Metamorfosis de Una Amistad

El Camino de dos vidas

Desconozco si a todos les ocurre, sin embargo, juego con la creencia de que no soy la única.

Creas amistades en cierto periodo de tu vida, llámese iniciando la universidad o en tu primer empleo. Pueden ser personas que conocías desde hace tiempo, sin embargo nada los había unido en un mismo espacio y circunstancias hasta ese momento en el que se cruza un “¿cómo estás?” acompañado de un “ya sé, nunca habíamos hablado”.

El tiempo pasa, esa amistad que en su momento no parecía, se fortalece y sin darse cuenta comienzan a decirse lo que no a otros amigos en común; se crea un lazo fuerte donde inician a identificarse y viven situaciones en las que es indispensable el apoyo del otro…o no indispensable, pero deseada la presencia de.

“Simula la sensación de un corazón roto pero con más de trascendencia”

Cada uno enfrenta momentos importantes en su vida y el otro está ahí para lo que se necesite: un sape para reaccionar, una mano para levantar o un abrazo para desahogar; para un “te pasaste…” y un “no te preocupes, ahorita vemos cómo le hacemos”. Igualmente para un “¡que padre!” y un “me alegro de que te sientas así de feliz” ahogado en risas y salidas a comer.

La vida continúa su flujo y comienzan a emprender su camino; creen ir en la misma dirección aunque erróneamente, ya que van en la misma carretera pero con destinos en la mira diferentes. Después de algunos pasos dados, el camino se divide en dos y cada uno gira para el lado opuesto. De alguna forma u otra, hallan la manera de seguir encontrando temas en común para mantenerse en la vida del otro y llegan a adoptar nuevos gustos con tal de compartir algo.

Se empiezan a adentrar tanto en su nueva etapa que, poco a poco e incluso sin percatarse de, se alejan; por todo lo que han vivido, se empiezan a ver cada vez más definidas su persona: ideales, metas, actitudes, creencias, gustos…

“No son celos, no es envidia; es algo que simplemente ha dejado de gustarte”

Y sí, aunque ya pasaron los años y juraban conocer todo … o mucho del otro, inician un nuevo proceso de amistad y conocimiento; la persona con la que el “hola” al principio se eliminó para introducir el mensaje directo y el “bien” posterior al “¿cómo estás?” se transformó en un “cansado por…” más honesto o un “¡Feliz! Porque…”, ya es otra. Es más ella y no, no es malo, lo opuesto: es una belleza para admirar que genera esas “mariposas en el estomago” por la emoción de ver cómo tu “amigo” está rompiendo su capullo listo para volar sobre el mundo.

Con esa libertad de mariposa que ha adoptado (y que tú posiblemente ídem) tienes que volverlo a conocer porque te lo presentaron como oruga y te gustó pero ahora es algo diferente…mejor, pero diferente; por ello las comillas anteriores, ahora con alas hay algo que a tu nuevo “yo” no le fascina. Tú también eres más “tú”, ya tienes más definido qué te gusta y qué no.

No son celos, no es envidia; es algo que simplemente ha dejado de gustarte. Simula la sensación de un corazón roto pero con más de trascendencia; con una pareja estuviste cierto tiempo y la “magia” desapareció después de algunos meses o años, lo trascendental está en que tu amigo estuvo cuando sentiste la “magia” y cuando ésta desapareció y así cuantas veces te hayas “enamorado”.

Estás consciente de la distancia que está surgiendo entre ustedes y por un instante crees que es por eso que sucedió lo que la ha provocado; a los días analizas y te das cuenta de que en realidad ya no estás molesto por, sino que hay algo más que evita el acercamiento. Irónicamente han vuelto al mismo camino y ahora tienen un destino más afín, pero ya no sólo hay distancia entre ustedes por la diferencia entre caminos anterior, está creciendo un muro en la carretera que ahora comparten.

Ves cómo el muro cada vez es más alto y grueso pero al haber sido alguien tan valioso en tu vida, decides hacer una puerta que permita un acercamiento que, aunque esporádico, les permita saber cómo está el otro porque, a pesar de ya no congeniar como en un principio, el interés por el bienestar del otro no desaperece…rá. Y se esper que el “ya sé, nunca habiamos hablado” se convierta en un “ya sé, hace mucho que no platicábamos” .

“El otro está ahí para lo que se necesite: un sape para hacerlo reaccionar, una mano para levantar o un abrazo para desahogar.”

Posiblemente en un futuro, sin saber si lejano o no, el muro disminuya su tamaño convirtiéndose en una cerca o inclusive desapareciendo y ocupando sólo un espacio más en la memoria de ambos.

Por el momento, no queda más que conservar la llave de esa puerta intermedia para cuando se lastime una ala, ayudarlo a levantarse y a aprender una nueva forma de volar.

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