Escribir con naturalidad

Consejos para escritores: Antón Chéjov ( II )

Pasados varios días desde mi última conversación con el señor Chéjov, me sentí motivada a seguir con mi escritura. Pero mientras realizaba dicha hazaña me di cuenta de que no sabía cómo retratar mi mensaje. Descubrí que todo lo que había escrito dejaba un sabor artificial que no terminaba de convencerme. Los personajes eran inverosímiles y sus interacciones parecían forzadas.

¿Cómo se identificarían los lectores con mis palabras si ni a mí misma me convencían?

Desanimada por ese pensamiento decidí acudir a mi mentor de nuevo.

— Creo que tengo algo bueno que contar — le dije — , pero no sé cómo hacerlo. Sé cuál es el mensaje que quiero transmitir, pero no logro hacerlo de manera natural.

Sus páginas revolotearon entre mis dedos hasta que las letras se transformaron en voz:

La forma es óptima, pero los personajes son acartonados […] Toma algo de la vida real y cotidiana, sin trama y sin final.

Sin trama y sin final, 99 consejos para escritores era el libro que tenía en mis manos. Descubrí que la vida es así, un transcurrir de eventos que, aunque estén relacionados entre sí, muchas veces no percibimos los efectos que tienen uno sobre otro. Harry nunca pensó que al apuñalar el diario de Riddle estaba destruyendo un horrocrux, pero lo descubrió unos años más tarde.

Una buena historia es un telar formado de diferentes hilos entrelazados con maestría para que los acontecimientos se relacionen de manera sutil y discreta, como ocurre en la realidad. La vida no es una cadena de eventos sucesivos; sino una ocurrencia de hechos que se tejen en diferentes capas. A veces se empalman sin un resultado aparente pero provocan un efecto dominó debajo del agua.

Por otro lado, la forma en que realmente conocemos a los personajes es esa: los vemos existir en su vida cotidiana. Descubrimos cómo reaccionan ante un reto, también qué los hace sonreír o enojar. Demuestran en el día a día las características que los definen. No resulta sorprendente que Lydia Bennet se haya fugado con Wickham después de que la vimos «alborotada» con los soldados en tantas ocasiones anteriores.

No es lo mismo que un texto diga: «era un hombre honesto» a que la narración dibuje al hombre renunciando a un fraude o regresando una cartera íntegra a su dueño. Es como ver una película; en ningún momento aparece la leyenda: «Este es el villano de la historia». Nos demuestran el rol del personaje con su actitud.

Con todo eso en mente le comenté a mi maestro que reformularía mi escrito y esta vez dejaría que cada uno de los personajes interpretara su propio papel, como dicen que hacía Shakespeare, y permitiría que sus actos transmitieran mi mensaje. Como siempre, encontré gran motivación en sus palabras:

… más éxito [tiene el relato] en el que la pequeña vida de todos los días consigue abrirse paso a través de las máximas y verdades sublimes.