War for the Planet of the Apes o “La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena”

Andros
Andros
Jul 30, 2017 · 3 min read

Que no los engañe el título: aquellos que busquen en esta cinta una batalla apoteósica que dé fin a la era de los humanos y permita la instauración del tan anunciado “Planeta de los Simios”, no la encontrarán. Hallarán algo mejor.

Desde el inicio de este reboot de la franquicia, la idea de un mundo dominado por simios situado en un futuro distante se dejó de lado en favor de una trama más centrada, motivada por un personaje: el chimpancé César. Más en línea con Conquest of the Planet of the Apes (Thompson, 1972) que con la cinta original.

Así, la historia de César no es la de un despiadado conquistador en busca de hacerse con el dominio mundial a costa de vidas humanas; en cambio, la primera parte de la trilogía, Rise of the Planet of the Apes (Wyatt, 2011), nos mostraba los crueles tratos a los cuales eran sometidos los epónimos simios. Sujetos de experimentación, animales de espectáculo; abusados por personas que se negaban a verlos como seres vivientes, y más bien como objetos, sirvientes de propósitos aparentemente inocuos. La búsqueda no era por conquista, sino por libertad.

La secuela de ese filme, Dawn of the Planet of the Apes (Reeves, 2014), dejaba en claro que César, como líder de un pueblo, es más Moisés que Genghis Khan.

Para War for the Planet of the Apes (Reeves, 2017), la resonancia emocional y la fuerza narrativa de su predecesora aún están presentes. Un par de años tras la disrupción de la pax hominoidea en la que culminaba Dawn, un veterano César contempla la opción de retirarse de los bosques que habían sido el hogar de los suyos por más de una década debido a la brutalidad incesante de la organización militar “Alfa-Omega”. Esperanzado siempre en encontrar paz, decide, luego de un ataque de la facción humana, dejar con vida a un grupo para enviarlos de vuelta con “El Coronel”, líder de Alfa-Omega, como concordia.

Sin embargo, la tranquilidad no está en los planes del grupo opositor, quienes buscan por todos los medios posibles, mantener su superioridad en el planeta.

La tercera parte de la historia de César puede no ser la mejor de la trilogía. Debido a su enfoque más intimo no tiene la enérgica atracción de Dawn, con la que también comparte ciertos temas (mismos que su predecesora integra con más pericia), pero eso no significa que War palidece de sobremanera.

El filme incorpora con eficacia referencias a Apocalypse Now (Coppola, 1979), The Great Escape (Sturges, 1963) e incluso Ben-Hur (Wyler, 1959), mientras retoma paralelismos con la opresión de las minorías y la lucha por sus derechos ya presentes en la saga. La moraleja de que la venganza y la violencia son caminos sencillos de transitar, pero con serias consecuencias para aquel que los siga, es algo muchas veces ya visto; por otro lado, aunque el comentario en contra del racismo pueda parecer demasiado obvio a veces, nos encontramos en un mundo en el que muchas personas aún necesitan recordarlo.

Afortunadamente, pese a sus errores, War for the Planet of the Apes concluye con bastante éxito una trilogía sólida de blockbusters veraniegos, como no se veía en un rato. Sobra decir que las proezas técnicas y de actuación, impartidas por el siempre destacado Andy Serkis y compañía se encuentran a la par de los aspectos narrativos de las cintas. Se trata de la digna conclusión a un notable tríptico hollywoodense.

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