La Cumbre, la ‘marea roja’ y un juego de ‘cartas marcadas’ que no consiguió imponerse


Por Diogo Ximenes | periodista

Con la llegada del socialista uruguayo Luis Almagro a la secretaría general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), la Cumbre de las Américas y su Foro de la Sociedad Civil y Actores Sociales sufrieron una transformación inédita.

Electo el 18 de marzo pasado, sin oposición alguna por no haber otros candidatos al cargo, Almagro afirmó ese mismo día que una de sus prioridades era la integración plena de Cuba a la institución, incorporando sus “ricos aportes” a la agenda de la región.

Y auque su cargo será efectivado sólo el próximo 25 de mayo, ya comenzó a sentirse su mano en la batuta.

En la séptima edición de la Cumbre de las Américas, realizada en Panamá el pasado 10 y 11 de abril, no hubo una sola mención oficial a la dramática situación de regresión democrática que vive Venezuela a pesar de que días antes, el 6 de abril, veintiséis ex presidentes de la región emitieron una declaración denunciando al gobierno de Nicolás Maduro y exigiendo la inmediata liberación de sus opositores.

También la deferencia y facilidades ofrecidas a Cuba y a su numerosa delegación, que participó por primera vez en la Cumbre, fueron singulares. La Isla confirmó su presencia el año pasado luego de los chantajes de la Alianza Bolivariana (ALBA) que prometió boicotear el evento si Raúl Castro no era invitado.

Con Castro, una verdadera marea de militantes comunistas cubanos inundaron la Cumbre, comprometiendo especialmente el desarrollo del Foro de la Sociedad Civil y Actores Sociales, también denominado ‘foro social’, realizado a la víspera, los días 8, 9 y 10 del mismo mes.

La delegación cubana era la más numerosa de todas. Llegaba a dos centenas de miembros en el evento; sin embargo, muchos más ‘delegados’ castristas sin acreditación se movían en torno a la Cumbre. De acuerdo con la prensa panameña, más de dos mil cubanos habían entrado a la capital para la Cumbre.

Al parecer, el propósito de la ‘delegación’ era incidir en el documento final de recomendaciones que sería dirigido a los mandatarios participantes y silenciar las voces discordantes. Para ello, contaron con la colaboración de los funcionarios de la OEA. Por primera vez el espacio regional de participación ciudadana de esta entidad fue abiertamente instrumentalizado. La reacción de las asociaciones ciudadanas no se hizo esperar.

Alfonso Aguilar, director ejecutivo de la Alianza Latina del American Principles Project, denunció, el día 10, que una amplia red de entidades con fuerte carga ideológica, que iban desde grupos radicales de izquierda hasta colectivos de homosexuales, había articulado para marginar la voz de asociaciones verdaderamente ciudadanas e imponer una agenda ‘progresista’ integrada por dos ejes: uno político y otro de reingenieria social.

El primero demandaba, por ejemplo, el reconocimiento de los regímenes castrista y venezolano como democráticos; una mayor participación del Estado en el control de la economía frente al ‘imperialismo capitalista’, la limitación de algunas libertades cívicas, como la de expresión y el derecho de asociación, así como la restricción a la participación política de ‘criminales golpistas’ (léase opositores que han sido presos por motivos políticos) y la despenalización del comercio de drogas.

El segundo eje exigía la afirmación del aborto como ‘derecho’, la implantación de directrices de educación bajo la perspectiva de la ideología de género, la promoción del ‘matrimonio’ entre personas del mismo sexo y la creación de ‘derechos’ especiales para las minorias homosexuales bajo el argumento de ‘equidad’.

Aguilar, denunció también que durante el ‘foro social’ constataron graves irregularidades por parte de la OEA que iban desde las acreditaciones selectivas hasta la arbitrariedad en la metodología y procedimiento seguidos en los debates.

“Muchas organizaciones ciudadanas quedaron excluidas, mientras que se hizo un acomodo especial de organizaciones de izquierda procedentes de Cuba y se buscó que grupos que promueven una agenda radical a favor del aborto y los llamados derechos LGBT estuvieran sobre-representados en cada uno de los foros temáticos”, dijo.

