lo que pude.

La pregunta entonces de cuántos dedos entraban en su culo no se responde con un concreto número cinco. No entraban cinco, entraban los que tenían que entrar, que no podían ser menos que todos, porque yo quería darle lo que tuviese. Necesitaba darle todo y ella también lo esperaba. No éramos ella y yo. Eran ella y su culo una unidad a la que yo me acoplaba intentando que en verdad fuésemos dos ¿Nunca sentiste así por un culo? cuando amás de esa forma, necesitás encontrar la manera de expresarlo. Y con ella, sus modos primaban y yo me adaptaba a esas sumatorias en ese amor anal que de todo se nutría y que estaba dispuesto a alojar lo que le diera.

La verdad a la que me acercaba era la de un amor especial, un amor al que se llegaba por la espalda y con la fricción de lo hermoso: porque todo lo bello cuesta, aunque sea un poco. Y escupir lubricando sólo para cogerla una cuarta o quinta vez, sintiendo que podía estar ahí todo lo que yo quisiera y necesitara, costaba, dolía y me hacía feliz. Era nuestra sórdida verdad, y yo necesitaba estar ahí para siempre, que la vida fuese sólo eso, sentirme bajo su estrecha protección.
Era mucho. Era suficiente. Unas cuantas horas así. Todo lo que fuimos, todo lo que pudimos haber sido, todo lo que no me animé a que fuéramos. Todo mi amor, en su culo. No necesitaba más.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade