La iglesia del punk rock
Entras a un sitio, generalmente uno oscuro, no conoces a nadie, nadie te conoce, una multitud de completos extraños reunidos en distintos espacios: campos abiertos, fábricas abandonadas, casas destruidas, casas de niños con mucho dinero, prostíbulos “renovados”, sótanos edificios, estacionamientos, casas ocupadas… los escenarios más comunes para que inicie una fiesta memorable, un concierto punk rock.
Bandas conocidas o quizá formadas 30 minutos antes de sus presentaciones lideran la velada, un grupo de pendejos con la suficiente convicción de quejarse contra lo que creen mal, gritamos las mismas consignas contra las mismas erratas del mundo que nunca cambiarán, líderes efímeros.
¿Por qué una iglesia? ¿Por qué una religión?
Porque sí, porque puedo decirlo, por su naturaleza, porque lo es, lo sé: rebelde, ofensiva, ideológica… acoge en un mosh pit, narices rotas, sangre, dientes caídos y ojos morados… un código de hermandad, lo que ahí pasa, ahí se queda y a pesar de ello, entre todos nos cuidamos. No es más que la expresión frustrada contra el fulano sistema, que quince años después, no estoy seguro de saber cuál es… pero es una mierda. El que nos jode cada día más, contra el que todos estamos y del que todos somos parte. Claro que se contradice y es ambiguo, después de todo, qué no lo es. Si te puedo asegurar que honesto es.
Es también una escuela
El punk rock muestra cómo en su sin-sentido, se encuentra una forma de vida fugaz, la vida ante sí misma; es capaz de motivarte ante los esperados inesperados de la vida. Si le permites, puede ser un refugio, un hogar, una escuela, y sí, por qué no, una religión; pese a que esto no sea nada punk rock, es mi historia y aprendizaje, y si lo es.
A fin de cuentas así es, contradictorio. Aunque se proteste comúnmente contra dioses y religiones, y prácticamente contra todo, yo le agradezco al único Dios por habérmelo atravesado en el camino: Thanks God for Punk Rock.
Una eterna queja contra el abuso del poder, la política, religión, moral, ética o drogas. Un espacio efímero de tiempo y espacio en el mismo sitio que todos conocemos: la iglesia del punk rock.
