Escénico: El Peor de los Miedos

Por Wendy J. Ramos

Antes: te da ansiedad, empiezas a transpirar, te tiemblan las manos, desaparece la seguridad que en algún momento existió, te dan ganas de ir al baño. Durante: te sonrojas, hablas muy rápido, no haces contacto visual con tu audiencia, bajas el volumen de voz, te paralizas, olvidas lo que tenías que decir. Después: te sientes juzgado, te das cuenta de que te faltó decir un punto clave, piensas “por qué no hice X”.

El miedo escénico, a diferencia de otros miedos, no es algo que se sufre sólo en el momento (en este caso, al ser el centro de atención por cierto periodo) se sufre en las 3 etapas de un evento, como se ejemplificó ya. Es por ello que, tener miedo a hablar en público puedo considerarlo el peor de los miedos, puesto que, una vez que tienes éste, es casi imposible enfrentar y hablar sobre los otros.

Es el miedo más sencillo de aceptar pero, en mi experiencia, el más tardado de superar. Tengo recuerdos más vivos de ansiedad en mi infancia por tener que hablar que de cualquier otra cosa.

“Quieres ir con alguien conocido para no sentirte solo pero también quieres que sólo haya desconocidos para no sentirte juzgado”

Tener miedo a hablar en público te frena en todo los aspectos: limita tu facilidad para relacionarte con tu familia, amigos, pareja, business partners y, lo peor de todo, te dificulta hablar con aquella persona que está dispuesta a ayudarte a transformar ese miedo.

Source: www.psicologiaenlared.com

Quieres controlarlo por lo que decides ir a cursos o talleres enfocados a, sin embargo, te frenas porque no sabes si sólo te van a dar tips o si va a ser práctico: si es práctico, dudas asistir ya que, como tienes miedo escénico, no quieres que te obliguen a hacerlo para superarlo y si es teórico “que flojera ir a que digan lo de siempre”. Quieres ir con alguien conocido para no sentirte solo pero también quieres que sólo haya desconocidos para no sentirte juzgado ni avergonzado cuando los vuelvas a ver fuera de.

Tomas clases enfocadas en, platicas con expertos en el tema, asistes a evento y medio (sufriendo) y de todo ello recuperas algunos tips y los aplicas al momento de tener que exponer; te vuelves consciente de que lo haces mejor una vez que juegas con algo pequeño pero también de que no pasa desapercibido. Aprendes a hacer contacto visual con la audiencia no obstante, hablas demasiado rápido.

“Es el miedo más sencillo de aceptar pero el más tardado de superar.”

He sufrido miedo escénico desde que surgen recuerdos en mi mente, he llevado clases en todos los niveles educativos, talleres obligados y voluntarios…y aún así, a la fecha no he logrado evitar los nervios pre, trans y pos presentación.

Estoy consciente de que lo que a continuación diré es algo que todos con este miedo hemos escuchado. La diferencia es que, en comparación con los “expertos”, yo aún no supero la ansiedad que me causa el pararme enfrente, aún me tiembla la voz y aún olvido lo que tengo que decir; la diferencia es que sigo siendo alguien que tiene miedo escénico.

Me ha costado aceptarlo e incluso en ocasiones lo olvido, pero la realidad es que la única forma de lograr pararse ante una audiencia y exponer algo, es hacerlo una vez, otra vez y una vez más; practicando y enfrentando el miedo en sí es la única forma en la que se aprende a ser fluido y controlar todos esos síntomas de ansiedad que provoca, ¿por qué? Porque te conciencias sobre la ausencia de efectos y reacciones negativas, te percatas de que el mundo no termina cuando te haces notar y de que no mueres en ninguna de las ocasiones en las que te observan; si somos honestos, incluso en múltiples ocasiones el público ni siquiera pone atención y si lo hace, está enfocado en el qué y no en el cómo y ¿por qué lo sé? Porque no toda la vida soy ponente, la mayoría del tiempo son audiencia y no ando criticando a la persona que está al frente y muy probablemente ustedes tampoco lo hacen, se concentran en qué dice y no en si es muy alto, delgado, está nervioso, etc.

“Es boxear contigo mismo conociendo el siguiente movimiento antes de que suceda y aún así ignorarlo.”

Es por ello que me aferro a la idea de que es tardado superar este miedo, ya que uno se tiene que enfrentar ocasión tras ocasión al miedo pero, para poder lograr esto, se pasa por el mismo sufrimiento en cada una y por lo mismo se quiere abdicar. Hay pensamientos encontrados “¿qué necesidad? No lo vuelvo a hacer” y “¡tengo que hacerlo! Necesito aprender y perder el miedo”, no sólo es la ansiedad, es el conflicto interno, ese que te dice “corre” pero te mete el pie al mismo tiempo, uno se enfrenta consigo mismo más que a la audiencia y justo ahí radica la dificultad: tenemos que enfrentarnos a nosotros y lograr que el “¡sí puedo!” supere al “te va a salir mal”. Es boxear contigo mismo conociendo el siguiente movimiento antes de que suceda y aún así decidir ignorarlo; la libertad para lograr pararse frente a alguien y hablar está en creerse que no hay razón para seguir recibiendo los golpes que nosotros mismos nos damos y quitarnos antes del siguiente gancho.

No es como caminar, pero si como correr; aprendes el primero y sólo toma decisión lograr lo segundo. Aprender a ser uno ante varios toma tiempo, en ocasiones mucho más de lo que se quisieras, pero es posible. Y cuando lo logras, te sentirás libre y esto lo sé porque cuando lo hago y siento que ha sido mejor que la vez anterior, siento ese fragmento de libertad, de no tener ataduras.

Tan simple como respirar, tan difícil como andar en bicicleta; es cuestión de práctica y con algunos raspones pero posible.