Aunque el activismo de éstos grupos fue siempre intenso en años anteriores, las formalidades para la discusión y el diálogo fueron siempre respetadas, e incluso, había un cierto equilibro en cuanto a la pluralidad de asociaciones ciudadanas representadas, señaló el brasileño Guilherme Ferreira, de la plataforma ciudadana CitizenGo.

“Este año no. La ‘red ideológica’ era una amplísima mayoría, por cuenta de la abertura que se les brindó desde el registro, colocaron a los suyos como coordinadores de las mesas temáticas de trabajo, como redactores de la declaración final de cada equipo e inhibieron sistemáticamente el dialogo, de forma autoritaria”, explicó. “Nos sentíamos como dentro de un juego ‘de cartas marcadas’, como si todo fuera una farsa”.

Hay registros en video de la forma en la que pretendieron imponerse. Donde no consiguieron controlar las mesas de trabajo, intentaron bloquearlas y hasta anularlas con gritos, protestas y amenazas. Provocaron peleas en las calles y hostigaron sistemáticamente a quienes opinaban diferente. La tentativa de ‘linchamiento’ físico y moral de los disidentes cubanos Félix Rodríguez Mendigutía y Guillermo Fariñas en el Hotel El Panamá y la detención temporal de Rosa María, hija del fallecido Oswaldo Payá, en el Aeropuerto Internacional de Panamá evidencian lo bien organizadas que fueron sus acciones en torno a la Cumbre. Entre los articuladores estaba el coronel Alexis Frutos Weeden, jefe de inteligencia cubana en Venezuela, que también tuvo paso por México. El modus operandi agresivo de los castristas fue ampliamente tolerado por la OEA, que también garantizó que fueran una ostensiva mayoría sobrerepresentada.



Y a pesar de todo, derrotados

A pesar del ambiente adverso, media centena de asociaciones de países todo el continente consiguieron articularse sobre la marcha para rechazar una agenda prefabricada y frenar la ‘marea castrista’ aliada a los lobbies abortista y LGBT.

En el plano político los disidentes cubanos y los venezolanos opositores al ‘bolivarianismo’ consiguieron hacerse escuchar y neutralizaron la presión izquierdista. Prácticamente ninguna de las demandas de los castristas fue incluída en las ‘recomendaciones’.

A pesar de que intentaron desintegrar las mesas de trabajo sobre Participación Ciudadana y Gobernabilidad Democrática, los delegados realmente interesados en obtener consensos consiguieron llevar — con grande dificultad — los trabajos a buen puerto. Produjeron un documento final con propuestas orientadas garantizar el resperto a los derechos humanos, fortalecer el Estado de derecho y las instituciones democráticas.

Granma, el órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, denunció que, a diferencia de otras, esas dos mesas “sufrieron provocaciones de grupos de mercenarios acreditados al evento”, aún cuando los ‘cofacilitadores’ eran sus delegados cubanos.

En diario ofreció un balance de la participación cubana en su edición del 13 de abril, donde reconoce sin explicitarla, una cierta frustración. “Estábamos en un escenario hostil, hegemónico. Pero nosotros no solo asistimos, también participamos y expusimos los valores más genuinos de nuestro país”.

El Foro de São Paulo, la mayor red de organizaciones e izquierda en el continente, también siguió un discurso similar. Su núcleo directivo, reunido en Caracas el 14 de abril, destacó do que los mayores logros en la Cumbre habían sido ‘conseguir’ la presencia de Raul Castro y el discurso de Nicolás Maduro contra el imperialismo americano. Y en ello tienen razón, pero del ‘foro social’ y de la ‘marea castrista’, ni una palabra.

En el plano social, los lobbies LGBT y abortista tampoco consiguieron plenamente lo que pretendían. Dos de sus mayores grupos de presión lo reconocen.

La Asociación Internacional de Lesbianas, Gais, Bisexuales, Transgénero e Intersexuales (ILGA), uno de los mayores lobbies globales de género, declaró a través de un comunicado que fracasaron en su empeño de pautar los documentos del ‘foro social’.

