Serena Williams, Open de Australia 2016

El reinado de ébano

"Cuando me veo obligada a jugar mejor, no sé, me va bien." Serena Williams, tras la victoria frente a Sharapova en los cuartos del Open de Australia 2016.

Corría el año 1999 cuando con apenas 8 años vi como una jovencísima fuerza de la naturaleza se llevaba por delante a la que hasta ese momento dominaba la escena del tenis femenino, Martina Hingis, en la final del US Open. Ese día, sin saberlo, Serena Williams puso la primera piedra de lo que hoy es una de las carreras más laureadas de la historia del tenis moderno y de la admiración de la que firma. A partir de ahí, su hegemonía sólo se vio interrumpida o por su hermana Venus o por accidentes puntuales. 21 títulos de Grand Slam así lo acreditan.

La de Michigan siempre se ha caracterizado por una complexión física más propia de una culturista que de una tenista y eso la ha colocado en un escalón por encima de sus rivales sin apenas poner la pelota en movimiento. El juego que despliega la hace poder llegar a bolas imposibles, ir y venir con comodidad y desplazarse a lo largo de la pista con una facilidad pasmosa. Posee un abanico de variantes en su juego que van desde castigarte con latigazos desde el fondo o escribirte un soneto buscando ángulos imposibles, a subir a la red a la más mínima oportunidad. El miedo a volear o ir a por el smash no son una opción.

Dieciocho veces Serena

En una revancha de la final del año pasado, la estadounidense avanzó a las semifinales del Abierto de Australia con un contundente 6-4, 6-1 frente a Maria Sharapova. Cuando tenemos que disfrutar de otro nuevo cara a cara entre Serena y Masha, nuestras Mean Girls del circuito, tenemos ante nuestros ojos otra de las rivalidades que marcarán la historia del deporte de la raqueta. Once años más tarde de aquella final de Wimbledon que Sharapova le ganaba a la pequeña de las Williams, la sombra de Serena ha crecido tanto que Masha ya tiene la frustación en los talones. Si hay algo que ha hecho a la carrera de Serena crecer tanto, además de vencer a prestigiosas promesas y asentadas jugadoras, ha sido su rotundo éxito frente a María. La rusa ha seguido la estela de Williams durante toda su vida, pero llegada la hora de la verdad pocas veces ha podido hacer que la todopoderosa Serena hincara la rodilla en la hierba, la tierra o el cemento.

En otra tarde cálida de Melbourne, ambas jugadoras saltaban a la pista sabiendo que un capítulo más de su saga personal estaba por escribirse. El tenis apático,pero cien por cien pragmático de Serena inauguraba el partido, mientras que Sharapova aguantaba en el primer set con golpes precisos, casi quirúrgicos. Pero Williams, apoyada en uno de sus 13 aces, selló un juego de ocho minutos para el 4-5 que sería determinante para el set y para el partido. En ese momento, María volvió a ver a Serena demasiado grande, demasiado fuerte, demasiado buena. El respeto se podía cortar con cuchillo, pero el click en la cabeza de Masha hizo que la estadounidense comenzara a dictar las reglas del juego. Sharapova sucumbió de nuevo ante la peor de sus pesadillas y al finalizar el partido, y en su mente por decimoctava vez, se daba cuenta de que el tiempo corre y de que las oportunidades para batir a su gran rival se van esfumando como los granos de arena en el reloj.

Mientras tanto, Serena Williams ya está en semifinales del Open de Australia y buscará ante la polaca Radwanska una nueva final para seguir añadiendo quilates a su palmarés de oro. Tras no poder alcanzar el pasado año el póker de Grand Slams (se le escapó el USOpen entre los dedos), son muchos los que para este año le atribuyen ya la oportunidad de alzarse con el Golden Slam, esto es, ganar los 4 grandes y la medalla de oro olímpica en el mismo año. ¿Díficil? Puede. Pero la palabra “imposible” en el vocabulario de la superwoman del tenis mundial es tabú. Empujada por el mejor saque del torneo y por unos brazos que envidiaría la mismísima Xena, Serena tiene entre ceja y ceja batir, primero, a Steffi Graf (22) y después a la jugadora con más grandes de la historia, Margaret Court (24). Hagan sus apuestas, pero siempre póngale fichas a Serena, la reina de ébano nunca falla.