4.

La mujer que quise

el eco de sus manos ardiendo entre mis oídos

vuelvo los ojos hasta que la pierdo

eras eso escrito que yo jamas pude

atrapar en el cuaderno

pero ahora no lo callo y no me arrepiento

A morir se condenan las letras que no germinan

mis manos, el canto de mis dedos

su inquieto deseo.

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