Conversaciones, un viaje

Una vez viajando en tren, un señor mayor se sentó a mi lado, un alemán muy simpático, a primera impresión no pude decir lo mismo de su esposa, lo olvidé al comenzar a conversar con el anciano; muy meticuloso y elocuente, incluso, desperté su curiosidad por Venezuela y lo que ocurre en mi país. La incomodidad no se hizo esperar luego de enterarse, se sintió identificado y avergonzado en cierta forma. El viaje siguió en silencio hasta que muy cordialmente se despidió él, su esposa, y quien parecía ser su hijo, bajaron del tren.
Conversaciones que hoy en día me motivan, son intercambios con personas que creen conocer toda la realidad y al final, termina en un aprendizaje para todos. Cada visión tiene mucho qué ofrecer.
Desde que entendí que el (des)gobierno de Chávez y compañía, iba a joderme a mi y a los míos (circa 2005), he sido muy bocón al respecto, expresando mi descontento en cada posible forma posible: rayando paredes, enfrentando “militares”, rants en redes sociales, gritarlo en las calles, escribirlo en franelas, lanzando piedras, y ahora, conversando con extraños… hay mil formas, y cada quién tiene la suya, se respeta. No somos iguales. Gracias a Dios.
Decidí emprender este viaje, con una persona extraña a mi lado cada vez, desprendido de todo lo que creía mío. Un viaje por conocimiento, por necesidad, por los míos; escuchando y dejándome escuchar. Al final, nadie tiene la autoridad para refutarlo porque el conocimiento es personal y contra ese viaje nadie puede.