Helen Kennedy, co-secretaria general de ILGA reconoce que “venimos a Panamá con la expectativa de una Cumbre preparada para escuchar nuestra voz […] pero desafortunadamente las expectativas se han convertido en una amarga decepción”.

Kennedy constata que no consiguieron incluir en las ‘recomendaciones’ un ‘lenguaje inclusivo’, ni el reconocimiento a las personas ‘intersexuales’, ni a las diversas identidades sexuales, ni de las ‘nuevas familias no tradicionales’. En su opinión se trata de un ‘retroceso’ a la luz de los recientes ‘avances’ en la región en los temas del ‘matrimonio igualitario’, la identidad de género ‘autopercibida’, la adopción ‘homoparental’ y el desarrollo de políticas públicas ‘inclusivas’.

También la colombiana Paola Avila-Guillen, responsable en Latinoamérica y Caribe del Center for Reproductive Rights (CRR), uno de los grupos de presión pro aborto más influyentes en el sistema de la Organización de Naciones Unidas (ONU), advierte que no consiguieron influir en los documentos finales como lo esperaban pues no lograron el consenso necesario a pesar de los esfuerzos dispensados.

Según Gualberto García Jones, director ejecutivo del International Human Rights Group, aunque no fue posible neutralizar de forma completa la agenda gay y abortista, el trabajo conjunto y articulado de las asociaciones con foco en la familia fue fundamental para quebrar el consenso que grupos de presión, como ILGA y CRR, estaban construyendo.

En la mesa de Educación consiguieron solicitar políticas públicas que integren a la familia en el desarrollo y evaluación de los procesos de educación formal; subrayar el papel de los padres como primeros responsables de la educación de sus hijos; y puntualizar que la educación sexual debe ser también afectiva y adecuada a la edad. Evitaron que la palabra ‘familia’ fuera remplazada por ‘padres, madres y tutores’ o por ‘familias tradicionales y no tradicionales’. Pero no fue posible impedir que en el ítem referente a la eliminación de todas las formas de discriminación se enumere, como una de ellas, la ‘orientación sexual’ e ‘identidad de género’.

En la mesa de Salud, consiguieron catalogar como prioritaria “la protección integral de la salud y nutrición materno-infantil”, e impedir que se incluyeran los conceptos ‘derecho a decidir’ y ‘derechos sexuales y reproductivos’. Sin embargo, no pudieron evitar que se pidiera “garantizar el acceso a la salud sexual y reproductiva con un enfoque de derecho para todas las personas”. De acuerdo con la chilena Carmen Croxatto, coordinadora de la Red por la Vida y la Familia, se propuso para éste tema un enfoque que finalmente, después de mucha discusión, fue aceptado: un alto porcentaje de la población en la región carece de los cuidados básicos de salud, las ‘recomendaciones’ deben centrarse en esto y no en la agenda de ‘grupos particulares’. Así las demandas de los abortistas pasaron a ser acotadas.

La labor del grupo de asociaciones con foco en la familia fue respaldado por más de 55 mil firmas de ciudadanos del continente recolectadas por la plataforma Citizen Go y entregadas a la dirección general de la OEA.

Después de estos resultados, Almagro parece haber entendido algo: para ‘imponer’ el enfoque ‘castrista’ y ‘bolivariano’ es mejor no abrir un espacio amplio a la participación de verdaderas organizaciones civiles. El diplomático uruguayo esta considerando la posibilidad de que la 45 Asamblea General de la OEA, que se realizará en Washington el próximo 15 y 16 de junio, no cuente con un ‘foro social’.

Los ‘actores sociales’ serían pocos y escogidos ‘al dedo’ para participar de la propia Asamblea sin contar con un espacio consultivo alterno. Si esto se llega a confirmar, podríamos estar delante de una ‘declaración de propósitos’, evidentemente no democráticos, que mostraria la frustración de Almagro con el resultado final de las operaciones de la ‘marea cubana’ en la Cumbre de Panamá.

Panamá | 30 de abril de 2015

[InfoPolítica]

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